En 1987, seis obras de arte fueron robadas del museo, entre ellas un Greco y un Goya. Los saqueadores eran profesionales y, al parecer, trabajaban por encargo
06:30 hs - Domingo 22 de Marzo de 2026
Dos ladrones ingresaron al Museo Castagnino, redujeron al sereno y se llevaron seis obras de artes millonarias. Era 1987 y, por la prolijidad con la que sacaron las telas, la policía aseguró que se trataba de saqueadores profesionales y que era probable que hubiesen trabajado por encargo. Todavía hoy el robo genera intrigas.
Alrededor de las 19 del 24 de marzo de 1987, sonó el timbre del Museo Castagnino. Eros Basaldella, el casero y la única medida de seguridad que tenía el espacio, se acercó a la puerta. Era martes, faltaba mucho para que la fecha se convirtiera en feriado nacional y el museo no estaba abierto al público. Quien estaba parado del otro lado del ingreso le gritó que tenía correspondencia que entregarle y Basaldella abrió la puerta.
Todo lo que sucedió después fue rápido primero y eterno después. Dos hombres, con arma en mano, se abalanzaron contra él y lo maniataron, cortaron el cable del teléfono, atravesaron el hall de la planta baja y corrieron hacia el fondo, en dirección a la sala Juan B. Castagnino.
Minutos después volvieron con las obras de arte, que eran colección y legado de Castagnino, y se dedicaron a desmontarlas con estricta prolijidad. Los marcos quedaron intactos, dos fueron apoyados sobre la pared y los otros esparcidos por el piso.
Uno de los ladrones tenía maquillaje, el otro tenía la cara lavada y Basaldella pudo verlo y memorizar sus facciones. Uno hablaba más francés que español, el otro respiraba con dificultad, como si sufriera asma. Ambos eran esperados por otro hombre que se encontraba en la calle, adentro de una camioneta blanca. No se pudo reconstruir cómo trasladaron las pinturas.
En un banco sobre la vereda de Pellegrini un señor de avanzada edad observaba el parque detrás de la avenida. Sintió, pero no le prestó atención, el sonido seco de una puerta de automóvil cerrándose y el chirrido de una ansiosa acelerada. Se percató de que lo había escuchado cuando una camioneta blanca pasó rápido frente a él y se perdió entre el tránsito.
Las obras robadas
Apenas quedó solo, Basaldella dio aviso a la policía. La Unidad Regional II dispuso un operativo cerrojo clausurando todas las salidas de la ciudad. Pero ya habían pasado varios minutos y el movimiento de agentes por la ciudad no logró dar con los delincuentes.
Las obras robadas fueron "Retrato de Felipe II", de Tiziano; "Retrato de hombre con pelliza", de Paolo Caliari "El Veronés"; "Un evangelista" de Doménikos Theotokópoulos "El Greco"; "Paisaje con frailes y lavanderas", de Alessandro Magnasco; y "Palomas y pollos" y "Bandidos asesinando a un hombre y mujeres", de Francisco de Goya y Lucientes. La Dirección de Información Pública comunicó que entre todas las obras robadas había una pérdida de 12 millones de dólares.
Lucrecia Castagnino y su hija, sobrina y sobrina nieta de Juan B., no tardaron en aparecer indignadas y hasta hicieron un repaso histórico: que el tío no había dejado ningún testamento donando sus colecciones, que siempre lo había dicho de palabra, que diez años después de su muerte la abuela Rosa Tiscornia donó todo, que desde entonces las obras ocupaban la sala central del museo y que ellas siempre supieron que, sin ninguna medida de seguridad, el desenlace iba a ser el que fue.
"Quienes hicieron esto han sido expertos conocedores. No cortaron las telas y, según parece, desmontaron los bastidores llevándose las obras intactas. No había ninguna medida de seguridad. Teníamos miedo de que pasara algo como lo que finalmente sucedió", dijeron.
Ladrones y exagentes de inteligencia
Las descripciones minuciosas que hizo Basaldella sobre uno de los asaltantes se transformaron en un photo-fit que la Jefatura de Policía compartió y terminó circulando por varios medios de comunicación. Era un hombre de 35 años, 1,70 metro de altura, camisa y pantalón marrón claros, un arma similar a una calibre 9 milímetros y su cara estaba maquillada. Jamás lo encontraron.
"No se trata de delincuentes comunes. Lo sustraído no tiene mercado al que pueda acceder cualquier delincuente. Y han quitado prolijamente las telas de los marcos", dijo en aquel momento el jefe de la Policía, Deolindo Pérez. Todo hizo suponer que el robo fue un encargo, ordenado y pagado por un interesado en la posesión de las obras de arte.
Dos años después, el excomisario de la Policía Federal, Juan Carlos Longo, y su esposa Hilda estaban en Miami disfrutando del mar turquesa, la arena blanca, el clima tropical e intentando vender "Palomas y Pollos" de Goya. Fueron detenidos y extraditados a Argentina.
Es que en la investigación del robo al Castagnino, la Justicia apuntó a lo que, en la década del 80, se conoció como "mano de obra desocupada": exmiembros de los servicios de inteligencia y fuerzas de seguridad de la última dictadura que quedaron sin su estructura tras el retorno de la democracia y reconvirtieron sus prácticas represivas en delitos comunes y actividades ilícitas.
Pero el principal sospechoso de haber planeado el robo fue Leandro Sánchez Reisse, exagente de inteligencia del Batallón 601. Su apodo, "El Marqués", surgió en escuchas telefónicas realizadas en 1989 que lo apuntaron como el encargado de colocar en el exterior los cuadros sustraídos en el Castagnino. Sin embargo, su participación no pudo comprobarse. Sí lo imputaron por el secuestro del financista Fernando Combal ocurrido en 1979, pero en 2010 fue absuelto.
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En 1999, la Justicia pidió otras detenciones: la captura de Carlos Daniel Bufano, hermano de Rubén Bufano, exoficial del Batallón 601, ante la posibilidad de que hubiera sido aquel ladrón con respiración dificultosa y asmática. Lo cierto es que todo quedó en la nada y la pregunta sobre quiénes fueron los artífices del robo es hasta hoy un misterio, así como la ubicación de las obras de arte.
En una de sus visitas a los Tribunales de Rosario, Sánchez Reisse pidió ser sobreseído de la causa del robo al museo, apuntó contra la policía rosarina, prometió pruebas y hasta se ofreció a recuperar los cuadros. Pero eso no sucedió.