La droga habría sido robada del Hospital Italiano de Buenos Aires y se usaba para “viajes controlados” en fiestas de médicos y residentes
13:37 hs - Miércoles 01 de Abril de 2026
El propofol, uno de los agentes anestésicos intravenosos de rápida acción más utilizado en anestesia y reanimación, se puso en el centro del debate tras la muerte por sobredosis de Alejandro Zalazar, anestesiólogo de guardia del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y exresidente del Hospital Rivadavia Buenos Aires. El caso de Zalazar destapó un complejo circuito ilegal en nosocomios porteños: la droga que le causó la muerte es de uso intrahospitalario y su número de trazabilidad llevó al Hospital Italiano de Caba, por lo que la sustancia fue robada.
En particular, Zalazar, médico de 29 años, fue encontrado sin vida el pasado 20 de febrero. La autopsia determinó que falleció por una sobredosis de propofol y fentanilo, sustancias de uso habitual en procedimientos de sedación, en el marco de intervenciones quirúrgicas.
Un punto muy importante es que tanto el propofol como el fentanilo, las sustancias que llevaron a Zalazar a la muerte, son de uso intrahospitalario. Todas las dosis cuentan con un número que les otorgan trazabilidad. En el departamento del médico fallecido, la policía secuestró medicamentos anestésicos y una bomba de infusión, un equipo médico utilizado para administrar drogas intravenosas.
Lo preocupante es que la trazabilidad de las drogas anestésicas que se encontraron en el hogar de Alejandro Zalazar llevaron al Hospital Italiano de Buenos Aires, por lo que las sustancias fueron sustraídas ilegalmente, al igual que la bomba de infusión que el médico anestesiólogo se suministró con una cánula intravenosa en su pie derecho previo a su muerte, según consanta la autopsia realizada.
Tras descubrir el origen de las drogas y el faltante en el Hospital Italiano, se descubrió la existencia de las denominadas “fiestas del propofol”: encuentros en los que estas sustancias eran utilizadas bajo distintas modalidades. Según trascendió, en estos eventos estarían involucrados residentes, cirujanos y anestesiólogos de distintos hospitales de Buenos Aires.
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Qué es el propofol y cuáles son sus efectos
El propofol es un anestésico de acción ultrarrápida que se emplea en diversos procedimientos médicos. Es muy usado en diferentes intervenciones quirúrgicas y en todo tipo de pacientes, tanto adultos como niños, en diferentes dosis.
No solo se utiliza en quirófanos, sino también en las unidades de terapia intensiva, ya que permite inducir y controlar la sedación en tan solo segundos. Aunque es muy efectiva para un uso intrahospitalario, su potencia y su efecto sobre la respiración lo convierten en una droga de alto riesgo fuera de un entorno médico supervisado.
De esta manera, los efectos secundarios más peligrosos del propofol son la apnea e hipotensión. Entonces, solo debe ser administrado por profesionales experimentados con habilidades avanzadas en el manejo de la vía aérea, ya que la sobredosis de esta sustancia anestésica puede llevar a la muerte, especialmente si se lo combina con otras drogas, tal como fue el caso de Alejandro Zalazar.
La muerte de Alejandro Zalazar
El 20 de febrero fue encontrado sin vida en su departamento de Palermo el médico Alejandro Salazar. Si bien, la víctima fue inicialmente identificada como Hernán Salazar, luego se confirmó que se trataba de Alejandro Salazar, apodado “Alito”, quien también trabajaba en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.
Un posteo de la asociación de profesionales de ese hospital permitió corregir la identidad del fallecido, cuya muerte se convirtió en el punto de partida de la investigación.
La policía encontró a Zalazar con una cánula de suministro intravenoso en el pie derecho, mediante la cual se habría aplicado las drogas intravenosas. No había signos de violencia ni la puerta fue violentada, por lo que la principal hipótesis es que el médico se aplicó el mismo la bomba de infusión con las sustancias.
El robo de estupefacientes y los médicos involucrados
La causa para investigar el faltante de anestésicos se inició el 23 de febrero, a partir de una denuncia presentada por el Hospital Italiano de Buenos Aires.
Tras la difusión del caso, la institución confirmó mediante un comunicado oficial que detectó un “robo de estupefacientes” en el área de anestesiología. Este hallazgo activó de inmediato un procedimiento interno que permitió identificar a dos profesionales como presuntos responsables de la sustracción y distribución de las drogas: el anestesiólogo Hernán Boveri y Delfina Lanusse, médica residente de tercer año.
El hospital informó que ambos fueron apartados de sus funciones de manera preventiva y que ya se realizó la denuncia correspondiente ante la Justicia. Además, aseguró que se encuentra colaborando activamente con la investigación en curso para esclarecer los hechos.
En paralelo, la institución inició una revisión exhaustiva de sus protocolos internos con el objetivo de reforzar los controles en la gestión y administración de estupefacientes. También indicó que trabaja de forma conjunta con la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires para prevenir este tipo de situaciones y fortalecer los mecanismos de control dentro del sistema de salud.
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Las "fiestas de propofol" o "Propo Fest"
De acuerdo con la investigación, los medicamentos eran desviados sistemáticamente para su consumo fuera del ámbito clínico. Esta maniobra comenzó a reconstruirse a partir del análisis de audios y mensajes de WhatsApp incorporados a la causa, donde se hacía referencia al uso de insumos hospitalarios con fines recreativos.
En ese contexto, se dieron a conocer las supuestas “fiestas del propofol” o "Propofest": encuentros en los que estas sustancias se utilizaban bajo distintas modalidades. Por un lado, se organizaban reuniones privadas —algunas de carácter sexual— a las que el anestesiólogo Hernán Boveri habría convocado a personas de su entorno.
Por otro lado, también se ofrecían experiencias pagas que consistían en supuestos “viajes controlados”. En ambos casos, según lo que se desprende de la investigación, existía una logística organizada que incluía la provisión y dosificación de las drogas, así como la presencia de personas con conocimientos médicos.
Incluso, se indicó que en esos encuentros había equipos de asistencia respiratoria manual —como el ambú— para actuar ante posibles cuadros de apnea, una práctica conocida en el ámbito sanitario como “ambucear”.
Entre permisos irregulares, robos y distribución de estupefacientes, la causa apunta a la posible participación de varios profesionales de la salud de distintos hospitales, quienes habrían facilitado el acceso a las drogas y contribuido a sostener este circuito clandestino.