Mensajes de despedida, liquidaciones y marcas que dejan de publicar. La crisis también golpea a los emprendimientos digitales rosarinos, mientras algunos intentan reinventarse para sobrevivir
06:30 hs - Sábado 09 de Mayo de 2026
Algunos con enojo y con resignación, otros evitando hacer alusión al gobierno nacional y sus políticas económicas y muchos más con súplicas para vender el stock que les queda. Se habla mucho de las persianas bajas y los locales vacíos, pero las pantallas de los celulares también se empezaron a poblar de mensajes de despedida de negocios de todo tipo. Letras grandes, fondos en blanco y negro, y mensajes sentidos. “Cerramos”, “últimos días”, “gracias por acompañarnos”. Lejos de ser una tendencia o un desafío viral, se convirtió en una secuencia cada vez más frecuente en Instagram, la red social en la que, paradójicamente, supieron florecer miles de emprendedores.
En muchos casos, ni siquiera hay un negocio físico que cierre. Son marcas que nacieron, muchas con la necesidad de la pandemia, vendieron y se sostuvieron exclusivamente en redes sociales, y que en los últimos meses anunciaron su final en el mismo espacio donde construyeron su clientela.
El fenómeno dialoga con un deterioro más amplio del entramado productivo. Entre noviembre de 2023 y enero de 2026, cerraron 24.180 empresas en el país, según el Monitor Mensual de Empresas de Fundar, elaborado con base en datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. Sólo en enero se registraron 1.985 cierres, un promedio de 64 por día, el peor registro de los últimos años. Sin mencionar al consumo masivo, que sigue en picada y en marzo tuvo una baja del 5,1 % frente al mismo mes del año anterior.
Sin embargo, esa estadística no alcanza a captar todo lo que ocurre en el universo de los emprendimientos digitales. Muchos de ellos son pequeños, familiares o directamente informales, y su desaparición no queda registrada en ningún indicador oficial. Su rastro, en cambio, queda en redes. Publicaciones de liquidación, historias con descuentos y, finalmente, un mensaje de despedida que deja sabor a poco.
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“Hoy sobrevivir implica cambiar todo”
Desde Rosario, la marca de indumentaria de diseño Bicha atraviesa el contexto intentando sostenerse en una industria textil cada vez más golpeada. Para sus creadores, el impacto de los cierres ya no se ve solamente en locales vacíos o persianas bajas, también aparece todos los días en redes sociales.
“Entrás a Instagram y cada vez es más frecuente ver personas anunciando el cierre de sus marcas. Psicológica y emocionalmente también es difícil sostener una mirada resiliente”, señalaron desde el negocio rosarino.
La marca, que vende principalmente de manera online y tiene un local en la Galería Pasaje La Nación, asegura que tuvo que modificar gran parte de su funcionamiento para adaptarse a la caída del consumo y al nuevo escenario económico. “Antes invertíamos mucho en colecciones grandes. Hoy pasamos a trabajar con drops más chicos y frecuentes, midiendo mucho más qué funciona y qué no”, explicaron.
El cambio no fue solamente creativo, sino también financiero. “Empezamos a estar mucho más encima de los números, de las métricas, de cada inversión y de cada producción”, remarcaron.
Actualmente, cerca del 70% de sus ventas se realiza de manera online, principalmente con clientes de Buenos Aires. Según explican, esa dinámica también ayuda a entender por qué muchos emprendimientos están dejando atrás los grandes locales físicos para sostener estructuras más pequeñas o directamente volcadas a internet.
“Mantener un local grande hoy es muy difícil. Muchas marcas están cerrando o transformando esos espacios en showrooms para poder sostenerse”, señalaron.
Frente a ese escenario, desde Bicha aseguran que la clave pasa por construir identidad y comunidad alrededor de las marcas. En los últimos meses comenzaron a apostar más fuerte por colaboraciones con artistas, organizaciones y otros emprendimientos para ampliar públicos y reforzar el vínculo con sus clientes.
“Hoy las marcas que sobreviven son las que tienen una identidad más marcada y logran generar conexión con las personas”, sostuvieron.
Sin embargo, incluso quienes logran sostenerse reconocen el desgaste constante. “Estamos todos haciendo malabares para mantenernos. No sabemos hasta qué punto va a llegar esta situación, pero seguimos tratando de reinventarnos”, concluyeron.
Los casos que se ven y los que desaparecen sin ruido
En este escenario de cierres y rebusques, algunos casos logran mayor visibilidad y funcionan como termómetro del sector. La marca Ona Saez, por ejemplo, lanzó una iniciativa para ceder su local y permitir que otras firmas liquiden stock sin afrontar costos fijos, en un intento por amortiguar la caída de ventas y el impacto de la apertura de importaciones. No se trata de un cierre, sino de una estrategia defensiva que expone hasta qué punto el negocio se volvió más difícil incluso para jugadores consolidados.
Es el mismo caso de DFAC, la firma vinculada a la familia Karagozian, que directamente dejó de operar. Con fuerte presencia en Instagram y campañas de alto alcance, su cierre tuvo repercusión inmediata.
Pero esa visibilidad también marca una diferencia. Detrás de esos nombres, hay cientos de pequeños emprendimientos que no tienen estructura, espalda financiera ni capacidad de exposición. Son marcas que nacieron en redes sociales, muchas veces gestionadas por una sola persona o un grupo familiar, que venden a escala chica y dependen casi exclusivamente del consumo diario.
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La diferencia no es solo de escala, sino de posibilidades. Mientras algunas empresas pueden ensayar estrategias para amortiguar la caída, como abrir espacios de venta compartidos o reforzar su presencia comercial, los emprendimientos más chicos enfrentan el ajuste de forma directa. En ese contexto, lo que emerge es una suerte de “capa invisible” de la crisis. Hay una multiplicidad de cierres dispersos, silenciosos, que no ingresan en las estadísticas pero que se vuelven visibles, de manera fugaz y por apenas 24 horas, en las redes sociales.
Algunas intentan reinventarse. Otras bajan la persiana física para sobrevivir online. Muchas, directamente, desaparecen en silencio. No hay estadísticas precisas para medirlo, pero alcanza con recorrer Instagram para entender que algo se está rompiendo.