"Es imposible salir ileso": cómo se vive el después del suicidio de un familiar

Marianela tenía 19 años cuando su tío se suicidó. Más de una década después, reconstruye el impacto que esa muerte dejó en ella y en su familia. Esta nota forma parte de un informe de La Capital sobre la crisis de salud mental

13:36 hs - Lunes 25 de Mayo de 2026

Durante años, en la familia de Marianela no se habló de salud mental y mucho menos de suicidio. Convivían, casi sin saberlo, con miedo, desgaste, consumos problemáticos y mucha incertidumbre. Su tío atravesaba desde hacía tiempo problemas severos de adicción y episodios de agresividad que habían deteriorado los vínculos familiares, pero nunca llegó a pedir ayuda.

Cuando se suicidó, el jueves 23 de mayo de 2013, ella tenía 19 años. Más de una década después todavía puede reconstruir con claridad el impacto que esa muerte dejó en su familia. No solo por el dolor inmediato, sino por todo lo que vino después.

Las reacciones no fueron iguales. “No teníamos recursos económicos ni información sobre qué hacer”, cuenta a La Capital en una conversación en la que pudo exponer el tema al que parte y vuelve todos los días desde hace más de trece años: la importancia de la salud mental.

Para las hermanas y la mamá de la víctima, el dolor fue tan grande que las consumió por completo. La abuela de Marianela comenzó a perder la memoria poco tiempo después de la muerte de su hijo. Una de sus tías atravesó un cuadro depresivo severo que nunca logró tratar. “Murió y nunca pudo superar lo del hermano”, dice.

“No teníamos recursos económicos ni información sobre qué hacer” “No teníamos recursos económicos ni información sobre qué hacer”

La madre de Marianela, en cambio, vivió el duelo desde la vergüenza. “Lo hablaba sin problemas, con las palabras exactas, pero le daba vergüenza pensar en lo que había hecho mi tío, no sólo con su suicidio sino con sus problemas con el consumo de sustancias", recuerda. No hay un manual de instrucciones para transitar ningún duelo, tampoco el de quienes pierden a un ser querido por suicidio.

Esta nota es parte de una serie de informes de La Capital sobre la crisis en salud mental y el aumento en los suicidios e intentos.

Un duelo que no se parece a ningún duelo

Andrea Astolfo, psicóloga que trabaja con familias atravesadas por suicidios, sostiene que el impacto posterior muchas veces queda invisibilizado y advierte que se trata de un duelo distinto al de otras muertes violentas. “Además del dolor aparece el trauma”, explica. Habla de culpa, reproches, aislamiento y sentimientos ambivalentes que muchas veces las familias sienten vergüenza de expresar.

“Puede haber alivio cuando una persona venía atravesando un sufrimiento extremo y eso genera mucha culpa en quienes quedan”, señala Astolfo.

Con el tiempo, Marianela entendió también que cada integrante procesó la pérdida de manera distinta y resalta el hecho de que no tuvieron, ni pidieron, herramientas para atravesarla. “El refugio era aceptar lo que había pasado con mucha culpa. Como si la culpa fuera el consuelo”, analiza.

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Astolfo insiste además en que muchas familias atraviesan estos procesos en silencio por miedo al estigma social. “Muchas veces sienten vergüenza de hablar de lo ocurrido y terminan atravesando el dolor en soledad”, advierte. Por eso recomienda buscar ayuda profesional lo antes posible después de un suicidio, tanto para acompañar el duelo como para evitar que el trauma quede encapsulado dentro de la dinámica familiar.

El cuerpo después del trauma

Con el paso de los años, Marianela empezó a notar que el suicidio de su tío había dejado marcas más profundas de las que imaginaba. Emocionales y también físicas.

“Creo que lo más difícil es convivir con el estado de alerta con el que quedás”, explica y agrega: “Al ser una muerte imprevista e inesperada, el cuerpo te queda en alerta, a la espera de cualquier noticia mala". Todavía le cuesta mucho no imaginar que algo trágico puede haber pasado cuando suena el teléfono, cuando le llega una notificación, cuando su esposa no responde los mensajes.

"Quedás a la espera de cualquier mala noticia" "Quedás a la espera de cualquier mala noticia"

Un mes después de la muerte de su tío empezó terapia y nunca dejó de ir. Con el tiempo empezó a pensar la salud mental como algo que atravesaba a toda su familia y no solamente a quien había muerto. “Voy a terapia porque considero que después de problemas mentales tan graves en una familia es imposible salir ileso de eso y me parece que lo más sano es manejar mi propia salud mental con un profesional", argumenta. "Es imposible salir ileso", repite.

La psicóloga sostiene que los antecedentes de suicidio dentro de una familia pueden transformarse en un factor de riesgo si el trauma no logra elaborarse. No solamente por la pérdida en sí, sino porque muchas veces el suicidio queda instalado como una forma posible de resolver el sufrimiento. “Lo mejor es poder trabajar todo eso con un profesional”, señala.

El dolor que no se ve

Durante mucho tiempo el suicidio fue tratado socialmente como un tema del que era mejor no hablar. El miedo al efecto contagio, las limitaciones en los medios de comunicación y el tabú orbitaban de manera intermitente, mientras en Argentina y en Rosario crecían las estadísticas sobre suicidios e intentos.

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Es por eso que en muchas familias todavía persisten el silencio, la vergüenza y la dificultad para pedir ayuda. La historia de Marianela, como la de muchas otras personas, expone el impacto que una muerte así deja sobre quienes siguen vivos. El desgaste previo, las culpas, los vínculos rotos, el miedo y las marcas emocionales que continúan mucho tiempo después.

“Es difícil pensar que alguien elija matarse”, dice mientras reflexiona. Y aunque pasaron más de trece años, hay algo de esa experiencia que sigue apareciendo cada vez que piensa en su propia salud mental, en su familia y en la necesidad de hablar de lo que durante demasiado tiempo permaneció en silencio.

Si necesitás ayuda o conocés a alguien que la necesita, podés acercarte a cualquiera de los centros de salud, hospitales o efectores médicos de la ciudad. También podés comunicarte telefónicamente y de manera gratuita al número 107.