"A la gente le resulta increíble que alguien desde su casa movía el muñeco que todos estaban viendo en sus casas", contó la conductora en una entrevista
14:01 hs - Martes 18 de Agosto de 2026
Mucho antes de que los celulares formarán parte de la vida cotidiana de los más chicos, un programa de televisión infantil de los años noventa había encontrado una manera de combinar entretenimiento, juego, tecnología y participación. “A Jugar con Hugo”, conducido por Gabriela Roife, permitía que los chicos jugaran desde sus propias casas utilizando el teléfono como control y la pantalla del televisor como escenario. Ahora, más de tres décadas después de aquella primera emisión, la conductora volvió a hablar sobre el programa y recordó cómo era aquella experiencia.
El 4 de noviembre de 1996 salió por primera vez al aire “A Jugar con Hugo”, la primera producción original de Magic Kids. El ciclo, conducido por Gabriela “Gaby” Roife, era una adaptación de un formato de Dinamarca. La propuesta era moderna y tecnológica: los chicos llamaban por teléfono desde sus casas y utilizaban las teclas del aparato como si fueran los comandos de un control de joystick. Del otro lado, una computadora recibía las órdenes y permitía que el participante manejara en tiempo real al personaje Hugo, mientras la aventura se veía en la pantalla del televisor. Durante sus años al aire se realizaron más de 6.700 emisiones y se mantuvo durante casi una década, hasta el 31 de diciembre de 2005, cuando se anunció el final del ciclo.
Más de tres décadas después de aquel estreno, Gabriela Roife volvió a hablar sobre “A Jugar con Hugo” y recordó cómo era estar al frente del programa. La conductora fue invitada al canal de streaming “NewsDigitales”, donde repasó distintos aspectos de aquel formato televisivo y contó detalles sobre cómo funcionaba el juego y la experiencia de los chicos que participaban desde sus casas.
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El éxito de "A jugar con Hugo"
En diálogo con el periodista Federico Carestia, Gabriela Roife recordó la importancia que tuvo “A Jugar con Hugo” para toda una generación. “Fue la infancia de los noventa”, comenzó diciendo la conductora. Roife contó que, antes de llegar a la televisión, era maestra jardinera, aunque siempre había tenido una fuerte inclinación por el teatro y siempre fue una persona muy “histriónica”.
Además comentó que el éxito del programa se hizo evidente desde su primera emisión. “Y me acuerdo llegar al día siguiente al estudio y que me digan: ‘No, explotaron los teléfonos, o sea, es una locura’. Estaba totalmente colapsado el sistema”, recordó.
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Cómo funcionaba "A jugar con Hugo"
Una de las preguntas que más se repitió durante los años fue si realmente los chicos podían manejar a Hugo desde sus casas o si detrás de la pantalla había algún mecanismo que hacía parecer que el juego era interactivo. Consultada sobre ese tema, Roife fue contundente: “Si hubiera sido mentira, yo ya a esta altura diría: ‘No, bueno, sí, jugaba un productor’. Todavía hoy me lo preguntan y cuando yo explico más o menos cómo era, se quedan como… Me hacen como una cara como que no me lo terminan de creer, como que todavía a la gente le resulta increíble que alguien desde su casa movía el muñeco que todos estaban viendo en sus casas”.
En ese sentido, el periodista le preguntó acerca del hecho de apretar el cinco, una de las marcas distintivas del programa. “El 5 era para ver si el teléfono era apto, porque todavía había mucha gente que tenía el teléfono no con tono sino con pulso”, recordó la conductora.
Otro de los aspectos más llamativos del programa era el delay. Roife contó que, con el tiempo, aprendió a manejar esa demora de manera automática. “Cuando empezaba a hablar con el chico ya se me hacía, no sé, era automático, ya lo tenía incorporado. Pero mientras yo ya hablaba con el chico, ‘hola, ¿qué tal? ¿Qué hiciste hoy?’, con lo que el chico tardaba en contestar, sabía lo que iba a tardar en apretar los botones más o menos”, explicó.
La conductora también explicó cómo se seleccionaba a los participantes. Según contó, cada tanto podía aparecer algún participante que llegaba por un contacto con la producción, pero la mayoría de los jugadores, sin embargo, eran seleccionados al azar entre las personas que llamaban. “Alguna vez jugó algún conocido de alguien, pero eran tantos participantes y tantos programas que la gente que jugaba era real, y los que jugaban no eran conocidos de nadie, les tocaba”, explicó Roife.
Para poder participar, los chicos debían llamar previamente durante el día, fuera del horario del programa. “Ahí había una especie de juego telefónico grabado por mi voz que te guiaba”, explicó. Si el aparato funcionaba correctamente, el sistema permitía dejar los datos y luego la producción seleccionaba a los participantes al azar para los distintos programas.
El programa también estaba acompañado por una serie de premios para los participantes. Según detalló Roife, el ganador de cada programa se llevaba una bicicleta y, al finalizar el mes, los ganadores eran divididos en cuatro grupos para el premio mayor. De cada grupo surgía un ganador y los cuatro finalistas competían por un viaje a Disney. Y detalló que los premios los pagaba la productora, "no había chivo ni canje", detalló.