En un escenario global atravesado por la crisis climática, el sistema alimentario ocupa un lugar central: genera cerca de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero
15:09 hs - Lunes 27 de Abril de 2026
Dentro de este esquema, el desperdicio de alimentos se consolidó como uno de los problemas más extendidos y, al mismo tiempo, menos visibilizados. Por sí solo, representa hasta el 10% de las emisiones globales. Si fuera un país, sería el tercer mayor emisor del mundo.
Cada año se pierden o desperdician más de 1300 millones de toneladas de alimentos. Detrás de ese volumen no solo hay comida que no llega a consumirse, sino también agua, energía, suelo y trabajo humano que se pierden en el proceso. El impacto es sistémico: presión sobre los recursos naturales, mayor emisión de gases y un sistema alimentario cada vez más ineficiente.
En ese contexto, el modelo de los Bancos de Alimentos fue ganando reconocimiento a nivel global como una herramienta concreta para intervenir sobre esa ineficiencia. La red Global, que articula redes en más de 50 países, viene señalando el rol clave del rescate de alimentos como estrategia para reducir emisiones, mejorar la distribución y fortalecer sistemas alimentarios más sostenibles.
Argentina no es ajena a esta problemática. En un país donde conviven altos niveles de inseguridad alimentaria con grandes volúmenes de alimentos que no llegan a destino, el recupero de excedentes aparece como una oportunidad concreta de generar impacto ambiental y social al mismo tiempo.
Durante 2025, Bancos de Alimentos Argentina logró rescatar y distribuir más de 21 millones de kilos de alimentos, evitando de esta manera la emisión de más de 56 millones de kilos de CO equivalente. A esto se suma otro dato relevante: se evitaron más de 36 millones de metros cúbicos de agua desperdiciada, considerando el volumen de recursos necesarios para producir esos alimentos que finalmente no fueron descartados.
La dimensión ambiental del rescate de alimentos se vuelve evidente cuando se observa la huella completa de cada producto. No se trata solo de evitar que un alimento termine en la basura, sino de preservar todo el proceso previo: la producción, el transporte, el almacenamiento. Cada kilo recuperado es, en términos ambientales, una cadena de recursos que no se pierde.
El funcionamiento de los Bancos de Alimentos se apoya en un modelo logístico que permite conectar, en tiempo y forma, alimentos que salen del circuito comercial —por cuestiones de estética, sobrestock o cercanía a fecha de vencimiento— con organizaciones sociales que los transforman en platos de comida. Dicha capacidad de articulación es uno de los diferenciales centrales del sistema.
En esta línea, los Bancos impulsan además distintas iniciativas que buscan fortalecer capacidades en territorio, promoviendo prácticas de aprovechamiento integral de los alimentos, planificación de menús y cocina sustentable. El objetivo es reducir pérdidas, mejorar la calidad nutricional y optimizar el uso de los alimentos disponibles.
La dimensión cultural del desperdicio es, muchas veces, menos visible que la logística o la productiva, pero igual de relevante. Cambiar hábitos, incorporar criterios de aprovechamiento y entender el valor de los alimentos son parte de una transformación necesaria para reducir el impacto ambiental del sistema.
A nivel global, distintas experiencias muestran que la combinación entre rescate, educación y eficiencia logística es una de las estrategias más efectivas para abordar el problema. En ese sentido, el modelo de Bancos de Alimentos se posiciona como una solución escalable, adaptable a distintos contextos y con resultados medibles.
En Argentina, a su vez, comienzan a desarrollarse nuevas herramientas que buscan profundizar ese impacto. Una de ellas es Directo al Rescate, iniciativa que apunta a optimizar el recupero de microdonaciones, especialmente en el sector retail.
El desafío de este tipo de donaciones radica en su volumen y dispersión: pequeñas cantidades de alimentos en múltiples puntos, que requieren rapidez y eficiencia para ser recuperadas antes de que pierdan aptitud para el consumo. Directo al Rescate incorpora tecnología para mejorar dicha conexión a través de una app, facilitando la trazabilidad y reduciendo tiempos logísticos.
Este tipo de innovación permite ampliar el alcance del rescate y, al mismo tiempo, mejorar su eficiencia ambiental. Cuanto más rápido y preciso es el circuito, menor es la probabilidad de descarte y menor la huella asociada.
“Reducir el desperdicio de alimentos es una de las acciones más concretas y urgentes para enfrentar el cambio climático desde lo cotidiano. Cada alimento que rescatamos es una oportunidad doble: alimentar a quienes lo necesitan y, al mismo tiempo, cuidar los recursos del planeta”, señala Alejandro Arhex, presidente de Bancos de Alimentos Argentina.
La experiencia internacional muestra que no hay una única solución para el problema del desperdicio, pero sí un consenso creciente: intervenir sobre lo que ya fue producido es una de las formas más inmediatas de generar impacto. En un contexto donde la demanda de alimentos sigue creciendo y los recursos naturales son cada vez más limitados, la eficiencia se vuelve una variable central.
El rescate de alimentos no reemplaza otras discusiones necesarias sobre producción, consumo o distribución, pero aporta una respuesta concreta en el corto plazo. Permite reducir emisiones, optimizar recursos y, al mismo tiempo, mejorar el acceso a alimentos en sectores vulnerables.
La escala del desafío es global, pero las soluciones se construyen desde lo local. En ese entramado, el trabajo en red —entre empresas, organizaciones sociales y actores del sistema alimentario— resulta clave para sostener y ampliar el impacto.
La agenda ambiental ya no puede pensarse por fuera del sistema alimentario. Y dentro de este sistema, el desperdicio aparece como una de las variables más urgentes a abordar. La recuperación de alimentos, con enfoque logístico, educativo y tecnológico, se consolida como una herramienta concreta para avanzar en esa dirección.
Sobre BAA
Bancos de Alimentos Argentina (BAA) es una organización sin fines de lucro que desde hace más de 20 años trabaja para reducir el hambre, la malnutrición y la pérdida y desperdicio de alimentos en el país. Integrada por 20 Bancos de Alimentos y 5 iniciativas en desarrollo, la red recupera productos aptos para el consumo que han salido del circuito comercial y los distribuye entre organizaciones sociales beneficiarias.
Con un modelo de trabajo basado en la eficiencia, la transparencia y el compromiso con la seguridad alimentaria, BAA transforma excedentes en oportunidades, articulando con empresas, productores, organismos públicos y la sociedad civil. En 2025, BAA rescató más de 21 millones de kilos de alimentos, generando más de 63 millones de platos de comida.
Impulsora de innovación con impacto social, BAA lidera acciones de concientización sobre la pérdida y desperdicio de alimentos, promueve sistemas alimentarios sostenibles y desarrolla herramientas tecnológicas para potenciar su alcance, como la app “Directo al Rescate”, que conecta supermercados con organizaciones sociales para acelerar la recuperación de alimentos frescos.
BAA es miembro de The Global FoodBanking Network y se posiciona como una organización referente para reducir el hambre y en la construcción de un futuro más justo y sostenible.
Más información en: www.redbda.org.ar