Ángela Joostens prometió donar un hospital si su hijo volvía ileso. En 1939 entregó el edificio totalmente equipado. Hoy la Maternidad Martin es un bastión de la salud pública
06:30 hs - Domingo 05 de Julio de 2026
Este 8 de julio se recordarán los 87 años de la Maternidad Martin, que desde 2006 ocupa dos pisos del Centro de Especialidades Médicas Ambulatorias de Rosario (Cemar, San Luis y Moreno). Fue en 1939 que la emblemática institución pública abrió sus puertas, en un edificio contiguo construido y equipado desde cero gracias al aporte de una vecina entonces sexagenaria, Ángela Joostens. La mujer se prometió a sí misma la onerosa donación si su hijo, secuestrado por la mafia, volvía ileso. Y cumplió. En vísperas de un nuevo aniversario de la inauguración, La Capital dialogó con su nieto Alberto Martin y con Graciela Grondona, la jefa del voluntariado que hoy mantiene viva la llama de la solidaridad y el servicio.
La entidad que vino a llenar un vacío en materia de atención ginecológica y materno infantil en los años 30, depende de la Secretaría de Salud de la Municipalidad y es un bastión de la salud pública. Descendientes de sus artífices, incluido el nieto del intendente que aceptó la donación y ofreció los terrenos, Miguel Culaciati, participarán del acto del próximo miércoles, promovido por la asociación civil Valor Rosario. Se exhibirán fotos históricas inéditas sobre los inicios de la maternidad, concebida para mujeres embarazadas de bajos recursos y de diseño similar al Saint Mary Hospital de Nueva York. No sólo se transformó rápidamente en una referencia en la región, sino que allí nacieron miles de rosarinos a lo largo de casi nueve décadas.
Alberto Martin tiene 76 años y varias carpetas con documentos sobre el período en el que su abuela paterna, Ángela Joostens, decidió invertir en la maternidad un monto similar al que había pagado por el rescate de su primogénito. Secuestrado por una banda mafiosa afín al siciliano Juan Galiffi (Chicho Grande), Marcelo Enrique Martin fue liberado tras dos días en cautiverio y la entrega de 150 mil pesos en el Cruce Alberdi. Corría el verano de 1933 y a Rosario la llamaban la Chicago argentina.
“Mis abuelos tenían preocupación por las madres que no contaban con familia que las ayudara. Eran mujeres muy maltratadas: ser madre soltera en la década del 20 o del 30 era mala palabra”, recuerda Alberto sobre sus ancestros inmigrantes, Julio Ulises de origen suizo (dueño de la yerbatera que funcionaba en Mendoza y Ayacucho) y Ángela, hija de belgas. “Querían agradecer al país todo lo que les había dado, la oportunidad. Ya lo tenían conversado pero, al quedar viuda en 1934, mi abuela decide sola: en 1937 la Municipalidad acepta la donación, llama a licitación y se presentan cuatro empresas. La construcción se adjudica al ingeniero Juan Spirandelli, que había presupuestado 156.740 pesos, y se levanta en Moreno 960”, detalla el hombre.
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A continuación, aclara que “la maternidad se entregó llave en mano, íntegramente equipada y hasta con las sábanas puestas. Era otro momento de la ciudad: a la mañana se hizo esa inauguración y a la tarde la del museo histórico Julio Marc”. Un año después, la benefactora fallecía en Misiones, aunque está enterrada junto a su esposo en Villa Ángela, la localidad chaqueña que Julio Ulises fundó en su homenaje.
“Hoy cuesta encontrar solidaridad entre los más pudientes. No hablo sólo de dinero, sino de tiempo. La generación de mis abuelos pensaba en el futuro, pensaba que si recibía era porque el sistema lo permitía y quería retribuirlo, también mejorar lo que no funcionaba bien”, señala Alberto. Su familia siguió efectuando donaciones a la maternidad para insumos, mantenimiento y reparaciones a través de los fondos de la sucesión de Ángela, e involucrada en la cooperadora hasta la década del 2000. Si bien la cooperadora se desmembró, en la actualidad funciona un equipo de 28 voluntarias ad honorem, coordinadas por Graciela Grondona.
“Empezamos como servicio de ayuda y acompañamiento a las mamás y a los bebés. En 2021 formamos una asociación civil sin fines de lucro, lo cual nos dio otro vuelo y jerarquía, porque tenemos socios, podemos recibir donaciones y compramos insumos que luego donamos”, relata la mujer con energía en el quinto piso del Cemar. Allí se producen unos 200 nacimientos por mes, mientras que en el sexto está la sala de neonatología, con una treintena de incubadoras.
“Tenemos nuestro roperito, depósito, un comedor. Las madres salen con un bebé y con una sonrisa, porque las mimamos, les damos el ajuar, ropa de cama, ropa. Además, el personal de salud es de diez, como desde el principio. Ya cuando se construyó, la maternidad estaba muy adelantada para la época”, añade Grondona, voluntaria desde hace 17 años. Todas sus compañeras son mujeres, el 70 por ciento en etapa de jubilación. “Vamos pidiendo, recaudando, lo que mejor nos sale es el mangazo. Si no tenemos fondos, los buscamos. La gente nos conoce”, resume esta profesora de Ciencias Naturales jubilada, presidenta de la asociación civil e integrante de la ONG Valor Rosario.
Hoy como ayer
Alberto Martin cuenta que en un principio el pabellón iba a emplazarse en zona sur, donde está el hospital Roque Sáenz Peña, pero la Municipalidad prefirió que se hiciera en un sector de la plaza que rodeaba la Asistencia Pública (ex Palacio Canals, actualmente la sede central de la obra social Iapos). Tras la mudanza al Cemar en 2006, lo que amplió la capacidad de la maternidad e introdujo mejoras en la atención, en Moreno 960 se habilitaron otras dependencias municipales. La cuadra enmarcada por las calles Rioja, San Luis, Balcarce y Moreno se denomina Manzana de la Salud.
Alberto no conoció a sus abuelos Ángela y Julio, quien presidió la Bolsa de Comercio durante dos períodos, pero aporta que ella era muy sensible y disentía con la discriminación hacia las embarazadas solteras, rechazadas en las instituciones de salud y obligadas a parir en sus casas en condiciones precarias. El centro asistencial que legó, por el contrario, propiciaba la cercanía entre las mamás y los bebés; contaba con consultorios externos para controles prenatales y ginecológicos, un servicio de puericultura para niños hasta el año e instrumental y mobiliario de última generación, incluida una mesa de operaciones traída de Estados Unidos, entre otros elementos importados.
El hospital comenzó a cumplir un rol esencial en materia de salud reproductiva a partir de la década del cuarenta, en un contexto de aumento de la natalidad, según surge de las memorias institucionales que Alberto Martin atesora. La propia Municipalidad reconoce que no se trató solo de un moderno edificio, sino que “redujo significativamente la mortalidad materna e infantil en una época de altos índices de riesgo”.
“Queremos que la conmemoración del 8 de julio se convierta en una tradición anual, como reconocimiento a una institución que acompañó el nacimiento de generaciones de rosarinos y constituye un valioso patrimonio histórico y humano de la ciudad”, adelanta Miguel Culaciati, al frente de Valor Rosario. El evento será a las 10 en el auditorio del primer piso del Cemar.
Maternidad Martin: cómo ayudar
Quienes deseen colaborar con las mamás y los bebés que pasan por la maternidad a través del equipo de voluntarias, tienen varias opciones. Una es la donación directa de pañales, ropa y demás elementos. Otra es un aporte económico por única vez del monto que el donante pueda y quiera; y la última asociarse a Amigos del Voluntariado de la Maternidad Martin (asociación civil), con un aporte económico mensual mínimo. Para más información, comunicarse por teléfono al 341-5-106238, por WhatsApp al 341-6-432986 y por mail a asoc.vol.matermartin@rosario.gov.ar.