Viernes 19 de Marzo de 2021
En Rosario hay 3.909 taxis habilitados de los cuales 3.049 se rigen por una ordenanza que tiene 41 años y que contempla que el servicio puede ser explotado por tiempo indeterminado, que un mismo titular puede tener hasta 20 chapas y que en caso de fallecimiento, la licencia pasa a sus herederos. Apenas 860 chapas tienen un límite de explotación de diez años, en el marco de un cambio de paradigma que comenzó en 2003.
La radiografía del sistema deja en evidencia cómo una ordenanza de 1980 se terminó desdibujando en el tiempo y derivó en que no pocos taxistas se olviden de que están prestando un servicio público y se comporten como dueños de una actividad que se pasa de generación en generación como si fuese un título nobiliario.
El ingreso al Concejo Municipal de un informe oficial solicitado por el bloque de Cambiemos que reveló que media docena de licencias de taxis están en manos del círculo íntimo del líder de la barra brava de Rosario Central, Andrés Pillín Bracamonte, volvió a reactivar la polémica en torno a este servicio público y sus controles.
La chispa que encendió el polvorín fue la declaración del propio abogado defensor de Bracamonte, Carlos Varela, quien en abril del año pasado y luego de un allanamiento en la casa del hombre fuerte del paravalanchas canalla, reveló que 2,5 millones de pesos y 1.700 dólares que se hallaron en la vivienda (situada en el country Los Alamos Club de Campo, de Ibarlucea) eran producto de la explotación de cuatro taxis.
Eso motivó a los ediles de Cambiemos, Roy López Molina y Agapito Blanco, a solicitar informes al municipio que revelaron que cuatro licencias de taxis son administradas por la ex mujer de Bracamonte y dos por su hijo.
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Paralelamente, días antes de que se conociera esta información, Gustavo Beatriz, un titular de una licencia de taxis, se bajó los pantalones delante de una periodista y la agredió verbalmente porque la mujer le pidió que corriera su auto, que estaba estacionado en doble fila, para poder circular.
Ante esta agresión, la Municipalidad le sacó la licencia, pero el hecho puso en evidencia una falla en los exámenes psicofísicos a los que se someten periódicamente los taxistas, ya que no habían detectado las características irascibles de este conductor.
Otro taxista irascible es Andrés Guillermo Bracamonte, el hijo del Pillín, quien en enero de este año fue detenido e imputado de lesiones graves tras quedar envuelto en un violento incidente dentro de un boliche de Mar del Plata que terminó con un joven internado en terapia durante varios días.
De acuerdo a la información oficial, el hijo de Pillín es propietario de dos chapas de taxis que compró en julio de 2019 y en enero de 2020.
Para el concejal López Molina, “es clave saber cuál es el origen del dinero que le permite a un joven de 21 años comprar dos licencias de taxis”.
Compra y venta
Es que el artículo 10 de la ordenanza Nº 2.649 de 1980 fija que “la licencia de taxi podrá ser transferida libremente en tanto se ajuste a la reglamentación respectiva”, por lo que le abre la puerta a una comercialización de chapas que actualmente oscila en unos 13 mil dólares y que llegó hace una década a cotizar en unos 30 mil la licencia.
Además, para transferirla hay que pagar un sellado al municipio que hoy cuesta 382.725 pesos.
Así, en menos de un mes dos situaciones pusieron de relieve que hay licencias de taxis en Rosario que están en manos de conductores violentos y que un entorno de barrabravas también administra el servicio.
Estas situaciones encienden luces de alerta en el Concejo, donde ya hay voces que empiezan a remarcar la necesidad de aggiornar la ordenanza que rige la prestación de este servicio público.
Los primeros pasos se dieron en 2003, cuando el Concejo dispuso la entrega de 360 nuevas licencias pero fijó condiciones que comenzaron a cambiar el paradigma: un período de explotación de diez años y un titular por licencia.
Esa operación se repitió en 2007 con la entrega de otras 500 chapas bajo idéntica modalidad. Los últimos sucesos empiezan a marcar la senda de posibles cambios por venir.