La tradición cristiana marca el 6 de enero como el cierre de la época festiva y muchos se preguntan cuando es el momento de guardar el arbolito
Martes 06 de Enero de 2026
Con la llegada del Día de los Reyes Magos, muchas familias vuelven a plantearse una duda habitual: cuándo desarmar el árbol de Navidad. En Argentina y en otros países de tradición cristiana, la costumbre fija el inicio de esta tarea a partir del 6 de enero, fecha que simboliza el cierre del período navideño.
Este día tiene un valor especial dentro del calendario religioso, ya que conmemora la visita de los Reyes Magos al niño Jesús y se vincula con la Epifanía, festividad que celebra la manifestación de Jesús como hijo de Dios. De este modo, el desarme del árbol representa el final de un ciclo que comienza con el Adviento y concluye con esta celebración.
Guardar el arbolito después del 6 de enero funciona como un gesto simbólico que marca el regreso a la rutina cotidiana y el cierre de las celebraciones. Los adornos se conservan hasta el año siguiente, a la espera de un nuevo tiempo festivo.
Para muchas familias, este momento trasciende lo doméstico y se convierte en un ritual de unión y reflexión. En algunos hogares, el árbol permanece armado algunos días más, según las costumbres particulares y la disponibilidad de quienes se encargan de desarmarlo. Sin embargo, el sentido de la fecha se mantiene: dar por terminado el tiempo de Navidad con la llegada de los Reyes Magos.
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El origen del árbol de Navidad
El árbol de Navidad tiene un origen pagano que el cristianismo incorporó con el paso del tiempo. La tradición se remonta a los pueblos nórdicos, que decoraban árboles durante el invierno como símbolo de vida y esperanza. Más tarde, el cristianismo resignificó esta práctica y la transformó en un emblema religioso, donde cada adorno —las luces, las esferas y la estrella— representa la luz divina y la guía espiritual.
Su desarme después del 6 de enero refuerza la idea de cierre del tiempo litúrgico navideño y confirma su rol como símbolo de inicio y final de un período especial.
El árbol de Navidad, que durante semanas representa la esperanza, la vida y la unidad familiar, vuelve a ser guardado, dejando paso a un nuevo ciclo lleno de expectativas y proyectos.