Hace 10 días mataron a su hija, ahora quedó presa por colaborar con un ataque a balazos del año pasado
Gisela G. fue imputada de seguir órdenes de un preso para asistir al sicario que baleó a un chico. Las disputas entre los Funes y los Ungaro sobrevuela estos hechos

Martes 26 de Octubre de 2021

Cuando asesinaron a su hija Mariel Lezcano en la puerta de su casa de Tablada, la madre de la joven de 21 años dijo que estaba amenazada por el clan Funes y que el ataque era para ella. Doce días después quedó presa. Gisela Guadalupe G. fue imputada este lunes por participar del intento de homicidio de un joven que el año pasado sobrevivió a tres disparos de un sicario en Hipócrates al 4600. El tirador cayó cuando huía con el arma en una mochila y al peritar su celular se descubrió que el atentado había sido ordenado una hora antes desde la cárcel por Brian Ismael “Pocha” Sánchez, condenado por tres homicidios y otros dos intentos.

En el celular del tirador se recuperaron los mensajes del minuto a minuto en la planificación del crimen fallido. En esa evidencia aparecía el apodo de la madre de Mariel, a quien desde los 13 años le dicen “Paquete” según ella misma confió al atestiguar días atrás por el crimen de su hija.

>>Leer más: "No los denuncié por miedo y por ese miedo mataron a mi hija"

Si bien esta investigación es independiente del reciente homicidio de la chica de 21 años, una misma trama de alianzas rotas y disputas ligadas al narcomenudeo conecta ambos episodios. De hecho, tras el crimen de su hija la mujer declaró que miembros de la familia Funes la amenazaron para que no se aliara con Sánchez, justamente el preso para el cual ella habría estado trabajando según la imputación que le formularon este lunes.

Partícipe necesaria

Gisela G. fue imputada el lunes a la mañana por el fiscal Alejandro Ferlazzo como partícipe necesaria de un intento de homicidio calificado por promesa remuneratoria cometido en octubre de 2020. La defensora pública Luisa Cañavate planteó que a raíz del reciente crimen de Mariel, la madre de la chica quedó al cuidado de su nieto, además de sus otros seis hijos menores de edad. El fiscal replicó que al allanar la casa había otros adultos para cuidar a los niños y el juez Gustavo Pérez de Urrechu le dictó prisión preventiva.

Como instigador de ese ataque a tiros en los próximos días será imputado “Pocha” Sánchez, de 22 años y condenado en diciembre de 2019 a 20 años de cárcel por tres homicidios y dos intentos cometidos entre 2016 y 2017. Para la investigación, por entonces era un sicario a las órdenes de la ahora disuelta alianza Funes-Ungaro. Y en esta causa apareció impartiendo sus propias órdenes desde la cárcel donde, según la fiscalía, planificó el frustrado crimen, impartió órdenes al tirador y puso a su disposición un arma de fuego.

Un año después

El atentado que le atribuyeron a Gisela ocurrió hace un año. El acusado como tirador está preso desde entonces pero recién luego de una pericia telefónica a su celular y otras medidas se determinó que el apodo “Paquete” aludía a Gisela y que “Pocha” refería a Sánchez quien, para la pesquisa, ofreció desde la cárcel dinero para eliminar a un competidor en la venta de drogas.

El ataque fue el 26 de octubre de 2020 en la torre 13 de Hipócrates 4667. Cerca de las 20.40 Uriel R., de 20 años, conversaba con un amigo en el palier del segundo piso, frente a la casa de su madre, cuando se escucharon gritos de niños en la planta de abajo. Al asomarse al balcón vieron a un joven con gorrita que sacó un arma y comenzó a disparar desde el la escalera del primer piso hacia al segundo. Uriel fue alcanzado por balas en tórax, hombro y muñeca izquierda. Trasladado al Hospital Roque Sáenz Peña, salvó su vida pese a sufrir lesiones en el hígado, epigastrio y un riñón, además de una fractura en el húmero.

“Me llamó la atención porque no era del barrio. Tenía un barbijo verde, una gorra y una mochila colgada para adelante”, contó el amigo de la víctima, y agregó: “Cuando me asomé vi que sacó el arma y me tiré al piso. El tenía el arma en la mano derecha y en la otra tenía el celular como si estuviera escribiendo o hablando. Fueron dos segundos. Lo quise tirar a Uriel al suelo pero ya le había pegado”, relató.

Enseguida llegó al lugar un móvil del Comando y los vecinos indicaron que el tirador se había ido corriendo “para el lado de Grandoli”. Los policías vieron a un joven caminar por Sánchez de Thompson que al notar que lo buscaba la policía arrojó una mochila e intentó ocultarse detrás de un árbol. Era Emanuel F.

El sospechoso tenía puesto un barbijo verde y llevaba en la mochila un único objeto: una pistola Bersa Thunder 9 milímetros con cargador y seis cartuchos intactos. Entonces se le imputó un intento de homicidio agravado por el cual siguió preso hasta ahora que la imputación se agravó a la de homicidio calificado por ser cometido a cambio de dinero.

A Emanuel también le secuestraron un celular Samsung en mal estado. La pericia al teléfono reveló que la orden de los disparos la había dado Pocha desde la cárcel. La orden era pegarle al padre de la víctima o a cualquier familiar. De acuerdo con la imputación, Gisela G. le señaló al ejecutor el lugar que debía atacar y cuándo podía hacerlo. Además le entregó el arma al tirador.

>>Leer más: Dura pena a un sicario de 21 años por tres crímenes

Para el fiscal el aporte de Gisela fue “esencial para que Emanuel F. conociera a quiénes debía disparar y dónde estaban, para conseguir el arma y para que actuara sobre seguro” cuando no había policía patrullando la zona. De las charlas telefónicas surge que Pocha ofreció 30 mil pesos por el trabajo y le indicó a “Paquete” que le diera al sicario la pistola con la que cometió el hecho.

Buena puntería

Antes de ser detenido Pocha Sánchez era, para los fiscales de Homicidios, un alfil de los Ungaro. Según un testigo de identidad reservada era el que tiraba “porque tiene muy buena puntería”. En un juicio abreviado de diciembre de 2019 aceptó 21 años de condena por tres homicidios y dos heridos en el marco de enfrentamientos entre bandas en los barrios Municipal y Parque del Mercado.

El primero fue el crimen de Alberto Luis Ruiz Díaz, a quien el 2 de octubre de 2016 persiguió y remató a tiros en el suelo en Esteban de Luca y Olegario Víctor Andrade. Ese mismo día, y desde el mismo Ford Focus blanco usado en ese crimen, mató a Walter Menna a la salida de un boliche de Mitre entre Montevideo y Zeballos. El 6 de febrero de 2017 mató de dos tiros en el abdomen al quiosquero Sergio Cechini frente a su casa de Sánchez de Thompson al 100.

El viernes pasado el apodo de Pocha volvió a surgir en una audiencia judicial cuando Alan Funes, quien cumple una condena a 35 años de prisión en Ezeiza, fue imputado junto a otros dos supuestos soldaditos a sus órdenes como quien instigó el crimen de Mariel Lezcano. En agosto, la chica había sido condenada a seis años de prisión domiciliaria junto con él y otras personas en una causa federal por narcomenudeo.

La tarde del pasado 13 de octubre fue asesinada por un sicario que a las 18.30 entró al pasillo de Ayacucho 4389 donde vivía y le disparó dos tiros sin mediar palabra cuando ella fue a abrir la puerta.

Del otro lado

Su madre Gisela G. dijo entonces que en los últimos meses había recibido ofrecimientos de Alan, de la hermana de éste de 16 años —según la evidencia administra un búnker familiar—, del padre de los Funes y otros integrantes del clan para que vendiera droga para ellos. Ante su negativa, según dijo, la amenazaron: “Alan te va a hacer volar la gorra. Te va a hacer matar un hijo”, le dijeron a la mujer ahora detenida.

>>Leer más: Imputaron a Alan Funes por organizar un crimen desde prisión y pagar por ello 30 mil pesos

En sus declaraciones sobre el crimen de su hija Gisela G. dijo creer que el ataque estaba dirigido a ella pero la confundieron con Mariel porque las dos tenían la misma contextura física. En las advertencias previas al crimen de su hija, según contó al declarar ante el fiscal Gastón Avila, le dijeron que dejara de juntarse con “Elías de la calle Uriburu” porque era cercano a Pocha, quien a su vez también estaría distanciado de Alan y su gente.