Viernes 01 de Abril de 2022
El corredor que conecta las dos aulas de la escuela Nº 1.139 Marcos Sastre, en la isla El Espinillo, está más concurrido que de costumbre. La llegada de médicos de la Universidad Nacional de Rosario ( UNR) para hacer chequeos gratuitos a los alumnos cambió la rutina habitual del lugar y significa el puntapié de un proyecto integral que contempla el desembarco de un consultorio con profesionales. La comunidad los necesita para tener seguimientos médicos específicos sin necesidad de cruzar a Rosario y esperar largas horas para ser atendidos en los hospitales. Además, hay una iniciativa para que la conformación del nuevo espacio en la isla sea construido a partir del proyecto final de una de las escuelas de oficios de la misma UNR.
La visita de los profesionales es significativa por todo lo que deben atravesar los isleños para recibir atención médica. Venir a la ciudad a hacer un chequeo de rutina es una travesía que incluye salir muy temprano para llegar a conseguir un turno. Y por más que pueda sonar contradictorio, la receta de un medicamento para tratar una patología puede complicar las cosas, porque si no llegan a tiempo y la farmacia del hospital cierra, deberán hacer el mismo viaje al día siguiente para llegar a horario y conseguir los remedios. En el medio se pierden tiempos de trabajo y de recuperación del paciente, y dinero.
En la escuela Marcos Sastre la jornada arranca a las 9, con todos los alumnos listos para izar la bandera bajo el sol que calienta un poco el terreno sobre el que hay una sensación térmica que apenas llega a los cinco grados. Minutos después, tras el desayuno y apenas empezadas las clases, van a ir pasando al consultorio provisorio que los médicos montaron en el aula principal de la escuela.
>>Leer más: Reparar el ecosistema para mejorar la salud de los habitantes de la isla
El proceso para convertir al aula principal de la escuela Marcos Sastre en un consultorio arranca ni bien llegan los profesionales a la isla. Analía Zamorano, médica integrante de la Clínica Ambiental Sede Argentina (Casa) y coordinadora del Centro de Asistencia a la Comunidad de la UNR (Ceac), saca de una mochila dos balanzas para pesar a los chicos; Facundo Fernández, médico referente de la Casa, pega carteles de lectura oftalmológicos en el pizarrón para los controles; y Damián Verzeñassi, médico que está al frente del Instituto de Salud Socioambiental de la UNR, empieza a mover sillas y bancos, que alínea uno al lado del otro. En total son tres filas de tres bancos que servirán como camillas cuando empiecen a llegar los chicos y deban hacerse las auscultaciones.
La experiencia de resolver estas cuestiones es una de las tantas que quedaron de los campamentos sanitarios que implementaron en el Ciclo de Práctica Final de la carrera de medicina. Se trataba de viajes a pueblos santafesinos, entrerrianos y bonaerenses para poner en práctica todos los saberes adquiridos en las aulas y en trabajos en centros de salud.
Esta iniciativa es especial porque, por primera vez en mucho tiempo, los niños y niñas de la isla El Espinillo no tuvieron que hacer una travesía de horas sólo para hacerse el certificado médico que los habilita a asistir a clases. La actividad se enmarca en un programa que incluyó entrevistas con los isleños para conocer sus inquietudes y, a través de una vinculación constante, trazar perfiles epidemiológicos. El proyecto surgió a raíz de los incendios que se desarrollan sin parar desde hace más de dos años en distintos puntos de las islas.
La predisposición como clave
A medida que van llegando los primeros chicos para hacerse los chequeos se da una escena que se repetirá varias veces: cada médico les explica a los pequeños qué van a hacer y para qué. En el medio se suceden otras consultas, como de qué cuadro son o si les costó levantarse por la mañana, cuando la temperatura en la isla llegó a estar cerca de los tres grados. Analía, tras los exámenes, cuenta que los chicos le mencionaban cómo veían el fuego cercano a sus casas.
>>Leer más: Las quemas en el humedal agudizaron los problemas respiratorios de los isleños
Varios llegan con caras dudosas pero, al terminar, salen corriendo con confianza de nuevo al aula donde están dando clases, que originalmente se destina a los niveles iniciales. Al final de la jornada, las retribuciones a los médicos se van a convertir en varios dibujos que los chicos y chicas les hicieron como regalo de agradecimiento.
La capacidad que tienen los médicos para ir rotando los chequeos se ve y se escucha desde afuera del aula, ya que cada uno entabla diferentes conversaciones con sus pacientes temporarios. Analía revisa a dos amigas que querían pasar juntas, Damián bromea con Giovanni mientras le hace leer las letras del cartel que está pegado en el pizarrón y Facundo intenta, en vano, convencer a Luna, una de las más chiquitas de la escuela, de que debe hacerse los chequeos como ya se los hicieron sus compañeros y dos personajes que ella misma llevó para que revisen: un peluche de Peppa Pig y una muñeca.
“Estamos negociando”, dice entre risas Facundo a la mamá de Luna, que tuvo que acercarse hasta la escuela para intentar convencer a su hija de que se deje hacer el chequeo de rutina.
La experiencia que tienen los médicos tras los casi 20 campamentos sanitarios en pueblos de Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos no alcanzó: finalmente, la pequeña ganó la pulseada; incluso después de que Facundo se sentara con ella al sol para auscultar a la muñeca. No faltará oportunidad para volver a intentar convencerla ya que los miembros de la Casa tienen un vínculo constante con la comunidad de El Espinillo.
Travesía por un turno
“Las madres son muy dedicadas y tienen que tener en cuenta muchas cosas en caso de tener que ir al médico. Desde levantarse a las 5 hasta ver que no llueva, o que el río no esté muy picado para cruzar. Cuando están en Rosario, deben hacer todo antes de que empiece a oscurecer para no cruzar de noche”, explica Fabiana, docente de la institución, quien reparte sus días entre su casa, en cercanías al Alto Rosario y su trabajo en la escuela, donde suele quedarse a dormir.
Del grupo que cruzó a la isla también formó parte el secretario de Extensión de la UNR, ya que fueron a evaluar el terreno para poder concretar un anhelo de la comunidad de El Espinillo: un consultorio médico de atención para que los isleños no deban hacer una odisea para cruzar y llegar, apenas, a la atención primaria.
El mismo, según adelantaron, se piensa como proyecto final de uno de los talleres de la Escuela de Oficios ligados a la construcción. Esto será clave, ya que es de suma importancia para los isleños tener, aunque sea, un consultorio para hacer chequeos semanales y seguimientos de casos puntuales que, de lo contrario, deben cruzar y esperar conseguir turno en alguno de los hospitales de la zona norte.