Aldo Ferrer: "La economía de mercado, para funcionar, necesita del Estado"
"La Argentina necesita un shock de razonabilidad y de racionalidad para bajar el grado de drama permanente en el que malviven la economía y la política". La opinión del economista Aldo Ferrer ilustra lo que, a su juicio, es el mayor déficit nacional de cara al Bicentenario: la incapacidad para generar consensos y la tendencia casi suicida a fracturar cualquier proceso de acumulación en el tiempo.

Domingo 21 de Junio de 2009

"La Argentina necesita un shock de razonabilidad y de racionalidad para bajar el grado de drama permanente en el que malviven la economía y la política". La opinión del economista Aldo Ferrer ilustra lo que, a su juicio, es el mayor déficit nacional de cara al Bicentenario: la incapacidad para generar consensos y la tendencia casi suicida a fracturar cualquier proceso de acumulación en el tiempo. A favor de construir "densidad nacional" para pararse frente al mundo y militante del "vivir con lo nuestro", Ferrer participó en Rosario de una charla sobre el Bicentenario organizada por la Universidad Nacional de Rosario.

La fecha del Bicentenario coincide con una época de cambios muy importante a nivel global. La crisis global obligó a los países centrales a depurar los vicios del capitalismo financiero, revitalizó el papel de los Estado-Nación y volvió a poner de moda conceptos del siglo XX como regulación, nacionalizaciones e intervencionismo. En ese marco, Argentina aparece en escena con varios años de crecimiento sobre sus espaldas y con las heridas cicatrizadas después del estallido de 2001.

  —¿Cómo llega la Argentina al Bicentenario?

  —Argentina ha podido recuperar el dominio sobre si misma después de una de las peores crisis que recordemos. Si hacemos un balance económico y social, la crisis de 2001 significó el final de años de política neoliberal caracterizados por la venta del patrimonio nacional y por políticas de castigo a la producción. Los pronósticos eran muy negativos, así como la crisis política. Sin embargo país respondió, la democracia resistió y hubo un cambio del rumbo económico. Se pudo arreglar con los acreedores y la actividad económica retomó fuertemente. Y aunque subsisten algunos interrogante y desajustes, lo bueno es que ya no dependemos de las decisiones de otros, tenemos gobernabilidad, los recursos están, los instrumentos de política económica también, y venimos de años con aumento de la masa salarial y del empleo.

  —¿Cuáles son los interrogantes o desajustes que subsisten a pesar de la recupera ción?

  —Sin duda nuestro gran desafío pasa por lograr generar más y mejores consensos. Tenemos que dejar de esperar que la solución llegue desde afuera, si entendemos esto seremos capaces de recuperar un lugar de importancia en el mundo. Pero para eso tenemos que sentarnos y debatir los temas de fondo sin dramatizar. Creo que el conflicto del campo es el mejor ejemplo de cómo no hay que hacer las cosas. Tenemos una estructura productiva desequilibrada donde lo que corresponde es discutir en términos de estructura, no de renta, que fue lo que impidió acordar con el campo. Veo que hoy la política está muy crispada, todo se vuelve rápidamente un drama —la energía, el Indec, la inflación— que forma parte de una tendencia a potenciar lo negativo y a desconocer los recursos. Precisamos un shock de racionalidad y de razonabilidad en todos los sectores.

  —¿Cómo se adapta el país a la nueva realidad mundial?

  —Cada país tiene la globalización que se merece, hay que ver cómo responde cada uno a los cambios que plantea el mundo, y preguntarse cómo nos ubicamos nosotros en ese contexto. Hemos dado malas respuestas a esa interacción, por ejemplo vendiendo nuestro petróleo y con la deuda. Hoy necesitamos mirar hacia adentro y construir lo que llamo la densidad nacional. Si nos fijamos en Brasil, allí han sido capaces de armar políticas estratégicas a lo largo del tiempo en terrenos clave como la petroquímica, la aeronáutica y la ingeniería. Nosotros acá hicimos todo al revés. La mejor manera de estar en el mundo es construyendo soberanía y con poder nacional de decisión.

  —¿Cómo evalúa el papel del Estado en la economía?

  —Para mí, el papel del Estado en los mercados es insustituible. Queda claro que la economía de mercado necesita del Estado para funcionar bien, eso es así desde el origen del capitalismo. Lo hizo Gran Bretaña, cuna del capitalismo industrial. Existen límites, no se puede hacer todo. Aún así, sigue existiendo una carga de resentimiento antiestatal, a pesar del final del paradigma neoliberal y de que la imagen del Estado ausente para sacar las regulaciones se desplomó a la par de la caída de las Bolsas. Hoy vemos que los Estado tuvieron que venir a rescatar al sistema, tal como pasó acá en el 2002. Igual, en Argentina los prejuicios subsisten, y como suele pasar acá no se discute la forma que debe tomar la intervención estatal, sino directamente si se debe o no se debe hacer. Es una de nuestras especialidades, fracturar los procesos de acumulación, sean estos institucionales, industriales o tecnológicos.