Domingo 15 de Enero de 2017
Carmen y Graciela hablan desde sus reposeras. Todo indica que sólo se mueven para cambiar la yerba del mate y seguir el curso del sol. Es sábado y las dos señoras están en la Rambla Catalunya. Lo primero que afirman es que siempre que pueden están ahí, tomando mate, gaseosa y sol. Lo segundo, es que eligen la playa pública y gratuita de Rosario porque vale la pena estar. "Seguridad, tranquilidad y limpieza", enumera Graciela. "Vos lo podés ver". Su compañera la acompaña. Las dos sostienen que desde que aumentaron los controles por el consumo de alcohol, la Rambla "está divina". Los testimonios de las mujeres coinciden con el balance que hacen los agentes de la Guardia Urbana Municipal (GUM) que trabajan cotidianamente a orillas del río: en lo que va de la temporada estival no hubo sobresaltos, afirmaron. Y sostuvieron que la clave está en apuntar a alcohol cero. "Vienen muchas personas, sobre todo familias. Y está todo ordenado. La gente se porta bien", aprobaron los agentes de la GUM.
El relato de las mujeres y el panorama que indica la GUM pueden confirmarse sólo con recorrer el lugar. La costanera se ve copada de familias, grupos amigos y amigas, jóvenes y adolescentes, niños y niñas. Lo que más suena en el ambiente es el reggaeton, que se confunde con el griterío de los más chicos, la promoción de los vendedores ambulantes (heladeros sobre todo), uno que otro bocinazo y el rumor obvio de miles de personas que están disfrutando la tarde. En la playa, sobran las selfies y fotos grupales, la variedad en edad, las formas del disfrute. Están los y las que toman sol, los que juegan en el agua, los que se refrescan, los que están vestidos en la sombra. Hay de todo y para todos. Las bicicletas, el olor a río, los barcos y los kayaks completan un escenario veraniego digno de cualquiera que se quede en Rosario a pasar sus vacaciones o trabajando.
"Es una de las mejores temporadas en los últimos años", consideró Lucas De La Torre, presidente de Costanera Rosario. "Estamos teniendo un gran verano, con muchas actividades recreativas y muchas familias disfrutando". El funcionario municipal destacó que este año las condiciones se vienen dando favorables para el disfrute del Paraná, teniendo en cuenta que el verano pasado la altura del río impidió el funcionamiento de muchos espacios de la costa. "Ya en octubre arrancamos con buena afluencia los fines de semana y feriados. En diciembre, cuando terminan las clases, la gente ya se vuelca a venir toda la semana. Tenemos muchos rosarinos y los fines de semana también mucha presencia de turistas", agregó.
Una de las claves de esta temporada es la presencia de policías y agentes de la GUM. "Hay mucha gente, como todos los años. Pero también hay mucho control, demasiado", aseguró Juan Carlos, un cuidacoche que lleva más de veinte años trabajando en la zona del Paraná. De La Torre hizo hincapié en este aspecto: "Hay presencia de la policía provincial y del área de Control y Convivencia de la Municipalidad. Eso hace que disminuyan las situaciones indeseables que en algunas temporadas hemos vivido. No hubo conflictos como en otras temporadas". De La Torre destacó también la ocupación del espacio público por parte del Estado. Todo forma parte de un combo preventivo: "Donde el año pasado hubo alcohol, hoy hay actividades recreativas".
Los puestos municipales son dos. Un gazebo en cada punta de la Rambla. Uno, refuerza la información en salud pública. El otro se avoca a actividades recreativas. Los puestos funcionan los viernes, sábados y domingos y, según confiaron las personas que los trabajan y militan, la recepción es excelente. A pesar de las especificidades de cada punto de la Municipalidad, se intenta dar cabida a todas las áreas del Estado. Así, el gazebo de Salud Pública repartía ayer folletos sobre prevención de tuberculosis, VIH y cuidado de la piel; y también ceniceros con arena para tirar la colilla de los cigarrillos. El puesto recreativo, por su parte, coordinaba clases de zumba y partidos de vóley y fútbol de playa. Y, a la vez, ofrecía jugos saludables de todo tipo. Uno de los coordinadores agregó, entre todo: "También estamos viendo que se respete la bicisenda. Que las bicis vayan por ahí, pero que además, los peatones no la usen para caminar".
Adrián Parodi, agente de la Guardia Urbana Municipal, también destacó la importancia de la presencia de estos puestos. Que el Estado esté ayuda al rol que tienen ellos de garantizar la convivencia. Los puestos de la Municipalidad ayudan también a canalizar consultas e informar distintas normativas locales. El rol de la GUM tiene lugar para ser más específico. "Nuestra prioridad es alcohol cero", dijo Parodi. El control está centrado en el consumo de alcohol en la vía pública y en la plata. Sólo puede consumirse dentro de los bares. El recorrido de la GUM va de la zona de la Usina Sorrento a la bajada Escauriza. La presencia fuerte durante el día es a orillas del Paraná, y a las 20 se traslada a la zona del Serrucho. La Guardia Urbana trabaja en conjunto con la policía provincial, son veinte agentes municipales y ocho dependientes de la santafesina. "Lo que hacemos es bajar juntos a la arena y hacer una ronda en la playa, que tiene un impacto visual fuerte y da buenos resultados preventivos", explicó Parodi.
"La gente se porta bien", dijo Mariano Gaitán, otro agente de la Guardia Urbana Municipal. Gaitán destacó que la presencia fuerte de los controles está desde noviembre. "Y venimos bien, sin sobresaltos. La gente ya empieza a entender que no tiene que venir con alcohol. Este año hay poco, y lo que hay, logramos neutralizarlo. Tampoco registramos robos ni incidentes con armas blancas, como hubo en otros años. Todo está tranquilo", reportó Gaitán. El hombre está cada fin de semana en la Rambla Catalunya y comentó que lo que abundan son las familias. "Por suerte", agregó. "Está todo ordenado. La gente se porta bien".
El panorama puede cambiar según cada interlocutor. Muchos habitués sostuvieron que todavía es frecuente el alcohol y que faltan controles de las fuerzas de seguridad. Lo cierto es que a simple vista la Rambla está copada de gente que quiere tomar sol y pasar un buen rato. "Venimos los fines de semana a ponernos al día", destacó Valeria, rodeada de sus amigas. "Venimos porque es gratis y nos gusta el río", dijeron unos pibes veinteañeros desde el agua. Los relatos se condicen en ese sentido. "Ya hace unos años que está muy bien este lugar", dijo Maximiliano, un señor de 88 años que aseguró que hace treinta años que frecuenta la Rambla, y que antes de eso, disfrutaba el río practicando windsurf. "Siempre estamos en el mismo lugar", comentó, señalando a dos amigos. "La Rambla antes era de terror. Pero ahora vale la pena venir".