En plena crisis económica, aumentan las inscripciones en universidades de Rosario. Nuevas carreras, búsqueda de estabilidad y apuesta al futuro, las claves
06:30 hs - Domingo 19 de Abril de 2026
En Rosario, mientras la inflación erosiona ingresos y el consumo se retrae, un fenómeno avanza en sentido contrario. Mientras se endurecen los recortes, la educación universitaria crece y lejos de vaciarse, las aulas suman estudiantes. Según pudo confirmar La Capital, tanto en la universidad pública como en la privada, la matrícula está en expansión.
En la Universidad Nacional de Rosario (UNR), las preinscripciones para 2026 alcanzaron los 35.503 estudiantes, un salto significativo frente a los 30.124 del año pasado y muy por encima de los 20.667 registrados en 2023. En apenas cuatro años, el número prácticamente se duplicó. “Promovimos un proceso de diversificación y expansión de la propuesta académica, incorporando carreras más modernas, más cortas y vinculadas a áreas que no estaban contempladas en la oferta tradicional”, explicó el rector de la casa de estudios, Franco Bartolacci.
Ese cambio, según detalló Bartolacci, es clave para entender el salto en la matrícula: de unos 20 mil preinscriptos en 2022 y 2023 a más de 35 mil en 2026. “La expansión de la matrícula se explica en gran medida por esa nueva oferta, que despertó mucho interés en los jóvenes”, señaló.
Récord de ingresos también en las privadas
El fenómeno no es exclusivo del sector público. En la Universidad Católica Argentina (UCA), el crecimiento también se hace sentir. Según explicaron a este medio, el ingreso a primer año aumentó un 25 % a nivel nacional, con un comportamiento similar en Rosario. “La matrícula creció en toda la oferta académica. En Rosario, además, se suma la apertura de nuevas carreras, especialmente en Ciencias de la Salud, que empujaron esa suba”, señalaron fuentes institucionales de la universidad privada.
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En la Universidad Abierta Interamericana (UAI) coincidieron con la lectura. Confirmaron a este medio que 2026 fue el mejor año de matriculación de ingresantes a primer año. "A la vez, la ocupación total de nuestras aulas alcanzó un récord, ratificando que, aun en un escenario desafiante, los jóvenes siguen apostando por la educación superior", subrayaron. Por su parte, en la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano (Ucel) este ciclo muestra una tendencia “fuertemente positiva” en el ingreso de estudiantes, con un aumento sostenido respecto a años anteriores.
Estudiar, incluso cuando no alcanza
El dato podría parecer contraintuitivo en un contexto marcado por la pérdida del poder adquisitivo. En marzo, la inflación volvió a acelerarse y el índice mayorista subió 3,4 % mensual y acumula casi 28 % interanual. En paralelo, los salarios siguen corriendo detrás.
Sin embargo, el vínculo entre crisis y educación tiene antecedentes claros. “Históricamente, en momentos de dificultades económicas aumenta la concurrencia al sistema educativo. Las familias hacen un esfuerzo y priorizan la inversión en educación como una apuesta a futuro”, analizaron desde la UCA.
Esa inversión no es menor, incluso en el sistema público. Alquiler, transporte, materiales de estudio y alimentación forman parte de un costo que muchas veces queda invisibilizado detrás de la gratuidad. Aun así, la universidad aparece como una especie de refugio frente a la incertidumbre.
Más alumnos, pero más cerca: el perfil de quienes estudian
Docentes de distintas instituciones coinciden en que hoy hay más estudiantes que hace una década, pero con un cambio claro en el origen y en las posibilidades de sostener la cursada. “Si lo comparo con cuando yo cursaba, entre 2012 y 2015, hoy hay muchísima más gente. En algunas carreras prácticamente se duplicó la cantidad de alumnos”, contó Marianela, docente de una facultad privada de la ciudad.
Según describió, comisiones que antes tenían 15 estudiantes hoy alcanzan entre 80 y 90, divididos en dos grupos. “El salto es muy grande, incluso si lo comparo con 2021 o 2022, cuando empecé a dar clases”, agregó. Pero ese crecimiento viene acompañado de un cambio fuerte en el mapa estudiantil.
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La mayoría de los alumnos son ahora de Rosario y localidades cercanas. “Antes tenías estudiantes que venían de Corrientes, Chaco, La Pampa o incluso del sur. Hoy eso casi no existe. La mayoría son de Rosario o de localidades como Casilda, Villa Gobernador Gálvez, Funes o Roldán”, detalló.
Nuevas carreras, nuevos perfiles
El crecimiento no sólo se explica por el contexto económico. También hay cambios en la oferta académica que empiezan a modificar el mapa universitario. En la UNR, las carreras tradicionales siguen liderando, Ciencias Económicas, Medicina y Psicología encabezan el ranking, pero empiezan a convivir con nuevas propuestas que captan cada vez más interés.
Entre las más elegidas aparecen la tecnicatura en acompañamiento terapéutico, enfermería, diseño gráfico, turismo e incluso inteligencia artificial.
También creció con fuerza la formación más corta y orientada al empleo inmediato. “Lo que más creció este año es la Escuela de Oficios. Tuvimos más de mil inscripciones solo en el primer semestre. Hay una demanda muy clara de formación más rápida, más asociada al mundo del trabajo”, agregó Bartolacci.
“Tuvimos muchos casos de personas que hoy no tienen trabajo y buscan capacitarse para mejorar sus posibilidades de inserción laboral”, recalcó el rector.
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Desde la Ucel, por ejemplo, vinculan ese salto, en gran medida, a la apertura de nuevas carreras alineadas con las demandas del mercado laboral. El caso más evidente es la Tecnicatura Universitaria en Desarrollo de Software, que rápidamente se convirtió en uno de los principales polos de atracción. También percibieron un incremento en carreras de grado tradicionales con fuerte anclaje en los desafíos contemporáneos, como Economía, Ingeniería en Alimentos y Nutrición, además de otras opciones como Martillero Público y profesorados.
El patrón es claro en todas las casas de estudio. Una oferta más flexible, con carreras nuevas o reformuladas, que dialogan con las expectativas de los jóvenes y con un mercado de trabajo en transformación atrae a cada vez más chicos y chicas.
El sistema universitario bajo presión
En paralelo al crecimiento de la matrícula, el sistema universitario atraviesa una fuerte disputa por su financiamiento. En las últimas horas, el gobierno nacional dio un nuevo paso para intentar frenar la aplicación de la ley que obliga a recomponer salarios y partidas. La Procuración del Tesoro, encabezada por Sebastián Amerio, presentó un recurso extraordinario ante la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal para suspender los artículos centrales de la norma de financiamiento universitario.
La jugada apunta a dejar en suspenso una medida cautelar que ordena actualizar los fondos para las universidades nacionales, en particular en lo referido a salarios docentes, no docentes y becas estudiantiles.
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Desde el Poder Ejecutivo sostienen que la ley, aprobada por el Congreso y ratificada tras el rechazo al veto presidencial, no establece con claridad de dónde saldrán los recursos. Según esa interpretación, su aplicación podría afectar el equilibrio fiscal.
Si la Justicia no concede el efecto suspensivo, el gobierno quedaría obligado a transferir los fondos. En la Casa Rosada reconocen que ese escenario implicaría un fuerte impacto: estiman que deberían destinar alrededor de 2,5 billones de pesos al sistema universitario.
El conflicto expone la tensión de fondo. Mientras el sistema suma estudiantes, al mismo tiempo enfrenta un deterioro sostenido en sus recursos.
Según datos del Consejo Interuniversitario Nacional, las transferencias a universidades acumulan una caída real del 45,6% entre 2023 y 2026. En ese mismo período, los salarios perdieron más de un 30 % de su poder adquisitivo. En ese escenario, mientras las aulas se llenan, el debate por cómo sostenerlas sigue abierto.