Partidos picantes: el fútbol amateur pide ayuda para luchar contra la violencia

Las agresiones, muchas veces generadas por los padres de los chicos que juegan, se repiten en las canchas. La dirigencia de los clubes dice que está sola y reclama programas del Estado

Domingo 18 de Agosto de 2024

El club Atlético Libertad posteó esta semana en su cuenta de Instagram un pedido para que sus socios mantengan "una conducta ejemplar" durante los partidos en los que participan sus deportistas. El mensaje llegó después de que el club de Mendoza y Felipe Moré recibiera una multa de 180 mil pesos por los desmanes causados en un partido de futsal que terminó con una brutal pelea. Según advierten dirigentes, deportistas y árbitros estos episodios son frecuentes, incluso cuando se trate de torneos que involucran menores y adolescentes. También señalan que las medidas disciplinarias no alcanzan para garantizar la seguridad en los encuentros y reclaman programas del Estado para enfrentar la violencia.

"Jugadores, padres, madres, socios y allegados: nos dirigimos a ustedes para recordarles la importancia de mantener una conducta ejemplar durante los partidos en los que participa nuestro club. Lamentablemente, hemos recibido una multa por incidentes recientes, por lo que les pedimos encarecidamente que apoyen a nuestros equipos con respeto y deportividad", señala la publicación firmada por las autoridades del centenario club de zona oeste.

La sanción llegó después de que la 4ª división de futsal del club se enfrentara con 1º de Mayo, un encuentro duro del torneo de la Asociación Rosarina de Futbol. "Son partidos picantes, la gente se pone nerviosa, los jugadores pelean y los padres empiezan a agredir a los árbitros, a los técnicos o a los mismos jugadores, incluso aunque sean chicos", cuenta Gabriela Kaplan, presidenta de Libertad con más de quince años de socia del club.

Kaplan es una de las dirigentes de entidades deportivas que advierte que en los últimos tiempos y a medida que crece la conflictividad social, los episodios de violencia en los torneos se están incrementando. "En el futsal ya tuvimos reiterados llamados de atención, pero no es exclusivo del fútbol, pasa también en el básquet y en el vóley", señala y advierte que las agresiones se desatan en medio de partidos de los que participan niños y niñas de corta edad.

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Además de mensajes en las redes sociales, en el club ya se intentaron varias reuniones para que sus socios se comprometan a encauzar estos problemas. En los últimos meses empezaron a sancionar a los jugadores que hayan tenido conductas inapropiadas en los torneos, impidiéndoles participar de los entrenamientos. Aun así, Kaplan reconoce que necesitan otras herramientas.

El del club Libertad no fue el único apercibimiento que se anunció esta semana en el Boletín Oficial de la Asociación Rosarina. También terminó mal el partido entre el futsal de primera de Regatas y Rowing, lo que mereció la sanción del club de zona norte por una multa equivalente al valor de 30 entradas a los partidos.

Estas sanciones a los clubes, la suspensión de jugadores e incluso declarar los premios de los torneos desiertos son distintas estrategias con las que las autoridades de la liga más popular de la ciudad buscan prevenir y sancionar la violencia que se desata en torno a los encuentros deportivos.

Fútbol amateur: dentro y fuera de la cancha

Para el presidente de la Rosarina, Mario Gianmaría, los insultos, agresiones y peleas que empañan los encuentros deportivos guardan una relación íntima con la violencia que atraviesa a la sociedad. "No es una violencia sistemática, continua, sino que se trata de episodios violentos como sucede en todos los ámbitos sociales", la describe y dice que, justamente, es esa característica la que la hace más difícil de evitar.

Hace 21 años, la liga creó un consejo permanente de prevención y sanción de la violencia deportiva. Ese tribunal interviene cuando surgen transgresiones que no están contempladas en el régimen de disciplina que se utiliza en los torneos amateur de futbol de todo el país. "Lo que se necesitaba era adaptar las faltas y las transgresiones a la realidad de nuestros clubes para asegurar el desarrollo de las competencias", explica.

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Así surgió el mecanismo de sanciones, multas y suspensiones a los clubes involucrados en episodios violentos. En la liga aseguran que no existen estadísticas sobre la cantidad de estas medidas disciplinarias que se aplican por semana, pero advierten que son una ínfima proporción de los 850 partidos que se juegan cada sábado y domingo, incluyendo las competencias de futbol campo, futsal, infantil y femenino. "Con esta cantidad de encuentros es difícil que no haya hechos que rompan la normalidad", afirma Gianmaría y repite que, aun así, son "aislados".

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Sanciones inéditas

El torneo de primera de la Asociación Rosarina de Fútbol terminó de una forma inédita en el 2022. Ese año se decidió dejar desierto el primer premio, tras los informes del Tribunal de Disciplina y el Consejo Permanente de Prevención y Sanción de la Violencia Deportiva. El motivo del fallo tuvo involucrados a Rosario Central y Newell’s, por los hechos de violencia que se registraron al término del clásico. El árbitro Gonzalo Ferrari, sancionó a 13 jugadores por agredirse al término del partido. La gresca se reprodujo afuera de la cancha.

Un año antes, la asociación había decidido suspender un fin de semana sus principales torneos (el Gobernador Molinas, Copa Santiago Pinasco, Mariano Reyna, el fútbol femenino y las divisiones inferiores) después de los hechos de violencia que se habían registrado en registraron en varias canchas.

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Desde entonces, se resolvió también que en los partidos de la primera división no se aceptaría público visitante, al menos que los dos clubes tomaran a su cargo la seguridad en los encuentros. "Eso ayudó a bajar un poco los problemas de violencia", señala Ferrari, con 19 años de actuación en la Liga Rosarina y árbitro contratado por la Asociación de Fútbol Argentino.

Para el juez, la medida fue un "acierto importante", más allá de que reconoce tiene su lado negativo para los ingresos económicos de las instituciones deportivas. Según advierte, los mecanismos de seguridad están más aceitados, sobre todo por la presencia de adicionales de policía en los encuentros.

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El fútbol femenino de Central tomó notoriedad a nivel nacional.

"Me parece que los problemas de violencia en el futbol acompañan lo que pasa en el país, hay gente que se va a desahogar a las canchas y pasan cosas que no deberían", sostiene y afirma que "el tema es que en los partidos empieza a primar más lo competitivo que el disfrute por el deporte".

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Hacerse cargo

Adalberto Conti es presidente del Club Atlético Defensores Unidos. La entidad de barrio Ludueña lleva dos semanas fuera del campo de juego por tres episodios de agresiones que sucedieron en los últimos partidos. "Llevo quince años trabajando en el club. En todo ese tiempo hemos tenido problemas, pero tres episodios en un mismo año no tuvimos nunca", dice Conti y admite que "ya no sabemos que vuelta buscarle al problema".

La entidad cuenta con un coach deportivo que, afirma, ayudó a reducir los conflictos en la primera división. Ahora están pensando en extender esta práctica al resto de las divisiones.

"El tema es que los clubes estamos solos en esto, tratando de sobrevivir al aumento de los servicios y el corte de los subsidios, y no existe ningún programa de Nación, de la provincia o del municipio para enfrentar los problemas de violencia, sobre todo en este momento en que la situación social es muy compleja", sostiene.

Defensores tiene dos líneas de baby, inferiores y femenino. El club se sostiene con la cuota deportiva, unos 4 mil pesos por mes, y algunos eventos que le permiten recaudar fondos. "Hacemos lo que podemos, con las herramientas que tenemos que son precarias", advierte Conti y vuelve a insistir en la importancia de acceder a proyectos específicos para prevenir la violencia, que incluyan fondos públicos.

"Hacemos reuniones con los padres, con los chicos, en todos los clubes pasa lo mismo. Lo que pasa es que muchas veces cuesta hacer una autocrítica, pero si nosotros no nos hacemos responsables por lo que está pasando, esto no va a cambiar", finaliza.