Calculan que el colectivo suma mil personas en Rosario. Se multiplican las intervenciones sobre mujeres solas con niños y adolescentes
06:30 hs - Domingo 30 de Agosto de 2026
Hace pocos días se conmemoró el Día Latinoamericano de las Personas en Situación de calle, instituido a raíz de un trágico hecho que ocurrió el 19 de agosto de 2004 en Brasil (la Masacre de Sé), y con la pretensión de visibilizar a un colectivo que crece en las grandes ciudades. Rosario no escapa al fenómeno y quien circule por sus barrios, en especial por el macrocentro, se topará con personas o grupos que viven, duermen o trabajan en la calle. El municipio estima que rondan el millar, cuando hace cuatro meses se calculaba eran 800. Pero no sólo aumenta la cantidad sino el perfil de esta población: los equipos de la Secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat registran desde inicios de 2024 una transición, en tanto pasaron de identificar sobre todo a varones mayores de 18 años a intervenir sobre mujeres solas con niñas, niños y adolescentes e incluso familias. Así lo reveló el secretario del área, Nicolás Gianelloni, ante la consulta de La Capital.
“La crisis social y económica que atraviesan los sectores medios y bajos, con la progresiva pérdida de ingresos y de fuentes laborales, formales e informales, desencadenó que se vayan modificando las características de las personas que están viviendo en la vía pública”, consignó el funcionario y agregó que este visible “incremento en la circulación no necesariamente implica que todos estén en situación de calle: muchos transitan durante varios periodos del día y a la noche vuelven a un lugar bajo techo”.
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Un panorama similar trazó Ximena Ascre, voluntaria de la asociación civil “Me dicen calle”, que desde hace años lleva tres veces por semana la cena a personas que pernoctan o pasan gran parte de su jornada a la intemperie. “Hoy por hoy veo más mujeres y familias paqueteando, es decir vendiendo pañuelitos, medias u otras cosas. A la noche vuelven a sus casas en los barrios o a pensiones, que en ambos casos suelen ser precarias. De todos modos, quienes están todo el día dando vueltas porque no tienen adónde ir también deben considerarse en situación de calle”, consideró la activista, cuyo circuito de asistencia comprende Oroño, Córdoba y el río, con ejes en el bulevar y en la peatonal.
Mujeres sin techo y en la calle, vulnerabilidad extra
“Las mujeres en la zona que yo transito han buscado maneras de no estar a la noche en la calle pero varios factores, fundamentalmente las adicciones, las llevaron a volver. Buscan recovecos en los edificios para dormir, se acomodan atrás de columnas o donde hay recovas. Buscan ocultarse. No duermen solas. Buscan una pareja”, detalló Ascre, de 48 años, acerca de la población femenina sin techo, que padece un grado de vulnerabilidad y violencia extra.
En esa línea, de los relatos y las entrevistas llevadas adelante por los operadores de Desarrollo Humano, en las rutinas diarias de recorrida y en la atención espontánea, surge que la permanencia prolongada de familias en situación de calle “aumenta la
violencia de género y el conflicto interpersonal, la exposición de la intimidad y la privacidad”. En el caso de los más chicos, eso se traduce en “pérdida de escolaridad y de hábitos de higiene, problemas de salud, falta de alimentación, peligro de transferencias de sustancias adictivas en el cuerpo”.
De los cuatro lugares de alojamiento que ofrece la Municipalidad para vecinos en situación de calle, uno es refugio y centro de día para mujeres y niños. Funciona en la sede de la organización religiosa Cáritas (Balcarce 1077), con una capacidad máxima de veinte plazas. A su vez, la Secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat articula con espacios alternativos como hoteles, hostels y pensiones, además de brindar subsidios de emergencia, explicó Gianelloni. “También se da que personas en situación de calle no acceden a los refugios por no querer o no estar en condiciones de permanecer en ellos (consumo, falta de apego a las normas internas, necesidad de quedarse en la vía pública para obtener recursos económicos)”, amplió.
Por su parte, Ascre contó a este diario que en sus recorridas los activistas no sólo brindan un plato de comida (que ellos mismos preparan previamente) sino que intentan “establecer un vínculo, conversar, contener emocionalmente” a quienes viven a la intemperie. De esa experiencia en territorio concluyó que “las mujeres en particular están a la defensiva, tienen carácter fuerte y yo las entiendo. Aunque atraviesan un estado de vulnerabilidad social y de salud física y mental, deben hacerse duras. Con los residentes y con los transeúntes se muestran enojadas, pero es una máscara”. Más allá del género, a los individuos y grupos con los que dialoga durante sus incursiones nocturnas los reconoce “vecinos nuestros que en vez de vivir en un departamento, viven en la calle”.
La mayoría siguen siendo varones, aunque los operadores del Estado que brindan la asistencia directa registran un cambio progresivo en el perfil del colectivo. En lo que va del semestre, el sistema local de atención ciudadana recibió 6.604 reportes advirtiendo acerca de personas en estado de vulnerabilidad en la vía pública. El 86 por ciento de quienes pudieron ser identificados eran varones y el 14 por ciento mujeres. Las edades iban de los 16 a los 35 años.
Estos guarismos coinciden con los del Primer Relevamiento Nacional de Personas en Situación de Calle, realizado a fines de 2025 por el Ministerio de Capital Humano y cuyos resultados se dieron a conocer en abril. Según ese censo, en la Argentina el 83 por ciento de quienes viven en el espacio público son hombres y el 17 por ciento mujeres. En total, suman 9.421 ciudadanos. En cambio, para organizaciones especialistas como Proyecto 7 y el Observatorio Nacional de Políticas Públicas sobre Personas en Situación de Calle (Untref), el número trepa a 380 mil.
Dado que el informe oficial cosechó cuestionamientos por la falta de participación de algunas provincias y por los criterios de medición, el concejal rosarino Leonardo Caruana, del Frente Amplio por la Soberanía (FAS), pidió que el municipio gestione ante la administración federal la confección de un nuevo relevamiento, en el que participen organizaciones sociales que trabajan la problemática (sólo en Rosario suman 26), universidades, profesionales y entidades religiosas.
“Lo mínimo y básico que se merecen las personas en situación de calle es que las censemos correctamente y que no continúen invisibles. Negar la precisión de cuántos son implica restringirles aún más el acceso a la salud, la identidad y la vivienda”, enfatizó Caruana, y aportó que Rosario cuenta con una “trayectoria histórica”, ya que a fines de los 90 comenzó a abordar “de forma pionera” la problemática de las personas en situación de calle.
El exsecretario de Salud recordó que la pandemia marcó un antes y un después, forzando que los refugios pasaran a funcionar todo el año y transformando la asistencia en dispositivos permanentes como el hostal. Sin embargo, la descentralización forzada por el decreto nacional N°373/2025 dejó la carga financiera de la asistencia exclusivamente sobre los presupuestos locales, desvirtuando el rol de coordinación federal.