El rosarino no le escapa a ser estratégico y selectivo a la hora de las compras en medio de una crisis que se siente en el bolsillo
15:20 hs - Viernes 05 de Junio de 2026
Se contó que ir al supermercado en época de crisis significa comprar poquito, sin marcas y con la religión del descuento. No es novedad que hay una caída del consumo minorista en Argentina y Rosario no es la excepción, donde la pérdida del poder adquisitivo también refleja cambios drásticos en los hábitos de compra.
Según cuenta Juan Manuel López Raido, representante de la Cámara de Supermercadistas de Rosario, lo más evidente es que los consumidores han abandonado las grandes compras mensuales y quincenales para adquirir productos solo según su ingreso diario.
Por eso se puede ver una postal que antes no en los supermercados: clientes con un puñado de unidades en la cola. Además se nota la elección de terceras marcas y hasta cambios en la alimentación: carbohidratos (fideos, en el mejor de los casos legumbres) sobre proteínas más costosas como la carne vacuna. En caso de priorizar comer carne se busca de pollo o cerdo.
Supermercado, a la baja
El panorama actual refleja una crisis de rentabilidad para los comerciantes, quienes enfrentan dificultades crecientes para cubrir sus costos operativos ante la falta de recuperación económica. “Hasta que el poder adquisitivo no levante, seguirá igual”, explican.
Durante el primer trimestre de 2026, el consumo masivo en Argentina ha consolidado una tendencia de estancamiento y debilidad, obligando a las familias a una transformación drástica en sus conductas de compra no sólo en qué se compra sino cómo se paga.
El deterioro de las promociones bancarias es notorio ya que las entidades financieras han reducido su participación en los descuentos compartidos con los supermercados. Igualmente los consumidores intentan ir a las bocas de expendio los días de promociones y descuentos.
La metamorfosis del "changuito"
El panorama del consumo masivo en este primer semestre del año revela una involución marcada respecto a meses anteriores, con una caída sostenida tanto en el volumen de compras como en la variedad de productos.
Los nuevos comportamientos de los consumidores no son solo una respuesta a la crisis, sino una erosión de los hábitos tradicionales de compra.
Uno de los cambios más drásticos se observa en la frecuencia y volumen de las transacciones. Las grandes compras mensuales o quincenales de abastecimiento han dejado de existir prácticamente.
Hoy, el consumidor se maneja bajo una economía de supervivencia: realiza compras pequeñas a medida que dispone de ingresos, ajustando su ritmo de gasto al flujo diario de dinero. En ese escenario crece la compra en pequeños almacenes, o comercios de proximidad más que hipermercados.
También la selección de productos ha sufrido una degradación nutricional y de calidad. Por ejemplo, supermercadistas notan que hay una suerte de sustitución de proteínas. En el sector cárnico, la carne vacuna —cuyo precio ha tenido picos por encima de otras opciones— está siendo desplazada por el consumo de pollo y cerdo.
Por eso detectan que existe una tendencia creciente a priorizar la compra de carbohidratos en detrimento de productos más nutritivos o saludables, los cuales han dejado de venderse a los niveles de otros tiempos.
Por otro lado, vuelve el clásico de evitar primeras marcas. Los consumidores están abandonando las marcas líderes para volcarse masivamente a terceras marcas con el fin de estirar el presupuesto. Incluso han registrado que los artículos de limpieza y de aseo personal también han registrado una caída notable en las ventas.
Descuentos
El sistema de descuentos, que antes alentaba el consumo, atraviesa una crisis de sostenibilidad. Durante fines del año pasado y principios de este, las relaciones entre los supermercados y las entidades financieras se tensaron.
Históricamente, las ofertas se sostenían en un esquema 50/50 entre bancos y comercios, pero el sector bancario ha priorizado reducir su aporte porcentual.
Esto ha derivado en que muchas negociaciones no prosperen, dejando a las góndolas sin las promociones vigentes que solían atraer clientes en días puntuales.
Este fenómeno es palpable en los supermercados de cercanía y más chicos del Gran Rosario, donde en ciertos barrios la caída es incluso superior a la media nacional.
Ante la desaparición de herramientas de fomento como la Billetera Santa Fe y las limitaciones de otras tarjetas, las billeteras virtuales han intentado tomar la posta.
Sin embargo, el sector advierte que la situación sigue siendo preocupante porque la caída de ventas es tan persistente que los márgenes actuales ya no alcanzan para cubrir las estructuras de costos, y no hay indicios de recuperación para lo que queda del semestre.