Jueves 17 de Agosto de 2023
Xuxa fue un fenómeno cultural que dejó huella en quienes se criaron en los ochenta y noventa. La conductora marcó a varias generaciones en su natal Brasil pero también en otros territorios latinoamericanos como Argentina, donde su popularidad fue total. En el 2023, en una nota con el New York Times, la “reina de los bajitos” hizo una autocrítica sobre los estereotipos de belleza que construyó en el pico de su fama.
“Yo venía a ser la muñeca, la niñera, la amiga de estos niños. Una Barbie de aquella época”, dijo Xuxa, a sus 60 años. La identificación con la muñeca no es casual. La reciente y exitosa película de Greta Gerwig funcionó como un mea culpa, a través del humor, de los estándares de cuerpos que Barbie propuso durante décadas a las infancias. Y la conductora está en ese mismo proceso.
El debate y la entrevista se enmarcan en otro contexto particular. El pasado 10 de agosto se estrenó “Xuxa, el documental”, una serie de cinco episodios hecha para Globoplay, la plataforma de uno de los medios más grandes de Brasil. Allí no sólo se repasa la carrera de Xuxa y su transformación en una estrella, con todos los que costos que eso implicó para su persona, sino que también se reflexiona críticamente sobre si una mujer blanca, delgada y rubia era un ícono adecuado para un país con tanta diversidad cultural.
Según evalúan varias voces especializadas, el problema no era solamente que Xuxa tuviera esas características, sino que sus famosas Paquitas y la enorme mayoría de las 200 personas que aparecían periódicamente en pantalla, también las cumplieran, sobre todo en torno a la blanquitud y falta de representación afrodescendiente. “No lo veía mal. Hoy sabemos que está mal”, afirmó la ex conductora en la entrevista.
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Xuxa tenía 23 años cuando en 1986 empezó a conducir el ciclo que revolucionaría la televisión brasileña e iniciara el furor regional. En su carrera, vendió más de 26 millones de discos y 30 millones de entradas al cine con sus películas, rompiendo todos los récords de taquilla existentes en el país vecino. Esa enorme popularidad la convirtió en una referente para varias generaciones de adolescentes, que aspiraban a parecerse a la "reina de los bajitos".
“Madre santa, qué trauma les puse en la cabeza a algunos niños. No fui yo quien lo decidió. Pero lo avalé. Le puse mi firma”, aseguró, haciéndose cargo de su responsabilidad en el asunto.