El artista rosarino repasó la trayectoria de su grupo y habló de militancia y compromiso social en la entrevista con Tomás Trapé en "In Situ"
20:00 hs - Martes 21 de Julio de 2026
Marcos Migoni, leyenda del rock y cantante de Farolitos, tiene mucho que decir sobre compromiso social. Entrevistado en el programa "In Situ", conducido por Tomás Trapé, protagonizó una profunda charla donde contó la historia y la filosofía de la banda rosarina.
En el inicio de la entrevista, Migoni abordó la recurrente comparación de Farolitos con "los Redondos de Rosario" y admitió: "Es un honor para mí, ojalá uno trata de imitar ese recorrido de esa gran banda". El artista explicó que su forma de homenajear a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota es "imitarlo, aunque sea un poquito el camino" y "mantener viva la llama de Los Redondos tocando en un club, por ejemplo, y organizando el show".
El origen de Farolitos se entrelaza con el turbulento contexto de 2001 en Argentina, naciendo días después del asesinato de Pocho Leprati en Rosario. El nombre de la banda proviene de una canción que Migoni había compuesto, con versos como "Vengan a mi luz, un farolitos hoy, ya hice el duelo y el dolor no ganó", que se convirtió en un himno. El artista, quien en ese entonces tenía 20 años, describió el momento histórico: "Se trabajaba mucho, muchas horas, mucha explotación y también la sociedad estaba como en un nivel de confusión y de violencia, que era bastante pronunciado". La canción era una forma de "prender una luz en la oscuridad", una metáfora para los "farolitos" que buscaban claridad.
La militancia que llenó clubes y la identidad de "rock urbano"
A pesar de la falta de un disco hasta 2007, Farolitos logró convocar a miles de personas en clubes de barrio. Marcos Migoni consideró que el secreto radicó en las "canciones sociales" que conectaban con la gente y una "propuesta alternativa" que hacía accesible la música. "Nosotros capaz que vendíamos, hacíamos una olla de guiso de lentejas, entonces vos comías, tomabas una cervecita, te pagabas la entrada, era alcanzable, era accesible para el trabajador", detalló. La difusión se basó en una "capacidad militante para pegar afiches" y volantes de mano, aprovechando la producción de imprenta barrial, antes de la era de las redes sociales. Migoni se desmarcó del término "rock barrial" por su "connotación negativa", afirmando: "vengo más del rock urbano, del rock con canciones sociales si se quiere".
El cantante se definió como "un colectivista", forjado por su formación y su experiencia como presidente de un club de barrio, una labor "importantísima" que le permite "cantar lo que canto si no tengo trabajo territorial hecho". Para Migoni, la banda se mueve naturalmente en el "underground", definido como "el circuito alternativo" o "inventar un lugar que no existía". Reconoce que "no se puede cantar underground sin ser underground", una postura auténtica frente a la "autoficción" actual. Su fe cristiana, la cual interpreta de manera revolucionaria, lo impulsa a la acción: "jugársela por el otro", una enseñanza de referentes como el cura Elmo Gorza.
Sobre el legado de Farolitos, Migoni reflexionó sobre su impacto personal: "Si no hubiera tenido la banda, hubiera sido un pelotudo, un individualista, un tipo egoísta, un tipo escéptico, un tipo frío". La música y el trabajo colectivo lo transformaron de una persona "violenta" y "resentida" a alguien que busca la "excelencia humana". Finalmente, Migoni hizo hincapié en el poder de las ideas, asegurando que "cuando una idea es buena no se muere nunca", como la fundación de su club en 1932 por "chicos que eran analfabetos" y "anarquistas". Para componer una buena canción, se necesita "amor" y "animarse", porque "el fracaso te trae un montón de informaciones", un aprendizaje constante en su camino. El Indio Solari, concluyó, le "cambió la vida" al darle "herramientas para cambiar, para decir esto no quiero de mí y detecto rápido quién es mi enemigo".