Se trata de la actual Casa del Artista Plástico, ubicada en avenida Belgrano y bajada Sargento Cabral, descubierta hace 45 años por casualidad
06:30 hs - Domingo 22 de Febrero de 2026
La actual Casa del Artista Plástico, ubicada en avenida Belgrano y bajada Sargento Cabral, estuvo décadas enterrada sin que nadie supiera de su existencia. Hace 45 años, por algo tan fortuito como un robo de caños, fue descubierta a más de tres metros de profundidad de la línea de edificación.
En su momento, el descubrimiento llamó la atención por las dimensiones del hallazgo. Sin embargo, Rosario siempre fue conocida por sus túneles y depósitos subterráneos. "Es sabida la existencia de pasajes subterráneos que cumplieron distintas finalidades en las antiguas épocas de la Villa del Rosario", comenzaba diciendo el diario La Capital en su edición del 4 de octubre de 1981 al dar cuenta del inesperado descubrimiento.
El hallazgo de la casa
Era 1981 un personaje anónimo vio, mientras caminaba en una calle de Rosario, un caño de plomo que asomaba desde la vereda. Quizás dudó un poco en decidir robarlo, probablemente miró hacia los costados para ver que no hubiera nadie observándolo. Los diarios de la época no dicen si el hurto fue a plena luz del día o en la oscuridad de la noche. Tampoco se supo la identidad del ladrón. Es posible que haya forcejeado para extraerlo del piso. De lo que no hay dudas es que se lo llevó y desencadenó una serie de situaciones que terminaron con la aparición de un mundo subterráneo.
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El hurto, que parecía poca cosa, generó una pérdida de agua que aflojó las baldosas. Los vecinos hicieron una denuncia a la Municipalidad y, para arreglar el inconveniente, concurrió personal de la Central de Operaciones de Emergencias. Ahí fue cuando los trabajadores comprobaron que el piso se hundía, quedando a la vista un pozo de más de 3 metros de profundidad. En el fondo, una casa se mantenía en pie como si los años no hubieran pasado.
"Allí nació la gran sorpresa. Una empinada escalera de material bajaba hasta el fondo, encontrándose allí una verja con una puerta de hierro. La puerta se abrió sin ningún esfuerzo y posibilitó el ingreso a una casa", se leía en La Capital.
Todavía en pie
Mas asombro causó que, al entrar, encontraron una heladera que todavía se mantenía en pie y, junto a ella, envases de la histórica gaseosa Chinchibira. Tampoco pasó desapercibido que, a pesar del encierro y su existencia subterránea, la casa no presentaba humedad.
Un mundo subterráneo
El viejo edificio hallado en avenida Belgrano 246 había sido construido entre 1870 y 1880 y se cree que, en sus orígenes, funcionó como una pulpería o almacén.
En la segunda mitad del siglo XIX aquella avenida se llamaba Calle del Bajo y, según aseguraba el historiador Wladimir Mikielievich, allí se ubicaban quince pulperías, cinco puestos para el expendio de carne y veintidós negocios y talleres. Todos estos locales se encontrar a pocos metros del río: en aquel entonces, el nivel de edificación era más bajo que el actual y coincidía con la costa del Paraná.
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Los negocios le servían a los hombres y mujeres que transitaban día a día por los muelles de la costa cuando todavía no se había levantado el gran puerto de Rosario. La presencia de la vieja Aduana en lo que hoy es la Bajada Sargento Cabral también generaba un movimiento constante en la zona. Entonces, la construcción descubierta en 1981 puede haber sido, cualquiera de los locales mencionados por Mikielievich. Eso sí: el diario La Capital lo catalogó como "un almacén como los de antes".
Otra incógnita que envuelve la existencia de la casa subterránea es la de por qué terminó intacta bajo el suelo. Muchos consideraron que fue cuando comenzaron los trabajos para la creación del puerto en los primeros años del siglo XX.
El impacto de las reformas
Sin embargo Mikielevich sostuvo otra cosa: fueron las reformas en la Calle del Bajo aprobadas por el intendente impulsadas en 1899 y aprobadas por el intendente Luis Lamas las que llevaron al nacimiento del mundo subterráneo.
El objetivo era generar cambios estructurales en la gran arteria: ensancharla pero también elevarla para resguardarse de las recurrentes crecidas del Paraná.
Lo más extra fue que la fila de casas allí establecidas no fueron demolidas ni sus habitantes fueron desalojadas cuando se decidió levantar la altura de la vereda. La solución fue la de incorporar una escalera que conectara sus hogares con la calle y el nuevo nivel de edificación.
"Frente a sus puertas de calle se construyeron escaleras de mampostería que los ponía en libre comunicación con la nueva calzada. Se fue formando una galería subterránea", escribió Mikielievich.
Según los registros del historiador local, todavía en 1942 existía en el lugar una de las casas que tenían su acera en el primitivo nivel. En algún momento, sin que muchos lo notaran, las casas se vaciaron, se construyó una vereda por encima y existencia de ese mundo subterráneo fue olvidada.
Después del descubrimiento
Después del hallazgo vinieron años de reconstrucción y reacondicionamiento del espacio. "Originariamente el edificio le pertenecía a la familia Pinasco pero la donan a la Municipalidad para que se haga algo con fines culturales. A su vez, la Municipalidad resuelve dársela a los artistas plásticos de Rosario", relata la actual directora de la Casa del Artista Plástico Laura Capdevila en diálogo con La Capital.
Así fue como en 1996 se creó una comisión de artistas dedicados a la apertura de este espacio y, finalmente, en 1997 abrió sus puertas. "En aquellos años se volvió uno de los lugares culturales artísticos más importantes de Rosario. Tenía becas, intercambios, estaba todo impecable. Los mejores artistas exponían acá", señala.
Después de esos primeros años, el espacio cultural tuvo sus vaivenes marcados por momentos de mucha concurrencia y actividad y otros de menor movimiento.
Ahora la Casa del Artista Plástico, vieja casona escondida, goza de buena salud. Los primeros viernes de cada mes el espacio es el escenario de inauguraciones artísticas, sumado a talleres anuales, actividades diversas y participación en eventos tan multitudinarios como La Noche de los Museos.