En la década del 80 había más de 20 carrouseles, actualmente son la mitad. Desde el rubro piden elaborar un programa para hacerlas más atractivas
06:20 hs - Martes 11 de Agosto de 2026
Hace quince años, el Concejo Municipal declaró a las calesitas de Rosario Patrimonio Histórico de la ciudad. Por aquel entonces, doce carrouseles giraban a diario en plazas y parques. Actualmente, apenas quedan en pie unos nueve y funcionan sólo los fines de semana. Calesiteros históricos buscan impulsar un plan para resguardar la actividad.
De acuerdo a los registros de los empresarios del rubro, actualmente sobran los dedos de las manos para contar las calesitas que sobreviven en Rosario: están en la zona sur del Parque Nacional a la Bandera y en los parques Independencia, Urquiza, Hipólito Yrigoyen, Alem, Sunchales y Scalabrini Ortiz, la plaza López y la plazoleta de San Martín y Ayolas.
En 2011, cuando los carrouseles fueron declarados como parte del patrimonio rosarino, las calesitas de las plazas O’Higgins, Alberdi, Saavedra y de Grandoli y Sánchez de Thompson aún continuaban en funcionamiento. Otras habían dejado de girar unos años antes, como la de México y Chubut o las de las plazas Libertad, Las Heras y Buratovich.
En su época de esplendor, entre los 80 y los 2000, Rosario llegó a tener más de 20 carrouseles que funcionaban todos los días, de lunes a lunes. Actualmente, la mayoría abre sus puertas los fines de semana y feriados, porque si lo hicieran el resto de los días, irían a pérdida.
"El trabajo cayó muchísimo. Si hace unos años cortábamos mil tickets en un fin de semana, actualmente estamos vendiendo doscientos", señala Sergio Dalmaso, segunda generación de calesiteros y titular de cinco carrouseles en la ciudad, entre ellos el del parque a la Bandera y el del Sunchales.
Las calesitas, asegura, no salen de las generales de otros rubros de esparcimiento que, cuando la economía se pone difícil, sufren recortes. Pero además son muy vulnerables al clima: dos fines de semana lluviosos pueden complicar, y mucho, las cuentas del negocio.
"Los márgenes son muy chicos: una vuelta en calesita cuesta entre 1.500 y 2.000 pesos. Y los costos mensuales son importantes: tenemos un canon fijo, electricidad, seguros, cobertura de salud y, cada seis meses, tenemos que hacer un estudio firmado por un ingeniero que acredite el buen funcionamiento de las instalaciones. Si el negocio funcionara bien se podría pagar todo, pero en estos momentos de crisis es más pesado", explica.
Calesitas con historia
La mayoría de las calesitas que sobreviven en Rosario son emprendimientos familiares que tienen una abultada historia. En el parque Independencia funciona uno de los carrouseles más antiguos del país. En el techo aún tiene un cartel sobre su ingreso que recuerda la fecha de su apertura: 1938, casi tan antigua como el mismo parque que la aloja.
La ciudad alojó también a las primeras fábricas de carrouseles del país. A fines de la década del siglo pasado, la familia Sequalino, dedicada a la herrería artística, incursionó en la fabricación artesanal de una calesita dando inicio a una larga historia que se extiende hasta el presente. En el primer taller de calle Alvear, entre San Juan y San Luis, se crearon parte de los carrouseles que hoy existen en la ciudad. Incluso la fábrica llegó a exportar a Bolivia y Paraguay, hasta que en los 80 cerró sus puertas.
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Un poco más acá en el tiempo, otra familia rosarina, los Dalmaso, montaron también su propia fábrica de calesitas, que lleva más de 30 años fabricando carrouseles. A fines de 2022, el Concejo Municipal declaró a Raúl Dalmaso "empresario distinguido de Rosario" por su trayectoria en la administración, fabricación y venta de calesitas, una trayectoria que se inició a inicios de los 50. Su hijo, Sergio Dalmaso, continuó con el negocio familiar, pero a él le toca vivir otro momento,
Un plan para la actividad
Rosario cuenta con un programa de preservación de calesitas, encargao de la protección y conservación de los juegos que fueron declarados patrimonio histórico. La herramienta permite accesder a una línea de créditos blandos, a través del Banco Municipal, para los propietarios de calesitas y carruseles que necesiten restaurarlas y revitalizarlas.
Sin embargo, para los calesiteros, se necesita un plan integral que permita sostener la actividad e incluya, entre otras cosas, mejorar los espacios verdes donde se encuentran los carrouseles, potenciar la iluminación y otorgar permisos para sumar otros juegos que potencien el atractivo de las calesitas.
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"Hoy la oferta de entretenimiento infantil cambió: antes se subían a las calesitas chicos de hasta 10 o 12 años, ahora los más grandes tienen seis o siete. Por eso, podríamos sumar otros juegos que sumen atractivo a las calesitas", señala Dalmaso. Por ejemplo, apunta, en la zona de los Silos Davis, donde hay un carrousel de dos pisos, no hay iluminación y en el parque Urquiza pasa lo mismo: los juegos que rodean a la calesita tienen más de 60 años".
Otro tema, dice, son los robos y el vandalismo del que las calesitas suelen ser un blanco fácil. "Al quedar solas de noche, muchas veces llegamos y encontramos que se robaron todos los cables, destrozando el sistema eléctrico", dice.
Además, suma, en esos predios se podrían sumar espectáculos, habilitarlos para hacer festejos de cumpleaños infantiles o sumar un pequeño sector gastronómico. "Son formas de pelear para que el rubro no se pierda, porque si seguimos así nos queda poco tiempo de vida", concluye.