Funeral de Estado para Jovanka, la viuda del mariscal Tito
Jovanka, la fallecida viuda del mariscal Josip Broz Tito, el fundador la Yugoslavia comunista, fue despedida ayer con un funeral de Estado en Belgrado.

Domingo 27 de Octubre de 2013

Jovanka, la fallecida viuda del mariscal Josip Broz Tito, el fundador la Yugoslavia comunista, fue despedida ayer con un funeral de Estado en Belgrado. El ataúd de madera de la que era considerada el último icono de Yugoslavia, fallecida el pasado domingo a los 88 años, fue expuesto en el mausoleo de Kuca Cveca (Casa de las Flores), antes de ser enterrada junto a su esposo, fallecido y enterrado allí en 1980.

En medio de salvas, una guardia de honor y ex partisanos de la Segunda Guerra Mundial, así como unos 1.000 defensores de la antigua Yugoslavia, en su mayoría ancianos, con símbolos comunistas en su ropa, dieron el último adiós a Jovanka. "Esta es la partida del último ícono yugoslavo", dijo en un discurso fúnebre el primer ministro serbio, Ivica Dacic. "Jovanka Broz era el orgullo del Estado", subrayó.

Durante los últimos días, los periódicos de toda la región balcánica habían informado de forma destacada sobre el aislamiento y prolongado arresto domiciliario que sufrió la viuda de Tito durante 30 años. Después de la muerte del mariscal en 1980, su viuda había denunciado que fue expulsada de la residencia de su fallecido esposo como "un perro". Jovanka fue obligada a vivir bajo vigilancia en una casa en estado ruinoso, porque los sucesores de Tito temían que tuviese en su poder un testamento político de su esposo.

La violencia comunista en los años 80 fue seguida por el desinterés de los nacionalistas en la década de los 90. También después del cambio democrático en 2000, prácticamente nadie se interesaba por la amarga vida de Jovanka, que junto con su esposo formó durante casi 30 años una pareja estelar que también estaba bajo los focos de la atención internacional.

La viuda de Tito no tenía ni pasaporte ni carnet de identidad, ni un seguro de enfermedad ni una pensión. No fue hasta 2009 cuando le concedieron la ciudadanía serbia y le asignaron una pensión.

Hasta el último momento de su vida vivía en una casa llena de moho, muchas veces sin calefacción y agua. A través del tejado permeable se filtraba agua de lluvia en todas las habitaciones.

Al final, sin embargo, el funeral de Estado fue un reconocimiento a la mujer, totalmente olvidada por las sucesivas clases políticas. En la lápida de mármol blanco que cubre su tumba en la "Casa de las Flores" sólo están escritas, en letras doradas, su nombre y las fechas de su nacimiento y muerte, al igual que en la tumba de Tito.