El joyero y relojero Alberto Viale, de 62 años, tiene casi medio siglo en el oficio y 40 años en su taller del barrio de Arroyito
10:00 hs - Sábado 29 de Agosto de 2026
“El que sabe un oficio siempre tiene trabajo” confía a La Capital el joyero rosarino Alberto Viale, uno de los más antiguos de la ciudad, con casi 50 años en el rubro y 40 en su local y taller de joyería y relojería del barrio de Arroyito.
Semicalvo, bigote frondoso y barba rala, delantal gris, pullover azul, vaquero, zapatillas y lentes de joyero, Alberto Viale disfruta del oficio en su completo taller de la avenida Alberdi, donde trabaja en un doble banco de joyero y relojero, y que cuenta con fundición, laminación, trafilado, pulido y una extensa colección de herramientas.
"Llegué a la Crisol porque veía trabajar a un joyero"
Egresado en 1982 de la Escuela Crisol -la técnica de joyería, relojería, grabado y engarzado que estaba en Entre Ríos 1443- Alberto recuerda que “llegué a la Crisol porque mi papá, que era matricero y trabajó toda su vida en la Fábrica de Armas, tenía un amigo muy entrañable, Roberto Catalá, que era joyero y tenía una pequeña fábrica en Alberdi y French, y mi viejo le hacía la matricería para corte y estampado de medallas. Gracias a ir tanto a su negocio y al taller me interesó el oficio y terminé en la Crisol”.
Fundada por la Cooperativa de Joyeros y Relojeros Crisol en 1961 con el objetivo de formar mano de obra calificada, la Escuela Crisol fue pionera en América Latina, en tiempos en los que el oro era accesible, en un país con trabajo donde la gente regalaba joyas de oro a los niños cuando nacían o los bautizaban. “La Crisol era una de las mejores escuelas de Rosario por los maestros de taller que había y por el tipo de enseñanza que tenía, que era muy fuerte: los cinco días de la semana íbamos mañana y tarde, con cuatro horas de taller por día, y teníamos gimnasia los sábados a la mañana”.
La Enet Número 11 Crisol tenía la particularidad que los estudiantes elegían su especalidad el primer día y cursaban los seis años en la misma: joyería, relojería, grabado o engarzado. A la hora de elegir a su mejor maestro de joyería en la Crisol, Viale confía que “Juan Carlos Mastromauro fue el mejor porque no sólo era un gran joyero y pintor sino que también era un maestro de la vida, y tengo el orgullo de tener un cuadro suyo en mi casa. Los maestros también nos orientaban en la vida Y también lo tuve a Angel Perisset”.
La Crisol brindaba a sus egresados una sólida formación inicial en el oficio, que algunos completaban luego en el mundo del trabajo. “Terminé la secundaria con 18 años, así que tuve un par de meses y me llevaron al servicio militar y cuando volví empecé a incursionar en el taller de un muy buen joyero llamado Fernando, en la calle Maipú. Cuando uno sale de la escuela le falta la práctica, sobre todo en reparación de joyas. En la escuela teníamos muchísima práctica, pero cuando salías te topabas con el problema de las composturas, que casi no hacíamos. Con (el joyero y platero) Dante Conti trabajamos en varios talleres de la calle Maipú y en otro de la Galería Dominicis”.
“La gente de antes era muy gaucha”
Los alumnos de la Crisol hacían joyas muy complejas -como los chatones ingleses o americanos para engarzar piedras preciosas-, pero cuando empezaban a trabajar en un taller debían reparar una cadena turbillón de plata -de triple eslabón, que requiere utilizar una pequeña llama de fuego indirecto para no aruinar la pieza-, donde a menudo como aprendices contaban con la solidaridad de un viejo oficial o maestro del oficio. “Eso es lo que pasaba y lo que después me fue llevando, gracias a Dios, a ir agarrando experiencia en las reparaciones. La gente de antes era muy gaucha para enseñarte el oficio. No tenían problemas en enseñarte, no se guardaban nada”.
En este sentido, Viale coincide en esta posición con el maestro platero Dante Conti. “Con Dante siempre nos ponemos a hablar de eso. Lo que podemos ayudar a la juventud, en orientarlos, si nos preguntan algo, lo hacemos. No hay por qué guardarse nada si los podés ayudar. Hay que ser generoso. Es como todo en la vida, hay gente generosa y otra que no lo es. Lamentablemente a veces te tenés que dar la cabeza contra la pared hasta aprender solo muchas cosas”.
Viale avala a Conti en su extensa enseñanza del oficio de platero, así como en la defensa de la democracia y de la escuela pública. “Tengo pruebas de que Dante hace eso y enseña platería. Inclusive con todo esto que hace con los bastones de mando que dona y demás, él tiene una posición de defender la democracia y la escuela pública, donde me formé, que comparto totalmente. Hay que defender la escuela pública, me da mucha lástima lo que ha pasado con las escuelas técnicas, que han desaparecido y ahora las que quedan, como la Crisol que perdió el lugar emblemático donde estaba, atraviesan una situación muy difícil”.
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Justamente la Crisol, que ocupó desde 1961 hasta principios de la década del 80 una hermosa casa de estilo art decó en Entre Ríos entre 9 de Julio y Zeballos, perdió el inmueble a mediados de los 80. “El edificio donde estuvo la Crisol durante tantos años lamentablemente nunca fue propiedad de la escuela. Lo alquilaban. Después estuvo el Partido Demócrata Progresista. No se sabe qué pasó. Después se mudó frente al Sanatorio Británico y después a la zona sur. No la conozco. Es una zona muy alejada y a trasmano de la mayoría. Cuando estaba en el centro podía ir gente de todos los barrios. Yo acá me tomaba el (colectivo) 9 de Julio, con compañeros de Empalme Graneros, y me dejaba a una cuadra de la escuela”.
Otro mundo por donde se lo mire, la joyería florecía en Rosario en las décadas del 60, 70 y 80. “Con la joyería, Rosario llegó a pisar fuerte en la Argentina, la calle Maipú tenía un montón de talleres como la calle Libertad en Buenos Aires. Acá había una casa de fornituras (herramientas y máquinas para joyeros, relojeros, grabadores y engarzadores) llamada El Progreso, en San Juan casi Sarmiento, de dos hermanos que importaban las máquinas y herramientas de Suiza, como no había en Buenos Aires. Yo voy ahora a Buenos Aires y no hay una casa como El Progreso” advierte Viale.
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Con respecto al precio del oro, uno de los factores que determina el nivel de actividad del gremio, junto con el rumbo de la economía nacional, Viale explica que “en los 80 hubo una época en la que se trabajó mucho de nuevo porque el oro no estaba tan caro, así como en la época de Menem, que me acuerdo que se trabajaba y se vendía mucho oro. Por ejemplo para un cumpleaños de 15 o un bautismo no se pensaba en regalar una joya de plata”.
La fiebre del oro en la joyería se terminó a fines de los 90 con el aumento exorbitante del precio del metal. “Eso fue variando, cuando empezó a subir bastante el precio del metal inventaron las joyas de plata y oro. Hacían una base de plata y un detalle de oro, por ejemplo en una medalla se hacía la base de plata y la estampa se hacía muy finita en oro. Se soldaba una imagen de oro sobre esa base de plata. Y después inventaron el dublé, que es una lámina de cobre con un enchapado en oro arriba, pero la base ni siquiera es de plata, es de cobre para bajar el costo. Siempre se lo llamó plata y oro, pero en realidad era cobre y oro. Con eso han fabricado cadenas, como esta cadena bien vieja que estoy reparando, que sueldo con una soldadura de plata bien livianita” revela Viale.
La economía nacional es el otro factor clave en el trabajo del gremio de la joyería, como explica Alberto: “No somos ninguna isla, va todo atado a la economía del país. El tema es que si sabés un oficio siempre tenés trabajo, gracias a Dios. Yo nací en este barrio y hace 40 años que tengo el negocio. Me conocen porque este es un trabajo de mucha confianza. Hago muchas reparaciones y hechuras de cadenas, anillos y medallas. El problema que tengo con las hechuras es que las tengo que tomar siempre con bastante tiempo porque hago reparaciones de joyería y relojería, y para las hechuras no tengo tiempo, me tengo que quedar un fin de semana para hacer algo”.
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Con respecto a la falta de trabajo en la relojería, Viale advierte que “el oficio de relojero está en un momento complicado porque ahora vienen relojes que no se reparan sino que vienen las máquinas nuevas, sacan la vieja, se cambian directamente y el cliente se va con un reloj nuevo, como los Citizen. Antes había trabajos artesanales de reparar un reloj o de hacer una pieza, pero de esos trabajos hay cada vez menos”.
Consultado sobre las diferencias entre los oficios de joyero y de relojero, Viale sostiene que “aprendí relojería por necesidad cuando trabajé un tiempo al lado de Silvio Pintado, a quien le decía «Pintor», yo hacía joyería y él relojería. Viéndolo trabajar empecé a aprender y aprender. Los oficios se aprenden mirando y teniendo gente buena al lado que te explique. Hago trabajos de relojería, pero mi pasión es la joyería”.
Sobre el cese de la terminalidad relojería en la Crisol, Viale sostiene que “eso fue algo que nunca entendí, pero que empezó desde que en la escuela pusieron computación en la década del 80 porque creo que se desvirtuaron los fines”. Interrogado sobre si la decisión de sacar relojería en la escuela tiene relación con la menor cantidad de trabajo en ese oficio, el joyero advirtió que “esa medida no necesariamente tiene que que ver con eso porque seguir enseñando relojería sería una forma de brindarles a los chicos una salida laboral y de tratar de captarlos para que no estén en la calle, que estén en la escuela, y más en una escuela técnica que tiene un montón de horas de clase. Para mí la escuela técnica es la mejor para los jóvenes”.
Requerido sobre si en la joyería actual se hacen chatones para engarzar gemas como antaño, Viale reveló que “eso no se hace más porque es de otra época, eran unos chatones calados que hacíamos en la Crisol, que no cualquiera los hace. El joyero que sabe hacer eso es un oficial, por lo menos, porque los otros trabajos los puede hacer un joyero remendón”.
“Anillos con forma de nada”
Con respecto a si la joyería clásica mutó hacia la joyería contemporánea relacionada con los cambios sociales y culturales, el experimentado orfebre opinó que “veo que la joyería contemporánea no tiene nada que ver con el oficio que yo aprendí. Veo a la joyería contemporánea como algo más abstracto, más rústico, donde hacen cosas que no están definidas como las que hacíamos nosotros, que para engarzar una piedra hacíamos un chatón calado, y ahora se hace una pieza moderna que es otra cosa: hacen un anillo con forma de nada y le sacan brillo”.
Con relación al significado personal del oficio, Viale reconoce que “ser joyero siempre fue mi estilo de vida porque gracias a eso pude formar mi familia, tengo dos hijos ya grandes y mi esposa con la que trabajamos juntos toda la vida, ella en el negocio y yo en el taller. Tengo como 50 años de joyero, así que siempre me gané la vida con este oficio”.
Preguntado sobre qué les diría a los y las jóvenes que quieren aprender el oficio, Viale expresó “que vayan a la Crisol porque aunque no tenga los elementos que tenía en nuestra época, que era una escuela impresionante, los profesores están haciendo lo imposible para llevarla adelante, a pesar de la falta de infraestructura, como pasa en todos los rubros. Me hubiera gustado ser maestro de joyería en la Crisol, pero nunca tuve el tiempo para dedicárselo a la escuela que me formó en el oficio”.