De residuo tóxico a biomaterial: científicos de Rosario reciclan colillas de cigarrillo con hongos

El procedimiento tiene como resultado un material sólido y seco que puede utilizarse para hacer ladrillos, ceniceros o macetas. Son investigadores de la UNR

Sábado 21 de Febrero de 2026

Un grupo de investigadores de la Facultad de Bioquímica de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) se propuso encontrar el método para reutilizar un elemento altamente contaminante: las colillas de cigarrillos. Desde hace más de un año combina hongos con los desperdicios que generan los fumadores para lograr un material limpio que pueda tener un uso práctico.

Según estudios ambientales, las colillas de cigarrillo tardan entre 10 y 25 años en degradarse debido a que su filtro está compuesto por acetato de celulosa, un tipo de plástico que no es biodegradable. Si a esto se le suma que contiene tóxicos, la combinación es letal para el medioambiente y perjudica de igual manera a suelos, agua, la vida silvestre y hasta los humanos. En este contexto, la UNR lleva adelante un proyecto para una correcta disposición de estos residuos.

En todas las sedes de la Universidad Nacional de Rosario está prohibido fumar. Sin embargo, las autoridades identificaron colillas de cigarrillo en espacios comunes o veredas. Esta situación no sólo representaba una cuestión de higiene, también es una problemática ambiental. Ante esto y desde 2023, la UNR dispuso 21 cestos en lugares estratégicos de la universidad y en otros espacios como el complejo City Center, el Colegio de Escribamos y la plaza Yugoslavia, para recolectar colillas de cigarrillos, los comúnmente llamados colilleros. Este recipiente sirve para evitar la contaminación del medioambiente con un elemento altamente nocivo. A raíz de este proyecto, que tiene en carpeta la colocación de 36 más en el ámbito universitario, la propia casa de estudios comenzó a preguntarse: ¿qué hacer con las colillas?

Punto en común entre investigadores y la UNR

El primer paso lo dio el Área de Ambiente de la UNR al recolectar cada una de las colillas de cigarrillos. Frente al material recolectado rápidamente se descartó la posibilidad de incinerarlo, porque de esa manera se incrementaba el daño al ecosistema. Investigaron, leyeron ensayos, revisaron publicaciones de otras universidades y llegaron a la conclusión de que el mejor destino sería utilizar hongos para la biorremediación, en concreto, descontaminar de una forma biológica.

La técnica que el área ambiental universitaria encontró incluía la utilización de hongos, a partir de allí consultaron entre los investigadores y se encontraron con un grupo de expertos en estos organismos compuestos por Maximiliano Sortino, Estefanía Butassi y Melina Di Liberto.

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Estefanía Buttasi, Maximiliano Sortino y Melina Di Liberto

El grupo venía trabajando en actividad antifúngica, es decir, buscaba medicamentos para tratar los hongos. A raíz de la manipulación, su conocimiento permitió conectar a las partes. Además, Di Liberto ya venía estudiando a los hongos “de sombrero”, que cualquier desconocedor del tema puede referenciar porque son los comestibles.

El pedido de la UNR y la motivación por explorar nuevas áreas de los investigadores se encontraron. Sortino, en diálogo con La Capital, explicó: "Utilizamos los hongos que teníamos, los que sabemos manipular, para que usen como alimento las colillas y mientras la van comiendo la descontaminan. Así podrían ser recicladas o reutilizadas como biomateriales”. La tarea, en pocas palabras, consiste en una especie de “compost” con un ambiente amigable para el hongo y el resultado, a largo plazo y con una intervención industrial de por medio, puede derivar en piezas, similares al telgopor, para resistir el impacto de productos o artículos frágiles que se transportan. “Entonces en ves de tener poliuretano, tenes un material biológico”, contó el investigador. Otra característica que tiene este tratamiento de las colillas con los cigarrillos es la adaptabilidad al recipiente: “Le das la forma de un cenicero o maceta y te queda, porque el hongo cuando crece le da un material seco y sólido. Por eso existen ladrillos también de este material”, dijo Sortino.

El proceso

Al trabajar con organismo vivos, los investigadores del Conicet-UNR realizan un proceso “que lleva su tiempo” porque los hongos tienen que desarrollarse: “Primero tiene que crecer en medio de cultivos especiales y después lo ponemos en contacto con los filtros”, detalló Sortino. Ese trabajo, en una prueba piloto, se extendió durante un mes, pero “a los 15 días el hongo había invadido la colilla”, contó. Estas señales entusiasman al grupo de trabajo de la faculta de Bioquímica ya que “con algunos hongos se puede desintoxicar más rápido la colilla”.

En una primera instancia, Sortino, Butassi y Di Liberto utilizaron hongos que ya habían sido probados por otros grupos. Comenzaron con las xirbolas (hongos comestibles), sin embargo, luego experimentaron con otros hongos “algunos medicinales que no produzcan patologías y comestibles, pero no tan buscados culinariamente”.

“Con algunos hongos encontramos muy buenos resultados, que son diferentes a los estudios que realizaron otros grupos de investigación”, agregó Sortino. Con este avance, el grupo local realizó un aporte para los futuros estudios y planean presentarlo ante la comunidad científica en breve.

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El proceso antes y después

Por último, Sortino se mostró conforme con el avance de la investigación porque antes de las pruebas específicas ya reconocen “que cuando comienza el proceso tienen un olor a cigarrillo terrible y mientras crece el hongo va perdiendo eso. Nuestro propósito es mostrarlo con ensayos de laboratorios robustos que comprueben que se eliminaron los componentes tóxicos”.

Desafíos

La colilla de cigarrillo funciona como una especie de esponja. Justamente es llamada filtro porque absorbe la mayor cantidad de tóxicos que puede para que los fumadores no los inhalen.

Al atravesar el proceso descontaminante, el filtro de acetato de celulosa se recicla como biomateriales. De todas formas, ya el proceso de desinfección de la nicotina, por ejemplo, es un beneficio para el medio ambiente. “Lo ideal sería un biomaterial, que antes era imposible porque tenía una concentración muy alta de los hidrocarburos que tiene el humo de cigarrillo”, apuntó Sortino.

Con los resultados que el grupo consiguió, Sortino aseguró que se podría replicar a todo el material contaminante recolectado en los colilleros que hoy duermen en un galpón. “El gran desafío es que el hongo degrade y elimine los compuestos tóxicos para que sea utilizado como un biomaterial”, remarcó el investigador.

Hasta el momento, los estudios en Bioquímica se realizaban sobre pequeños grupos de colillas almacenadas en frascos. La próxima etapa será realizar el procedimiento a gran escala en la primera parte de 2026.