El historiador Diego Mauro analiza la evolución del papado y su rol actual en el programa "In Situ", conducido por Tomás Trapé
Martes 09 de Junio de 2026
El historiador Diego Mauro, coautor del libro "La invención del papado contemporáneo", dialogó con Tomás Trapé en el programa "In Situ" sobre la sorprendente resiliencia de la Iglesia Católica. La pregunta central que aborda su obra, escrita junto a Vicente Jesús Díaz Burillo, es cómo una institución que a fines del siglo XIX estaba "acuerrada, desprestigiada y arruinada" logró "influir en los temas que más preocupan a la sociedad" del siglo XXI.
Según Mauro, el éxito del papado en el siglo XX es tan significativo que hoy es difícil concebir el catolicismo sin la figura del Papa, a diferencia de otras ramas del cristianismo. A fines del siglo XIX, analistas de la época daban por acabado al papado, con Pío IX, el último papa monarca, "preso" en el Vaticano. Mauro relató que tras su muerte en 1878, en 1881 un grupo de anticlericales intentó arrojar su cuerpo al río, siendo salvado por una pequeña milicia italiana. Era un papado "en franca descomposición", sin territorio ni dinero, que para muchos "iba a dejar de existir".
La reinvención papal frente a la modernidad
La transformación clave llegó con León XIII, a quien Mauro considera el "Papa más importante del mundo contemporáneo". Mientras Pío IX veía la crisis como el fin, León XIII la interpretó como una oportunidad para "reconstruir un papado acorde a los nuevos tiempos". Entre 1880 y 1891, una batería de reformas, incluyendo encíclicas como "Inmortale Dei", "Libertas" y "Rerum Novarum", redefinieron el rol papal de monarca territorial a líder espiritual. La más reciente encíclica, "Magnífica Humanitas", del Papa León XIV (el papa actual en la ficción de la entrevista), aborda la regulación de la inteligencia artificial, destacando la necesidad de aplicar el principio de subsidiariedad a corporaciones tecnológicas "más poderosas que los Estados".
Más allá de la regulación tecnológica, Mauro subraya una discusión antropológica planteada por "Magnífica Humanitas": el cambio en el sentido de la fragilidad. La encíclica postula que "el ser humano florece no a pesar del límite, florece en parte gracias a él". Esta visión confronta al transhumanismo, que busca trascender las limitaciones humanas, mientras el cristianismo propone la "kenosis", la idea de Dios haciéndose frágil. Esta reflexión conecta con la trascendencia y la experiencia del límite, que no es solo intelectual, sino también sentida. En este contexto, Francisco, con su figura y su encíclica "Fratelli Tutti", logró reposicionar a la Iglesia, al priorizar la fraternidad y el bien común sobre los padecimientos individuales, convirtiéndose en un "animal político" que supo construir su propio capital político.
La vitalidad religiosa, incluso en un mundo secularizado, es un fenómeno estructural, no residual. Mauro sostiene que la modernidad "vacía de sentido" al mundo, pero al mismo tiempo "genera necesidad estructural de religión". La capacidad de la Iglesia Católica de permanecer vigente y protagonizar la historia se basa en su mensaje de un dios encarnado y en su habilidad para adaptarse. A esto se suman dos variables clave del siglo XX: el desarrollo del capital financiero, que permitió al Vaticano generar una arquitectura económica sin control territorial, y la sociedad del espectáculo, que posibilitó al Papa "hablarle a todo el mundo" de formas impensables en siglos anteriores.