Martes 07 de Marzo de 2023
“Ser docente muchas veces es muy triste, y aun así creo en la convicción de seguir batallando. No nos vamos a dejar vencer”, dijo Valeria Morera, maestra de la Escuela Nº 519 al borde del llanto. Eran las 12 del mediodía y los docentes rosarinos acababan de llegar a la plaza San Martín. Se concentraron en la plaza 25 de Mayo y marcharon hacia la sede de Gobernación en el inicio de la segunda semana de paro en reclamo de mejores condiciones laborales y salariales. No habrá clases hasta el jueves. Inevitablemente, la escalada de violencia urbana que vive la ciudad se metió entre los reclamos y caló hondo entre quienes habitan las aulas y todos los días hacen lo que pueden para proteger a sus alumnos.
“Basta de matar a nuestrxs estudiantxs. Por escuelas como territorio de paz” se podía leer en varios de los carteles que llevaron los maestros durante toda la marcha. Este lunes dos instituciones tuvieron las puertas cerradas como consecuencia de la ola de sangre que no da tregua. Ni la Escuela Bilingüe Nº 1.344 Cacique Taigoyé, a la que iba Máximo, el pibe de once años asesinado mientras estaba en un cumpleaños, ni la Escuela Nº 6.430 Isabel La Católica, atacada a balazos, pudieron dar clases en el inicio de la semana.
“Si bien las experiencias varían de una escuela a otra, es muy triste. En uno de los lugares donde trabajo lidio prácticamente todos los días con la violencia narco que se vive en los alrededores. Con cómo esa violencia genera que muchas veces familias enteras se vayan del barrio de un día para el otro y no los veas más en las escuelas. Los chicos pierden el lugar donde estudiaban, sus amigos, sus maestros. Y me encuentro con el vacío enorme de no saber qué le va a pasar a mi alumno”, narra Morera.
Describe que el consumo problemático de sustancias es uno de las adversidades más frecuentes con la que se topan quienes eligen enseñar en los barrios más calientes de la ciudad. No solo en los chicos, sino también en los padres, que suelen ser muy jóvenes. “Muchas veces vienen solitos a inscribirse, a preguntar qué papel necesitan. No tienen ninguna contención. Es tan doloroso”, amplía.
Gustavo Ludueña trabaja en la Escuela Nº 1.251 de Fisherton Industrial y en la Escuela de Educación Técnica Nº 471. Fue a la marcha porque siente “bronca y dolor”. Aclaró que no asistió solo por el reclamo salarial, que considera legítimo, sino también para manifestarse contra la violencia que se sigue llevando la vida de los pibes.
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Mientras los maestros charlaban con La Capital, arriba del escenario improvisado autoridades de los gremios docentes reclamaron mejores condiciones laborales.
Es que Amsafé y Sadop se movilizaron este martes con varios temas en agenda. Respecto a lo salarial, apuntan a obtener una cifra superadora al 33,5%, escalonada entre marzo (17,5%), mayo (8%) y julio (8%), con dos cláusulas de revisión en mayo y junio que ofreció el gobierno provincial.
Este jueves autoridades del Ministerio de Trabajo y de Educación y los representantes gremiales se verán nuevamente las caras para intentar destrabar el conflicto y evitar más medidas de fuerza.
“Muchas veces en el imaginario de la ciudadanía pareciera que la lucha es solamente salarial, pero no es así. En las escuelas en las que trabajo hay problemas edilicios, falta de espacio, no hay patio, no hay lugares para que los alumnos disfruten por fuera del aula. Nos encontramos con realidades sociales que muchas veces no podemos contener”, aseguró Ludueña. El docente de Formación Ética precisó que hay problemas que, más allá de las capacitaciones, muchas veces los exceden. La violencia de género, familiar y falta de recursos son moneda corriente.
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Paola Bitetti, docente de la Escuela Hospitalaria N° 1.391, está convencida de que la escuela es “la caja de resonancia de todo lo que pasa en la sociedad” y cree que la violencia que se vive desde hace años en la sociedad hace rato que ya se instaló en las instituciones educativas. “Muchas veces tenemos que relegar la tarea pedagógica por la labor social que hace el docente, que no se suele visibilizar. La violencia no llega solo con los balazos o las amenazas, sino también con el hambre, la pobreza, la desidia del Estado hacia las comunidades”, subrayó.
En ese sentido, destacó que muchas de las problemáticas sociales decantan en las escuelas y ellos “hacen lo que pueden”. Además, recordó que muchas veces los maestros trabajan doble o hasta triple turno para sostener a su propia familia. “Nosotros también vivimos en los barrios”, dijo.
En la misma línea, Cristian Pintos de la Escuela Nº 473 de barrio Ludueña agregó: “Muchos docentes venimos de abajo pero seguimos peleando porque queremos otro país. Con más policías no se soluciona nada. Solamente con más docentes, con más puestos de trabajo, con más talleres para que los chicos se puedan educar, para que puedan aprender un oficio”, argumentó.
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“Llamamos a las familias para que se sumen a las marchas, a los reclamos, que son de todos. La educación no es una competencia solamente de los docentes, sino de todos los trabajadores y todas las familias. Tenemos que estar unidos en esta lucha”, concluyeron los maestros.
El próximo jueves se definirá si se destraba el conflicto entre el gobierno provincial y la docencia santafesina. Pero más allá de los porcentajes salariales, está la realidad. Ya son cuatro los menores de edad que murieron en lo que va del año y se multiplican los bancos vacíos en las escuelas rosarinas. La problemática exige un abordaje integral y un compromiso por parte del Estado para acompañar a todos esos maestros y alumnos que le esquivan, como pueden, a la violencia. Muchas veces, no es suficiente.