Miércoles 18 de Diciembre de 2013
El presidente uruguayo Pepe Mujica, sin dar mayores precisiones, ha dicho en febrero de este año: "En Argentina son todos peronistas, hasta los que no son peronistas".Seguramente el mandatario oriental, mirándonos desde el privilegio de la exterioridad, se siente confundido por, sobre todo, las líneas discursivas de los principales hombres de la política argentina y por la pertenencia, declarada, de muchos de ellos, al peronismo.
En La Capital, en un artículo cuyo título es "La Argentina peronista", Walter Palena deja sentada, en pocas y bien escritas palabras, la misma idea de Mujica pero con el método de puntualizar hechos concretos que lo llevan ha afirmar que "la peronización del electorado deja en cancha a Massa, Scioli, De la Sota, y el candidato que defina el kirchnerismo". Agrega que "faltan aún dos años, pero nada mejor que empezar a observar los movimientos de ese gran magma que es el peronismo para saber donde comienza el poder".
Así vistas las cosas, la argentina se ha peronizado, irremediablemente.
Es cierto que valores que forman parte de la doctrina peronista han impregnado la cultura argentina y, como consecuencia, sus principios incorporados como derechos, o políticas, por la ciudadanía y asumidos por la dirigencia. Basta hacer un poco de historia para comprobarlo.
En 1945 la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Sociedad Rural (SR) enfrentaron a Perón por no estar de acuerdo con la instauración de medidas a favor de los trabajadores, como el Estatuto del peón rural, la jubilación, el aguinaldo y las vacaciones anuales. Terminaron formando parte del conglomerado de la UCR, el socialismo, el PDP y otros, que fueron finalmente derrotados por Perón. Hoy estas conquistas sociales son aceptadas (eso creo) por la mayoría de los argentinos.
También es cierto que lo realizado en el gobierno de Perón por el ministro Ramón Carrillo por la salud pública argentina, hoy es reivindicado por los especialistas de todas las fuerzas políticas, pese que Carrillo fue perseguido por la "Revolución Libertadora", cuyo Consejo Consultivo integraban importantes líderes políticos, y murió pobre y olvidado en Brasil.
Tampoco me imagino hoy que ninguna fuerza política rechace las políticas de pleno empleo, industrialización y sustitución de importaciones puestas en vigencia en 1946 por Perón.
Como estos ejemplos podría citar muchos mas de políticas de avanzada (divorcio vincular, protección de la niñez, construcción masiva de escuelas y hospitales, obra pública para garantizar el empleo) que incorporó Perón en su gobierno, con el virulento rechazo de los líderes de la oposición, y que hoy son aceptados por la mayoría de los argentinos y, por ende, por los dirigentes políticos.
Ahora bien. ¿Para considerar peronista a un dirigente basta con aceptar que diga que lo es y adhiera a políticas que ya casi toda la sociedad aprueba?
Yo creo que no. Hay políticas peronistas que muchos que se dicen que lo son no aceptan, y parte de la sociedad tampoco, y no solo eso: adhieren, con todo derecho, a principios opuestos. Hay mucha literatura para entender lo que es el peronismo, pero, además, tengo muchos años de militancia y he conocido muchos dirigentes que militaron junto a Perón (desde J.W.Cooke al doctor Stafforini —inventor de la palabra justicialismo— Cafiero, Robledo, Framini y otros) como para saber distinguir lo auténtico de lo que no lo es.
Perón construyó el edificio de su doctrina con principios que explicó claramente al pueblo: soberanía política, justicia social e independencia económica.
¿Todos los que dicen peronistas aceptan estos principios? Seguramente si se les pregunta a los dirigentes, dirán que sí.
Pero cuando hablamos de soberanía política debemos recordar que Perón no se sometió a los dictados de la política exterior de EEUU, el imperio naciente después de la guerra.
Yo pregunto. ¿Son peronistas los dirigentes que no aceptan la Unasur —o sea el sendero abierto por Kirchner, Lula, Chávez, Correa— que sigue la idea de la unidad latinoamericana de Perón y otros patriotas?
¿Y qué decir de los que son —como demostró el affaire Wiki-leaks— visitantes asiduos de la embajada de EEUU?
Perón hizo, acompañado por Evita, de la justicia social su principal política de Estado.
¿Los dirigentes de esta provincia que fueron a apoyar a los piquetes de los productores agropecuarios, oponiéndose así a la redistribución del ingreso que significan las retenciones, son peronistas?
¿Pueden decirse como tales los que colaboran con el macrismo y apoyan a un candidato que se opone a la asignación universal por hijo porque, aduce, sin ningún fundamento, que las adolescentes "de 12 o 13 años quedan embarazadas para tener a los tres meses un poco de platita".
La independencia económica luego de años de dependencia del imperialismo británico —éramos "la joya de la corona"— fue otro eje de acción del peronismo en sus comienzos.
El acta de su declaración de 1947 dice: "…para reafirmar el propósito del pueblo argentino de consumar su emancipación económica de los poderes capitalistas foráneos que han ejercido su tutela, control y dominio, bajo las formas hegemónicas económicas condenables y de los que en el país pudieran estar a ellos vinculados".
¿Son peronistas los que critican el pago de la deuda con el FMI que significó el adiós a su imposición de políticas recesivas?
¿Lo son los que se quejaron del "destrato" a Bush cuando, en Mar del Plata, se enterró el Alca privilegiando el Mercosur?
¿Son peronistas los críticos de la renegociación de la deuda externa, la más exitosa que se halla realizado en el mundo?
¿Son peronistas los que critican el contrato con Chevron que significa inversión bajo la conducción de YPF y siguen la línea de los hoy reivindicados contrato de riesgo de Perón con la California?
¿Son peronistas los aliados al multimedio Clarín para que no se ejecutara la Ley de Medios, legislación democrática y de avanzada?
Hoy como ayer, está en juego la soberanía política, la justicia social y la independencia económica. Pero, además, y fundamentalmente, lo que diferencia a los peronistas de los que dicen que lo son es el apoyo, o no, a la intervención del Estado para equilibrar las posibilidades de desarrollo personal de todos los argentinos. El "intervencionismo estatal" lo llaman los partidarios de "mercado". Para el peronismo se gobierna para el conjunto de la sociedad o se gobierna para el complejo monopólico industrial, financiero y mediático.
Como diría el propio Perón "yo les pregunto en que país la economía es libre. Cuando no la orienta el gobierno, la orientan los grandes consorcios financieros, con esta diferencia: el gobierno la orienta en beneficio de los habitantes del país y los consorcios capitalistas hacia sus cajas registradoras".
El gobierno kirchnerista, más allá de los errores cometidos, ha desarrollado muchas de las políticas que Perón implementó y es, en ese sentido, la aproximación más grande que hubo al peronismo histórico.
Lamentablemente no pudo implementar, por impericia propia y gorilismo ajeno, la idea planteada por Kirchner de paso por nuestra ciudad en el 2003 : "Tenemos que gobernar el país. No importan los partidos a los que pertenecemos cuando tenemos una tarea así por delante", para agregar: "Yo creo en una Argentina transversal, ya vimos lo que pasó cuando teníamos una Argentina uniforme".
Esta es una versión actualizada de una idea de Perón: la construcción política multipartidaria de un frente nacional que defendiera las políticas a desarrollar, tarea en la que el general, como en tantas cosas, era un maestro.
Quizás Cristina, inteligente y abnegada continuadora de la tarea de Néstor, finalmente lo pueda llegar a cabo.