Domingo 12 de Octubre de 2008
El lunes 15 de septiembre de 2008, cuando el índice Dow Jones bajó de 4,4 por ciento, no será recordado como uno más de los "lunes negros" en la historia de los mercados. Tomando en cuenta el ranking de las 100 caídas diarias más importantes de Wall Street, ésta fue el primer impacto profundo (top-100) en seis años, incorporándose al cuadro en el puesto número 63. Pero allí no terminó todo. Antes de poder asimilarlo, otros tres impactos profundos tuvieron lugar: el miércoles 17 (-4 por ciento, puesto 84); el lunes 29 (-6,9 por ciento, puesto 11); y el martes 7 de octubre (-5,1 por ciento, puesto 33).
¿Qué otros lunes negros acontecieron en los mercados? El lunes 19 de octubre de 1987, la más importante caída del Dow Jones en una sola jornada: -22 por ciento, atribuida a una sobrevaluación generalizada de activos, la iliquidez reinante y asombrosamente a las computadoras que aceleraron el derrumbe colocando órdenes de venta electrónicas en espiral, basadas en información externa que recibían de los mercados de futuros. Esta modalidad, conocida como "program trading" demostró que en determinadas circunstancias es preferible prescindir de la superabundancia de información.
El lunes 28 de octubre de 1929, segundo en el ranking con una caída del 11,7 por ciento, marcó el inicio de la "Gran Depresión". ¿Por qué siendo esta caída la mitad de la anterior es largamente la más recordada? Es que significó el preludio de un lento y sistemático derrumbe del mercado que duró hasta el 8 de julio de 1932, cuando finalmente el índice Dow Jones encontró un piso, luego de haber perdido en algo menos de tres años cerca del 95 por ciento de su valor. La causa: un exceso de especulación que condujo a cientos de miles de individuos, sobre finales de los años 20 a comprar acciones, aún con fuerte endeudamiento. En aquel momento los agentes de bolsa prestaban a pequeños inversores más de las dos terceras partes de las acciones que les compraban, lo que dio origen a una formidable burbuja especulativa cuyo estallido hizo tambalear a la economía mundial.
Más recientemente, otros dos lunes negros, el 27 de octubre de 1997 y el 31 de agosto de 1998, con bajas diarias del 7,2 por ciento y 6,7 por ciento respectivamente, señalaron los impactos de las crisis asiática y rusa.
La historia de los impactos profundos en el mercado accionario de Wall Street también muestra una tendencia a la reducción de la cantidad de eventos posteriores a cada lunes negro. Mientras que entre aquel fatídico día de octubre del 29 y mitad del 32 se sucedieron 75 bajas diarias de un promedio del 5,1 por ciento cada una, en décadas posteriores, a cada caída extraordinaria le sucedieron sólo entre 5 y 8 impactos "top-100", pero de una intensidad promedio levemente creciente a lo largo del tiempo. Por ejemplo, en los 90 ese promedio había ascendido al 5,5 por ciento en cada caso.
Este hecho estaría mostrando una "curva de aprendizaje" en la contención de los efectos posteriores a cada crash, aunque no en la virulencia de los mismos.
El rebote
Otro dato interesante es observar cuánto tiempo demandó al mercado recuperar el nivel que tenía, previo a una caída relevante. En este sentido, se tuvo que esperar 25 años para que el Dow Jones volviera a la misma cota que tenía el viernes previo a aquel lunes de octubre de 1929. El impacto de octubre de 1987 se recuperó en 15 meses, mientras que se requirieron 18 y 12 días respectivamente para volver a los niveles de índice anteriores a las crisis de Asia y Rusia.
Si se analiza el deslizamiento posterior del mercado a los
“lunes negros” más famosos, lo que ha sucedido desde el martes 16 de septiembre pasado
hasta el martes 7 de octubre inclusive, registra un escalofriante puesto número 1, con una caída
total del Dow Jones de 13,5%. Le siguen los quince días posteriores al lunes 28 de octubre de 1929,
con -7,45%.
Sin embargo, al peor lunes negro de la historia (19 de octubre de 1987)
le sobrevinieron 15 días en donde el Dow Jones recuperó un 9,3%.
Es cierto que cada crisis trae una novedad, pero también es
cierto que siempre hay puntos de contacto con el pasado. Las hipotecas “subprime” no
existían en 1929, pero sí un sobreendeudamiento derivado de la compra apalancada (con deuda) de
activos. Esperemos que el tratamiento se haya refinado lo suficiente.
Marcelo J. Rossi (Facultad Ciencias Económicas, Universidad Austral)