Dar de comer, el otro servicio esencial que asumen las escuelas en los barrios de Rosario

La mitad de los alumnos de escuelas publicas y privadas de la provincia recibe algún tipo de asistencia alimentaria. En lo que va del año se sumaron a los comedores unos 14 mil niños y adolescentes

06:30 hs - Domingo 03 de Mayo de 2026

"¿Seño, se puede repetir?". La pregunta se escucha a diario a la hora de comer en la Escuela Nº 109 Juan Chassaing, una primaria del distrito oeste de Rosario. Allí, en un espacio con largas mesas y bancos de color blanco donde se realizan cuatro turnos de comidas: a las 11, 11.20 y 11.35, el comedor escolar se llena con los alumnos de la mañana y, a las 12.40, ingresan los chicos de la tarde.

"Muchos llegan antes. Desde las 12.15 ya tenemos chicos esperando entrar al comedor", cuenta Débora Tolosa, nutricionista y ayudante de cocina en la escuela de 9 de Julio y Sucre. Débora relata la anécdota para describir la realidad que se vive en las escuelas públicas de los barrios de Rosario, donde dar de comer es un servicio esencial más que asumen las instituciones, casi tan importante como enseñar a leer y escribir o sumar y restar.

Con ocho años trabajando en la misma cocina, dice que nunca vio "tanta demanda en el comedor" y que este último año las carencias que enfrentan son, directamente, "terribles". La necesidad de comer otro plato o la premura por ingresar al comedor tienen la misma causa. "Sabemos, porque nos lo dicen las mamás, que en muchos casos es la única comida fuerte del día. Es más, muchas vienen con el táper para pedirnos si nos sobró alguna ración para los hermanitos", asegura.

El relato es la otra cara de los números que la semana pasada presentó el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), en base a datos de 2025. El trabajo reveló que "6 de cada diez niños, niñas y adolescentes del país se encuentra bajo la línea de pobreza" y que cerca de un tercio no accede a una alimentación adecuada de manera regular. Un problema que, según advierte el informe, se agravó en el último año, en un contexto marcado por la inflación persistente, la caída del poder adquisitivo y el aumento de la informalidad laboral, desde el inicio de la gestión libertaria del presidente Javier Milei.

Esta realidad se siente en forma palpable en las escuelas de Rosario, donde los docentes se encuentran con frecuencia con niños que van a clases sin cenar o familias que les dicen que con sus ingresos no pueden llegar no ya a fin de mes, sino apenas al día diez o quince del almanaque.

638 mil raciones diarias

En Santa Fe, 2.980 escuelas brindan asistencia alimentaria, de acuerdo a datos del Ministerio de Educación de la provincia. De estos establecimientos, 1.456 ofrecen el servicio de comedor y copa de leche (nombre que reciben las meriendas), otros 1.336 tienen sólo copas de leches y 188 únicamente cuentan con comedor.

Durante el mes pasado, en las escuelas de la provincia se entregaron diariamente 638.887 raciones de comida (177.717 platos diarios de comida caliente y otras 461.170 meriendas); con una población escolar de 902.000 niños, adolescentes y adultos, en todos los niveles educativos, se puede proyectar que al menos la mitad de los estudiantes recibe algún tipo de ayuda alimentaria, tanto en escuelas públicas como en privadas.

Según los mismos datos oficiales, entre marzo y abril, se sumaron 16 mil niños a los servicios de copa de leche, mientras que otros 8.300 empezaron a almorzar en la escuela.

Al presentar esta cifra, la vocera provincial, Virginia Coudannes, remarcó el acompañamiento del gobierno provincial a las familias de sectores más vulnerables, en un contexto nacional de mucha dificultad. “Tenemos un país con una economía que no arranca, donde se estabilizó la macroeconomía, pero a los vecinos de nuestra provincia no les alcanza; esa estabilización no se traduce en bienestar si no va acompañada de otras políticas”, sostuvo.

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Al comedor, también en el verano

Ramón López es vicedirector de la Escuela Nº 1.276 Martha Alcira Salotti, de la zona oeste. Una primaria de 615 alumnos, inaugurada hace unos 44 años en la zona de Rouillón y Seguí. Para el docente, que trabaja en la escuela desde hace tres décadas, la situación socioeconómica de las familias de sus alumnos es "prácticamente un calco de la realidad que vivíamos en la década del 90".

A diferencia de esos años, explica, "es que todavía hay un colchón social de padres y madres que tienen su trabajo. Es distinto a lo que pasaba antes cuando el desempleo era generalizado, hoy hay referencias concretas de papás con trabajo". Aun así, agrega, lo que se nota "es que si hace unos años el sueldo alcanzaba para cubrir las necesidades hasta el día 20 o 25 del mes, ahora se reduce al día 10". Una preocupación que se manifiesta "en el humor de las familias, cuando se acercan a la escuela".

La mayoría de los alumnos de la primaria reciben una merienda y almuerzan en el comedor escolar donde el aumento de la demanda se notó con fuerza este último verano. "Hasta hace unos seis años, en vacaciones asistían unos 15 o 20 chicos. Esto se fue incrementando en los últimos tres años, tanto que este enero y febrero teníamos una asistencia de 150 y 180 chicos que todos los días venían al comedor".

El docente señala que, en la casa de algunos alumnos, con una problemática económica más severa, se saltean comidas. "No es generalizado, pero lo inferimos por la creciente demanda del comedor", aclara y destaca que "el problema no está en la escuela, sino que la atraviesa, y es mucho más grande que los límites de nuestra institución" que se manifiesta porque "tenemos un contacto notable con la comunidad y las instituciones del barrio, un trabajo de mucha escucha, porque la escuela sigue siendo el lugar donde la familia es escuchada, donde los chicos reciben un gesto de cariño y respeto que no encuentran en otro lugar".

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Una preocupación creciente

Los comedores escolares tienen una larga historia en el país. De acuerdo a una investigación del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni), que analiza los programas alimentarios en Argentina, el inicio de la asistencia alimentaria se desarrolló principalmente en el ámbito educativo. Alrededor del año 1900, algunos médicos que formaban en aquel entonces el Cuerpo Médico Escolar, detectaron un elevado porcentaje de ausentismo, sumado a un escaso rendimiento intelectual debido a que los niños concurrían a la escuela insuficientemente alimentados. Así surge una fuerte campaña emprendida por el médico Genaro Sixto que culminó con la instalación del primer servicio de copa de leche en el año 1906.

Sin embargo, señala, "el hito trazador de la historia reciente de los comedores escolares en Argentina probablemente sea el programa de ayuda a los ingenios azucareros de Tucumán, en 1967, que instituye su funcionamiento, primero en esa provincia para extenderse luego y en forma progresiva al resto, alcanzado a todo el país recién en 1984". Desde entonces, los comedores siguieron funcionando, con mayor o menor demanda, de acuerdo con la época. Y con momentos donde se los considera "imprescindibles", como el actual, según aseguran los docentes.

"Desde el 2019 trabajo en esta escuela y la verdad nunca vi una situación tan compleja en relación a la demanda alimentaria", advierte Eliana Dolce, directora de la Escuela Nº 85, de Ayolas 580, una primaria de jornada ampliada a donde 280 alumnos cursan desde el nivel inicial hasta el séptimo grado. Además de cocinar para los alumnos del colegio, en el comedor se preparan raciones para otras escuelas de la zona, a diario salen de allí mil platos de comida caliente y otras 450 raciones frías que se reparten en escuelas nocturnas.

Este año, los directivos de todos estos establecimientos se reunieron con Dolce para solicitarle que hagan más abundantes los platos o que vean la posibilidad de incrementar el número de raciones. Lo hicieron con un argumento corto y claro: "Los chicos tienen hambre", recuerda la directora.

La situación social, advierte, es muy compleja. "Cuando faltan chicos o sobra algo de comida, vemos a la gente de la comunidad pendiente de si tiramos algo en el volquete. Es una pena, pero no podemos entregar alimentos fuera del comedor porque tenemos que garantizar la cadena de frio o que no se contamine", explica y destaca que, cuando empezó a trabajar como docente, la realidad en el barrio era diferente. "Las familias tenían más recursos, tenían trabajo o hacían changas que les permitían darle lo básico a los chicos, hoy la escuela es el único lugar donde reciben un mínimo de alimentación".

Los chicos "nuevos"

"Desde que empezamos las clases, en marzo, empezamos a ver muchos chicos nuevos en el comedor", dice la ayudante de cocina de la Escuela Nº 109 y menciona por su nombre a la mayoría de esos 20 o 30 pibes. "Este año creció la matrícula en la escuela, muchos son de colegios privados cuyas familias eligieron esta escuela porque tiene comedor. Hay familias que están sin trabajo o que tienen muchas changas y que los chicos coman en la escuela les ayuda un montón", explica y destaca la "dedicación, el amor y la responsabilidad" que pone todo el personal de la escuela para mantener el servicio alimentario.

Al fin y al cabo, dice, la realidad de los trabajadores, en su mayoría mujeres, no cambia mucho de la de los padres de los alumnos. "Todos tenemos otros trabajos porque no llegamos a fin de mes, algunos hacen doble turno, otros cuidan chicos o personas mayores o sostienen otros emprendimientos. Estamos cansados, agotados, no nos da el cuerpo".

Aun así, destaca la nutricionista, son conscientes de la importancia de su trabajo y de la necesidad de "en la medida de lo posible" ofrecer alimentos, sanos, variados y equilibrados todos los días. "Lo vemos a diario. Hay chicos con problemas de sobrepeso y obesidad, porque no se alimentan bien, chicos con problemas renales o con diabetes o con la dentadura en mal estado", comenta.

Y después cuenta que, a diario, los chicos piden un segundo plato: "¿Seño, se puede repetir?, nos dicen”. Una pregunta inocente que se transforma en el termómetro más crudo de una crisis que, lejos de los números, tiene nombre, rostro y hambre.