Construyendo comunidad para luchar contra la crisis climática

La lucha contra la crisis climática requiere sumar sectores, coordinar capacidades y construir una comunidad que convierta las acciones en transformación real

14:16 hs - Lunes 27 de Abril de 2026

Hay escenas cotidianas que dicen más que cualquier cumbre internacional. Un plato que no llega a una mesa, alimentos en perfecto estado que terminan en un relleno sanitario, organizaciones que luchan por cubrir una demanda que no deja de crecer. En esa tensión entre desperdicio y necesidad se juega, en parte, uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: cómo producir, distribuir y consumir de manera sostenible en un contexto de crisis climática cada vez más evidente.

El cambio climático es una realidad que impacta en la producción, en la disponibilidad de recursos y en la vida cotidiana. Sin embargo, la respuesta sigue siendo fragmentada y poco coordinada. Por eso, el desafío central es construir una comunidad más amplia que trabaje de manera articulada en la defensa del ambiente. La batalla contra el cambio climático no puede ser sectorial, debe ser transversal.

Un ejemplo concreto de ese camino es el trabajo de los bancos de alimentos. Los sistemas alimentarios a nivel global representan hasta el 10% de las emisiones totales. En Argentina, se desperdician 16 millones de toneladas de alimentos cada año, los cuales podrían satisfacer las necesidades de más de 24 millones de personas durante un año. Frente a esto, los 20 bancos de alimentos que operan en el país recuperan excedentes aptos para el consumo y los distribuyen a comedores y organizaciones sociales, reduciendo al mismo tiempo el impacto ambiental del desperdicio. En esa tarea, además, se genera una sinergia creciente con el sector empresarial, que hoy busca traducir sus compromisos de sustentabilidad en acciones concretas y medibles. Los bancos de alimentos ofrecen justamente esa posibilidad: canalizar excedentes, reducir desperdicio y contribuir al cumplimiento de objetivos ambientales mediante herramientas de medición basadas en estándares internacionales, que permiten cuantificar con precisión el impacto generado.

Dicho impacto no es menor. A nivel global, la red de bancos de alimentos nucleada en la organización The Global FoodBanking Network evitó en 2023 la emisión de 1,8 millones de toneladas métricas de CO2 equivalente. Sólo en ese año, al recuperar y distribuir 654 millones de kilogramos de alimentos, se evitaron emisiones equivalentes a retirar de circulación 400.000 vehículos durante un año. A escala local, el banco de alimentos de Rosario lo muestra con claridad: en 2023, su actividad evitó la emisión de 2.778,41 toneladas de CO2e. Es decir, no sólo combate el hambre, sino que también contribuye de manera directa a la reducción de emisiones.

Este tipo de iniciativas permite entender que la acción climática es concreta, medible y cercana. Pero también deja en evidencia que no alcanza con esfuerzos aislados. La transformación requiere sumar a todos los sectores: el agro, que tiene un rol clave en la adopción de prácticas productivas más sostenibles; el sector empresarial en todas sus escalas, desde grandes compañías hasta pymes; el sistema científico y universitario, como generador de conocimiento; las organizaciones sociales, con capacidad de acción territorial; y la dirigencia política en todos sus niveles, responsable de generar marcos normativos y políticas públicas consistentes.

La evidencia es contundente, y sin una aceleración significativa de las acciones, el mundo se encamina a superar el umbral crítico de 1,5°C de aumento de la temperatura global, con consecuencias irreversibles en los sistemas productivos, los ecosistemas y la calidad de vida.

En este contexto, la escala del desafío exige algo más que esfuerzos aislados: requiere integrar capacidades y coordinar a una comunidad mucho más amplia. Porque en cada sector ya existe una base enorme de personas comprometidas: sólo en la red de bancos de alimentos, más de un millón de beneficiarios y más de 14.000 voluntarios en todo el país dan cuenta del potencial de impacto. Cuando esa energía se articula, el alcance se multiplica y las soluciones dejan de ser fragmentadas para convertirse en motores de transformación real. Un paso necesario para escalar soluciones y construir una respuesta a la altura del desafío climático. Ese es, en definitiva, el objetivo de la Semana del Clima en Rosario, que estamos construyendo desde la FNGA junto a importantes aliados.