Durante dos días, vecinos buscaron a una supuesta serpiente de tres metros desaparecida en Colegiales. La historia detrás de una crisis que no fue
08:24 hs - Martes 21 de Julio de 2026
Lo que parecía una insólita búsqueda vecinal terminó siendo una ingeniosa y polémica estrategia de marketing. La historia de "Piti", una supuesta boa de más de tres metros que habría escapado de una casa del barrio porteño de Colegiales, se viralizó en redes sociales, llegó a los medios de comunicación e incluso motivó recomendaciones para los vecinos. Sin embargo, la serpiente nunca existió.
La maniobra fue ideada por un paseador de perros que buscaba promocionar su emprendimiento y terminó reabriendo el debate sobre los límites de la publicidad, la circulación de información falsa y el impacto que puede tener una historia viral sin verificar.
Cómo nació la historia de la boa perdida
Todo comenzó con una serie de carteles pegados en distintos puntos de Colegiales. En ellos se pedía ayuda para encontrar a "Piti", una boa de más de tres metros que supuestamente se había escapado por la terraza de una vivienda ubicada en la zona de Céspedes y Zapiola.
El aviso incluía detalles que hicieron aún más llamativa la historia: aseguraba que la serpiente no era agresiva ni venenosa, que respondía a su nombre "a pesar de ser reptil", que solía tomar sol todos los días y que incluso estaba castrada.
La publicación comenzó a multiplicarse en redes sociales y rápidamente fue replicada por distintos medios, mientras circulaban consejos sobre qué hacer si alguien se cruzaba con el supuesto animal.
El giro inesperado: la boa nunca existió
La historia dio un vuelco cuando se conoció que "Piti" nunca había existido. El propio autor de la campaña, un paseador de perros identificado como Lucas, confirmó en una entrevista con el programa ¿Y qué?, de Vorterix, que todo había sido una acción publicitaria para promocionar sus servicios.
"La idea era que esa historia tuviera un poco de visibilidad, pero no tanta", reconoció.
El plan tenía una segunda parte. Luego de que el supuesto extravío se volviera conocido, comenzaron a aparecer nuevos volantes con un mensaje dirigido a los dueños de mascotas.
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"¿No querés salir porque dicen que hay una boa suelta? No te preocupes, yo paseo a tus perritos con mucho amor, paciencia y responsabilidad mientras vos te quedás tranquilo en casa", decía el flyer.
Según explicó el propio paseador, le pareció una idea divertida porque consideraba poco creíble que una serpiente respondiera a su nombre.
Investigan si hubo algún delito
La repercusión del caso fue mucho mayor de la esperada. De acuerdo con fuentes judiciales citadas por distintos medios nacionales, el fiscal que interviene analiza si la maniobra podría encuadrarse en alguna figura penal, ya que la falsa búsqueda generó alarma entre los vecinos y derivó en la movilización de recursos estatales.
Por el momento no trascendió si se iniciará una investigación formal.
El debate sobre las mascotas exóticas
Más allá del engaño, el episodio volvió a poner sobre la mesa una discusión de fondo: la tenencia de animales silvestres como mascotas.
En Argentina rige la ley 22.421 de Conservación de la Fauna, que protege la fauna silvestre y prohíbe, salvo excepciones previstas por la normativa, la captura, comercialización y tenencia de numerosas especies.
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Especialistas en conservación recuerdan que animales como tortugas terrestres, monos, zorros, lagartos y distintas especies de serpientes no deben mantenerse como mascotas, tanto por razones de bienestar animal como por el impacto sobre la biodiversidad.
Una historia que deja una lección
El caso de la falsa boa perdida también expuso la velocidad con la que una información sin verificar puede transformarse en una noticia ampliamente difundida.
En apenas dos días, una historia nacida a partir de unos carteles pegados en la calle logró instalarse en redes sociales, ser replicada por medios de comunicación y generar preocupación entre vecinos, sin que existiera una confirmación oficial de que la serpiente realmente estuviera perdida.
El episodio dejó en evidencia la importancia de corroborar la información antes de compartirla, incluso cuando parece haber sido validada por múltiples publicaciones o cuando su viralización hace pensar que se trata de un hecho real.