Central logró un triunfo terapéutico y muy necesario ante Arsenal
El equipo de Russo se repuso del cachetazo que significó la eliminación de la Sudamericana y venció a Arsenal por 3 a 1 con una gran actuación del colombiano Valencia.

Lunes 22 de Septiembre de 2014

“Son momentos”. Una de las frases de cabecera de Russo. El de ayer no era un momento más. Al menos eso es lo que parecía. Reacomodarse en el torneo y erguir la cabeza era algo que se buscaba para fortalecer el ánimo. Eso está fuera de discusión. También lo está el hecho de que la necesidad de reencontrarse con una victoria iba a servir para empezar a enterrar los dos cachetazos que Central venía de sufrir (Tigre y Boca), con una eliminación de Copa Sudamericana que aún martirizaba. Hasta la vigilia política podía tener su espacio en ese combo. Con todo ello el Canalla pisó el Gigante. Y después de 90 minutos, en los que el verdadero y gran sostén futbolístico apareció sólo en cuentagotas, el objetivo se cumplió. De allí la sensación de que el triunfo por 3 a 1 ante Arsenal fue más terapéutico que otra cosa. Fue un lastre grande que se soltó, que seguramente todavía no archiva esos últimos malos recuerdos, pero que alivia bastante.
  Observar de una manera distante el número final puede llevar al fácil ejercicio de pensar que para Central fue un trámite. Lejos estuvo de serlo. Fue más bien todo lo contrario. Porque hubo ataduras lógicas en esa clara intención de dar vuelta la página, que durante gran parte del partido ganaron protagonismo. Incluso en los momentos en los que el Canalla manejaba las acciones pero sin demasiada claridad. Y lo meritorio de ayer fue que no sólo se repuso de aquellos siete goles que había sufrido en apenas un puñado de días, sino que la superación incluyó ese cachetazo que Arsenal le propinó cuando el encuentro recién abría los ojos.

Ese gol de Zelaya que puso en ridículo a todo un equipo que no pudo ni supo defender su propio arco con un mínimo grado de convicción y sapiencia complicó todo. Era remarla pero desde mucho más atrás, con una sana intención de encontrar los momentos, pero con cierta liviandad en los movimientos.
  Allí sólo algunas corajeadas de Medina y algún que otro cambio de ritmo de Becker sirvieron para entender que la cosa era viable. Precisamente de los pies de Becker nacieron las mejores situaciones. Primero con una asistencia perfecta para Valencia, quien remató alto, y sobre el final del primer tiempo con un tiro libre que se estrelló en el travesaño. Era poco lo que se había hecho, más allá del orden y del control sobre las intenciones ofensivas del rival.
  De la casi sentencia de Arsenal (Burzio lo tuvo a los 6’ del complemento) al click que nació de los pies de Valencia, quien ya con Abreu en cancha comenzó a moverse de una manera distinta, y también de parte de Becker. Ellos comenzaron a inclinar la balanza, amén de que el empate llegó por intermedio de Musto (66’). Hubo menos tensiones y más euforia, menos peso y más decisión, menos nervios y más atrevimiento. Y en ese nuevo tablero Central terminó de acomodarse. Fue cuando Becker ensayó una apilada formidable de derecha al centro y metió una asistencia perfecta para que el colombiano definiera cruzado (75’).
  Arsenal se quedó sin libreto y Central leyó bien lo que debía hacer. Por eso cada ataque tenía olor a gol. Y ese gol, mejor dicho golazo, llegó a cuatro del final, con una sutileza de Valencia, que sirvió para plantar bandera, para mirar el futuro con una mayor cuota de optimismo, pero sobre todo para lograr una victoria que tal vez no le haya aportado tanto a los números como sí a la cabeza.