Domingo 18 de Junio de 2023
Los personajes de “Sex and the city” vuelven a las pantallas. El próximo 22 de junio se estrena la segunda temporada de "And Just Like That...", la serie continuación del clásico de los noventa que en 2022 retomó la vida de Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker) y sus amigas, con la notable ausencia de la icónica Samantha (Kim Cattral). Además de habilitar una nueva oportunidad para ver cómo se desarrolla esta narrativa en el presente, este regreso se enmarca en una larga tradición sostenida por HBO Max, que históricamente hizo lugar y jerarquizó las representaciones de mujeres y personas LGBTIQ+.
“Sex and the City” tuvo seis temporadas que se emitieron entre 1998 y 2004. En ese momento de cambio de milenio, la serie fue un suceso por dos motivos que al día de hoy resultan valorables: el inusual foco narrativo en un grupo de amigas (a pesar de que la búsqueda del amor de pareja siempre rondaba) y el abordaje de la sexualidad de las mujeres, desde su propio punto de vista. Al margen de esto, las cuatro amigas de Nueva York construían un parámetro de difícil identificación con el común de las personas: todas de clase media alta, y acorde a distintos parámetros estereotípicos de femineidad y belleza. El hecho de si puede considerarse o no un contenido feminista ha sido objeto de muchas tesis y varias notas de opinión en los casi veinte años que pasaron desde su finalización.
Aquello de que “Sex and the City” supo contar la sexualidad femenina desde “su propio punto de vista” es cierto sólo hacia el interior del universo ficticio, donde la voz de Carrie va guiando la historia mientras escribe sus famosas columnas para una revista. Aunque está basada en un libro del mismo nombre escrito por Candace Bushnell (una Carrie de la vida real), la serie estuvo creada y desarrollada por Darren Star, un varón gay. Entre las múltiples personas que colaboraron con la ficción a lo largo de los años, se destacó Michael Patrick King, que también estuvo a cargo de las películas basadas en la serie y es el actual showrunner de "And Just Like That...".
En esta continuación, la ficción busca responder algunas críticas (retroactivas) en términos de poca representación de la diversidad racial, sexual y de género. Sobre todo en el último tiempo, estas cuestiones han adquirido enorme relevancia en el paisaje hollywoodense, como consecuencia de movilizaciones sociales como el MeToo y Black Lives Matter que impulsaron un cambio cultural, al menos en términos formales. Es en parte por esto que en “And Just Like That…” se sumaron varios personajes afro-estadounidenses y LGBTIQ+. Por ejemplo, Sara Ramírez interpreta a Che, una persona no binaria de ascendencia latina. Aunque podría parecer un poco forzado, la incorporación de esta vida misma en las burbujas de privilegio en las que viven Carrie, Miranda y Charlotte se da en principio con bastante gracia: los personajes aparecen como mujeres de casi sesenta, un poco desactualizadas con algunas temáticas, que torpemente se van aggiornando.
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Mucho cambió en las décadas que pasaron desde el estreno “Sex and the City” a la inminente segunda temporada de "And Just Like That...", pero algo se mantuvo: la disposición y astucia de HBO para darle lugar a las nuevas voces creativas capaces de retratar y comentar cada clima de época.
En 2012, le dieron luz verde a “Girls”, la serie creada, escrita, dirigida y protagonizada por Lena Dunham, una joven cineasta neoyorquina que daba por entonces su primeros pasos en la industria con provocadoras películas independientes. Una protagonista escritora, un grupo de cuatro amigas, y Nueva York como sede hicieron que rápidamente esta ficción fuera considerada la “Sex and the City millennial”. Y un poco de eso fue, queriendo o no. A lo largo de sus seis temporadas (emitidas por HBO entre 2012 y 2017), “Girls” siguió a la peculiar Hannah Horvath (una aspirante a escritora, mucho menos hegemónica, encantadora y consagrada que Bradshaw) y sus amigas Jessa, Shoshanna y Marnie. El grupo transita sus “veinti”, ese paso definitivo a la adultez, con total imperfección y muchas dificultades a pesar de sus privilegios: otra vez son cuatro mujeres blancas, de clase media y heterosexuales. Aunque esto fue objeto de críticas, la astucia poco valorada de Dunham como narradora fue enfatizar esos privilegios y esas ineptitudes, construyendo una serie de personajes con los que no pedía empatizar ni querer.
En la primera escena de la serie, los padres de Hannah le comunican que van a dejar de sostenerla económicamente. Ella, como buena millennial, responde que necesita apoyo para convertirse “en la voz de su generación, o al menos una voz de una generación”. Y sin dudas, los ejecutivos de HBO que recibieron la propuesta vieron una verdad meta ficticia en esa afirmación: Dunham y “Girls” fueron efectivamente una voz bastante resonante de una generación cambiante y muy difícil de representar. En este sentido, la serie supo incorporar el costado más vulnerable de la sexualidad libre de las mujeres jóvenes, sin romantizar ni tampoco dar lecciones morales, y dialogar así con el contexto de expansión de los feminismos y creciente visibilización de las violencias hacia las mujeres. “Girls” recibió veinte nominaciones a los premios Emmy y ganó dos premios Golden Globe.
Un poco más acá en el tiempo, HBO también fue la casa productora que le abrió las puertas a Michaela Coel, una creadora británica de ascendencia ghanesa. Aunque ya tenía antecedentes fuertes en la televisión inglesa, fue para HBO que Coel creó, escribió, dirigió y protagonizó (como Dunham en “Girls”) su obra “I May Destroy You”. Esta serie de una sola temporada no tuvo la masividad de los otros ejemplos aquí retomados, ni de otras ficciones contemporáneas también de HBO (como la mega popular “Euphoria”), pero es una verdadera gema. Coel aborda (y encarna) con una habilidad notable, y sin superioridad moral, la intersección de las violencias que afectan a una mujer joven y negra en Londres. Crea un relato contundente, que no necesita recurrir a las provocaciones vacías ni los golpes bajos para narrar la complejidad de la violencia sexual, de género y racial que atraviesan los personajes. Por este trabajo, Coel se convirtió en la segunda mujer en la historia en ganar un premio Emmy a Mejor Guión, y recibió múltiples nominaciones en varias. Un dato notable es que, al momento de firmar contrato, la creadora pidió autonomía y control total a HBO sobre su producto. Y se la dieron.
El ejemplo más reciente de ficciones de HBO realizadas por sus protagonistas es “Sort Of”. Esta comedia canadiense no fue desde el comienzo una producción de HBO, pero fue rápidamente sumada al catálogo y así difundida al mundo. Creada por Bilal Baig, una persona no binaria de origen pakistaní, la ficción aborda en dos temporadas (con una tercera en camino) las dificultades de conciliar la propia identidad con la cultura familiar. “Sort Of” integra con total naturalidad una diversidad de personajes queer que representan a la cosmopolita y abierta ciudad de Toronto.
En todas estas últimas tres series mencionadas, el hecho de que el desarrollo esté en manos de sus protagonistas es un dato clave. Y quizás sea eso mismo lo que no termina de funcionar, entre varias otras cosas, en la nueva “Sex and the city”, donde el abordaje de algunas temáticas tiene más que ver con un cumplimiento de la agenda que con una voluntad genuina de contar la propia historia. En “Girls”, “I May Destroy You” y “Sort Of”, por el contrario, hay un trabajo artesanal sobre la trama, sin pretensiones que terminen por desenfocar lo importante. Esto último apareció en la segunda temporada de “Euphoria”, donde los desarrollos de los personajes pidieron verosimilitud y profundidad, en beneficio de una narrativa rimbombante.
La ficción seriada de calidad fue desde el comienzo y sigue siendo una de las marcas identitarias de HBO, y en parte lo que la convirtió en una de las más prestigiosas casas productoras de la industria televisiva. En este sentido, la capacidad de reconocer y la voluntad de alojar a creadores y creadoras emergentes, con una voz clara y mucho para decir, es un elemento clave para la construcción de un catálogo que siempre supo hablarle a su época.