El artesano de la Facultad de Medicina que restaura piezas arquitectónicas antiguas para llega a fin de mes

Los embates a la universidad pública golpean directamente en los trabajadores, encargados de la formación de los futuros profesionales, que deben buscar alternativas para lograr subsistir

Lunes 11 de Mayo de 2026

Gustavo es una pieza fundamental en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario. Su labor, silencioso y artesano, es utilizado por todos los estudiantes que una vez pasaron por la casa de estudios. Encargado del Hospital de Simulación de la UNR, Gustavo Spina es uno de los siete técnicos a nivel nacional capacitados para hacerse cargo de estas áreas universitarias, pero el único que le da volar agregado y es capaz de crear simuladores para que los estudiantes realicen prácticas de distintos procedimientos. Sin embargo, al profesional no le alcanza y debe redoblar esfuerzos fuera de la universidad para pagar sostener su familia.

Gustavo Mauricio Spina, o simplemente "Maury" según con quién se hable, tiene 52 años y hace más de 30 llegó a Rosario desde su Rufino natal. Se anotó rápidamente en la facultad de Ciencias Médicas y tres décadas después reconoció que le cambió la vida. Sólo por caminar por los pasillos de la facultad encontró su profesión, también un lugar donde volcar su pasión y hasta formó una familia. Spina es el claro ejemplo de que la universidad irrumpe las vidas, más allá de un título encuadrado.

La universidad nacional atraviesa un momento crítico, desde lo económico y desde los simbólico. Los protagonistas de la educación de las casas de estudios se encuentran con una situación pocas veces vista para estos trabajadores: deben dejar la formación universitaria de lado para rebuscársela en el día a día.

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Sin la aplicación de la ley de Financiamiento Universitario los salarios docentes y no docentes son destruidos y los trabajadores deben buscar una alternativa para subsistir. Según el rector de la UNR, Franco Bartolacci, cayó un 45,6% de las transferencias a las universidades públicas desde el 2023 a la actualidad y alcanzó un piso histórico de representatividad de la partida en el presupuesto nacional (0,4%). En este contexto, este martes la comunidad educativa de la UNR y del resto de las universidades del país saldrán a la calle para reclamar la implementación de la ley de financiamiento universitario, en una manifestación que promete ser masiva.

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Spina también es afectado por esto. De día llega a la universidad de Santa Fe y Francia, sube los históricos escalones y emprende camino hacia el Hospital de Simulación, en un edificio que sirve como pasaje entre la facultad y el Hospital Centenario. Por la tarde, en momentos libres o durante la madrugada Gustavo se dedica a armar maquetas a pedido para arquitectos y restaura de columnas de cemento o yeso. “Todo lo que sea antiguo”, dice Spina a La Capital y enumera los estilos: “Jónicas, Doricas o Corintias”. También es convocado cuando hay que restaurar pisos antiguos con dibujos en colores con cemento o imágenes religiosas como el San Miguel Arcangel de la Iglesia del Hospital Centenario de unos dos metros e interior hueco, pero aclara: “Ad honorem”. También es capaz de pintar murales al fresco y restaurarlos, un arte habitual en casas antiguas.

Un presupuesto que no alcanza

Gustavo trabaja de lunes a viernes en la facultad de Medicina de la UNR y por la tarde le dedica su tiempo a su madre como cuidador y a sus otros empleos, con los que junta peso a peso para llegar fin de mes. Necesitamos que el presupuesto sea acorde. Además de los insumos y el salario, no se tiene en cuenta las becas y muchas veces entre los técnicos se reparte una beca”, afirma el encargado del Hospital de Simulación.

Spina suele hablar en plural. Es que lo acompaña en el día a día su esposa Moira Prados, oriunda de Baradero y a la cual conoció en los pasillos de la facultad en el 2000, y una de las 12 ayudantes técnicas del Hospital de Simulación. Gustavo, a pesar de tener su trabajo en la UNR, también se dedica al armado de maquetas por encargo y para obras, aunque lamenta que se trata de una actividad “que se cortó un poco”.

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Gustavo Spina restauró la maqueta de la facultad de Medicina y el Hospital Centenario

No lo dice, pero su postura expresa pocas horas de descanso. “Los fines de semana estoy de un lado para otro. Yendo de mi casa a lo de mi mamá que hace un año está en cama. Con mi esposa hacemos los simuladores para pediatría o neonatología del Hospital Centenario y nos dedicamos a la madrugada”, cuenta Spina. Otra de sus tareas son los simuladores para hemorragias y practicar torniquetes. La facultad aporta los insumos y él la mano de obra. En otras casas de estudio, que no cuentan con un profesional como Spina, deben buscar en el mercado los simulares y ejecutar un presupuesto especial para su adquisición.

En sus tiempos libres intensificó los trabajos como maestro mayor de obra y restauración de columnas de cemento o yeso y distintos estilos. “¿Te gustaría tener un solo trabajo?”, pregunta La Capital y Spina responde con sinceridad: “Sí, pero no se puede por la situación económica hoy en día. Sobre todo, en transporte. Me gustaría quedarme solo acá, en la universidad, me apasiona”. Por su rol, no docente, Gustavo apenas supera un salario de bolsillo de un millón de pesos. “Me cuesta llegar a fin de mes desde hace un año más o menos”, plantea. Según las estimaciones de la Asociación de Personal de la Universidad de Rosario (Apur), la pérdida de poder adquisitivo desde diciembre de 2023 es del 70%.

Más que un trabajo

Gustavo Spina siempre tuvo doble actividad. Desde que era estudiante de medicina tuvo que trabajar. No le esquivaba nada: limpieza, mantenimiento de edificios o pintura. Llego desde Rufino con la banca de su madre, viuda y pensionada. “Somos una familia clase media. Mi papá falleció cuando tenía 11 años. Mi mamá me ayudaba un poco, pero fueron años duros y pagar la pensión era mucho”, repasa Gustavo. Luego de ser ayudante de cátedra de docentes como Marta Cucurullo, Gloria Pizzuto o Alberto Muniagurria, en 2016 ingresó al Hospital de Simulación por recomendación del exdecano y exdirector del área, Carlos Crisci. Fueron dos años de trabajo ad honorem, hasta 2018 cuando Gustavo logró percibir una remuneración que salía de la división de una beca universitaria entre varios ayudantes del hospital de Simulación.

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No fue hasta 2022 que, tras capacitarse en Córdoba, logró la diplomatura y con ello alcanzó el Técnico Encargado del Hospital de Simulación de la UNR. En primera instancia como trabajador del Estado nacional, pero luego pasó al área del Rectorado, que por su especialización y capacidad logra la renovación de su contrato cada vez que se termina.

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Su tarea consiste en armar todos los escenarios del hospital: traumatología, neonatología, internación, ginecología o cirugía, entre otros. “Son escenarios de habilidades y destrezas y ya para estudiantes de cuarto y quinto se abordan casos clínicos y prácticas finales”, contó Spina.

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Spina arma y desarma cada escenario. Es el asistente del docente de turno que llega con el grupo de estudiantes al Hospital de Simulación. Las tres carreras, medicina, fonoaudiología y enfermería se capacitan allí. Gustavo es especialista en hacer piel de silicona que facilita las prácticas sobre casos de hemorragias o heridas donde deben hacerse limpieza, suturas y cuidados de la herida.

Arte para la universidad pública

Los docentes de la facultad de Medicina le encargan a Gustavo Spina simuladores para distintas tereas. La próxima semana deberá entregar cuatro prototipos que simulen una panza de una embarazada. Son trabajo hechos en una silicona especial la cual se puede intervenir.

Los realiza con moldes en yeso y cuando el trabajo está terminado se ponen a disposición de profesores y estudiantes. “Son simuladores nuevos que no están en el mercado y los últimos que hice son para que se capaciten en otorrino laringología”, repasa Spina y rápidamente recuerda un trabajo para realizar un pie diabético para curar escaras. Demora entre una y dos semanas en realizarlos ya que sólo lo puede hacer en tiempos libres, es decir cuando no está en el Hospital de Simulación o realizando trabajos para la construcción. “Me gusta todo esto porque es la parte artística. Me sale nato. Siempre me gustó el arte”, reconoce a La Capital.

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Por su capacidad, Spina fue elegido para exponer en congresos nacionales sobre los simuladores que fabrica desde su casa y junto a su esposa.

Spina es uno de los tantos protagonistas de la educación superior pública, gratuita y universal del país. De su boca solo salen palabras de redención para la institución: “A mí la universidad me dio mucho conocimiento y estoy agradecido por el trabajo que tengo, que para mí es fantástico”.