Miércoles 26 de Agosto de 2015
Guy Ritchie se consagró como uno de los directores más personales surgidos de Inglaterra en los últimos años gracias a películas como "Juegos, trampas y dos pistolas humeantes" (1998), "Snatch: Cerdos y diamantes" (2000) y "Rocknrolla" (2008). Sin embargo, desde que se puso al frente de la primera "Sherlock Holmes", dejó bien claro que también era capaz de tomar una franquicia y encontrar la fórmula para proponer algo original y a la vez sumar en la taquilla. Por eso, Ritchie fue el elegido por los estudios Warner Bros para tratar de concretar la escurridiza versión cinematográfica de la exitosa serie de los años 60 "El agente de CIPOL", que mañana se estrena en los cines de Rosario. La estrategia del director fue olvidarse de Robert Vaughn y David McCallum —los icónicos protagonistas de la serie— y hacer algo completamente nuevo, rescatando la sensibilidad de aquella serie pero esquivando el homenaje.
La película está ambientada a comienzos de los 60, con el pico más alto de la Guerra Fría como telón de fondo, y se centra en el agente de la CIA Napoleón Solo (interpretado por Henry Cavill) y el agente de la KGB Illya Kuryakin (el rubio Armie Hammer). Forzados a dejar de lado viejas hostilidades, los dos forman equipo en una misión para frenar una misteriosa organización criminal internacional que está decidida a desestabilizar el frágil balance de poder a través de la proliferación de armas nucleares y de la tecnología.
Pasarla bien. La versión cinematográfica de "El agente de CIPOL" pasó por varias manos, y finalmente Guy Ritchie se hizo cargo de la dirección. "Cuando acepté participar no sabía nada de mis predecesores", confesó el director. "Yo tenía un recuerdo muy bonito de la serie original, con el beneficio que da la nostalgia, por lo que estaba seguro de poder formarme una opinión sobre cómo tenía que ser la versión cinematográfica. Quería usar todo lo que pudiera del tono de la serie, pero a la vez lograr que fuese contemporánea. La idea era entretener a la audiencia, pero también pasarla bien mientras hacía la película", reconoció.
El realizador llegó a hablar con Tom Cruise para que encarnara a Napoleón Solo, pero después se decidió por Henry Cavill, que se hizo conocido gracias a "Superman: Hombre de acero" (2013). La dupla se completa con Armie Hammer, que trabajó en "El llanero solitario" y "Red social". "Me di cuenta de que ellos compartían mi misma frecuencia con respecto al tono que debía tener la película. Parecían entender qué era lo que estábamos haciendo", dijo el director.
Ritchie siempre se ha caracterizado por imponer un toque personal a sus películas, y esta vez también quiso dejar su marca. "A mí me gustan los directores que tienen un punto de vista, y disfruto viendo películas donde podés sentir el acento del realizador. Hacer una película es un trabajo de equipo, pero a la vez debe haber un déspota tomando las decisiones. Es una paradoja, pero si una película solamente está hecha por un equipo, pierde perspectiva. Las mejores películas tienen la mirada única de un director. Creo que las cosas salen mejor así y no puedo dar una respuesta más objetiva. Esta es la manera en que trabajo y suelo dejarme llevar por el instinto", afirmó.
"No es lo que se espera". Los filmes del director británico que estuvo casado con Madonna se destacan por los pequeños detalles, pero él piensa que el público no se detiene en delicadezas. "Por lo general, en este tipo de cine accesible para las grandes masas es algo que se pasa por alto. No le prestan atención a los pequeños detalles de un guión. A veces me desilusiona, porque siento que he logrado un argumento muy sofisticado, pero que luego la audiencia no sabe apreciarlo porque no es lo que espera en este tipo de películas. Yo creo que las grandes superproducciones también pueden tener argumentos sofisticados", apuntó.
Actualmente Ritchie está dirigiendo la primera entrega de "Los caballeros de la mesa redonda", que con el subtítulo "Rey Arturo" estará protagonizada por Charlie Hunnam y Jude Law. De alguna manera, se está acostumbrando al mundo de las grandes producciones. "Mientras hacía «Rocknrolla» jamás se me hubiera ocurrido que iba a terminar haciendo «El agente de CIPOL»", admitió. "Uno va dando pequeños pasos. Cuando un director ha establecido cierto tono en sus películas, puede resultar raro que lo llamen para hacer algo tan diferente, si bien esa diferencia fue precisamente lo que me estimuló. Me tranquiliza saber que soy yo la persona que va a tomar todas las decisiones", enfatizó.
En ese sentido, el realizador dijo que "hacer una película es un poco como reinventar la rueda. Y hasta que la terminás, es muy difícil darte cuenta de lo que has logrado y de lo duro que ha sido", reconoció. "Lo que me gusta de las franquicias es que la mayor parte del trabajo más duro ya fue hecho: el público ya está familiarizado con ese mundo. Hay muchas razones por las que las franquicias funcionan tan bien, y una de esas razones es que la gente ya sabe con lo que se va a encontrar cuando va al cine", concluyó.