El músico rosarino presenta su último disco, “El verano en que dimos todo”, este jueves en Casa Brava.
14:13 hs - Jueves 18 de Junio de 2026
Carlos Vandera estrena en Rosario “El verano en que dimos todo”, un disco con nuevas canciones que contextualiza la época actual. Son quince tracks en los que relata la historia reciente, sostenido con músicas que contienen estribillos pop, soul, r&B, funk y baladas intensas. Lo presenta este jueves, desde las 21, en Casa Brava.
Es un álbum acerca del tiempo, donde se narra la alternancia de sucesos favorables y desfavorables que marca la vida cotidiana de muchas personas: habla acerca de traumas, expectativas y decepciones, pero también sobre dónde buscar el bienestar. Pero no es un disco triste, ni oscuro, ni incómodo: Vandera logra musicalidades positivas desde la sonoridad.
También contiene cierta añoranza. El título de este nuevo material se extrae de “Las luces del centro lejos”, en la que el artista se pregunta si puede ser que lo mejor haya sido irse y no volver. Por supuesto que ese lugar del que se fue puede ser cualquiera, dependiendo de la persona que lo escuche. Pero Vandera, el muchacho y el músico, nació en Rosario y se fue a vivir a Buenos Aires, como muchos otros artistas. ¿Está extrañando demasiado?
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“No sé si estoy extrañando, estoy disfrutando, cada vez que vengo un poco más. Hay algo con la tierra donde uno nació que es inexplicable”, dice en diálogo con La Capital y explica: “No hay otro lugar en el mundo donde tu cuerpo y tu mente funcione como cuando estás acá. Estar en Rosario tiene que ver con la biología, no sé, es algo diferente que te pasa en el cuerpo. El desarraigo es algo que también uno trabaja, porque tampoco es fácil volver a vivir a tu ciudad si hace tantos años que te fuiste. Extraño caminar por Rosario, me trae recuerdos de cuando era cotidiano ir caminando a la casa de tus amigos o de tu abuela, todo en una tarde, que yo donde vivo no lo puedo hacer. También hay cosas que me hubieran gustado que sucedan y que no sucedieron. Pero sí la extraño, porque me siento protegido en este lugar. A la vez, un poco desconectado, porque ya perdí la cotidianeidad, o sea, hay mucha más gente que no me conoce de la que me conoce. Tenés que explicarte un poco o contarte, y antes, cuando vivía acá, no era necesario”.
Vale la pena repasar, una vez más, su breve biografía musical que incluye haber sido, cuando era muy joven en Rosario, el cantante de Certamente Roma, banda que tuvo notoriedad y muchos seguidores hacia finales de la década del 80. En 1997 migró hacia Buenos Aires y durante muchos años estuvo en la banda estable de Fito Paez, con quien desarrolló una estrecha colaboración artística. De hecho, hoy sigue siendo parte de su equipo de producción.
Además, ha trabajado en innumerables proyectos junto a otros artistas de renombre, a quienes produjo o colaboró como director musical: Alex Ubago, Amaia Montero, Carlos Baute y Bambi (Tan Biónica). También compuso la música de más de cuarenta documentales de History y Discovery Channel, por los que logró dos nominaciones a los premios Emmy.
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Aunque suene obvio decir que siempre estuvo cerca, de algún modo es cierto que Vandera nunca se fue de Rosario, en el sentido de que siempre está preguntando qué pasa, consultando sobre discos y artistas nuevos de la escena local, siempre mencionando su rosarinidad en las canciones, pero siendo testimonial, no solamente chauvinista.
“Sabios y perversos, poetas sin texto, hablan de la libertad”, canta en una canción que se titula “De Rosario al mundo”, donde también dice: “toda la violencia, nada de inocencia, de tratarnos siempre muy, muy mal”. Pareciera que quiso poner el foco en no subestimar al otro. “Esa frase siempre me dio un poco de risa en el sentido de que cualquier persona que esté en cualquier lugar del planeta y es rosarino y sale acá en un diario, el título es 'De Rosario al mundo'. Pero el final dice 'la revolución es ver a los demás llorar'. Me parece que la canción es una foto del momento que estamos viviendo, donde hay una realidad que intenta todo el tiempo confundirnos y distraernos", dice.
- Estás con mucho trabajo de producción vinculado a Fito Paez, ¿desde cuándo y en qué momentos hiciste este disco?
Con Fito, desde el año 2000, siempre estuve vinculado a la artística, producción, video o el show. Tuve muchos lapsos en que no toqué en la banda, como ahora por ejemplo, que solo estoy haciendo parte de la producción artística. Él confía en mí para eso y a mí es un trabajo que me gusta mucho hacer con él. En cuanto a encontrar el tiempo para el disco, siempre es una decisión tuya. Siempre tengo un rato para sentarme al piano, para agarrar la guitarra y también para volcar las ideas que voy teniendo. Este disco lo hice en un lapso, más o menos, de 6 meses, que tenía tiempo para dedicarme y se fue transformando en un disco que me di cuenta que me gustaba mucho y que tenía ganas de tocarlo.
- La canción "Dicen los astros" tiene soul y R&B, que no hay mucho en nuestra música. Algo similar, más funk, está presente en "Utopía records". ¿Cuánto tiempo trabajaste la música de este disco?
Bueno, sí, son canciones que tienen un estilo como mencionás, que es música que escucho de muy chico y me gusta. Siempre me da un poco de pudor meterme en ese género, porque me parece que es muy característico de la música negra y los blancos, hay muy pocos que tocan bien eso. No sé si es R&B puro o funk, no lo creo, pero siento que tiene como un espíritu y también una referencia a algo que tiene que ver con mi formación musical en el sentido de la escucha. La verdad que voy produciendo en bloque, de a poco se me van ocurriendo cosas de cada tema, nunca voy terminando canción por canción. Es un disco hecho en un proceso bastante corto, por eso también me suena muy fresco todavía, porque no son canciones que traigo de años.
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- "Salto al vacío" arranca como un folklore y fusiona con un formato canción, incluso hay unas cosas medio Pink Floyd. ¿Cómo surgió esa música?
Empezó siendo con una guitarra acústica solamente, porque tenía la idea de que me gustaría tener en el disco un tema solo con la guitarra. No tenía ningún tipo de aire folclórico, tampoco tenía batería. Y en la parte del estribillo, había un ritmo más pop, digamos. Un día, con Lucas Asensio, que es el baterista que grabó en el disco, empecé a probar cosas y en un momento, combinamos dos baterías y quedaba este aire medio folclórico y me encantó cómo quedaba, me sorprendía, y dije esto es lo que necesita el tema. Fue jugando y probando cosas, tratando de encontrar algo que todavía no tenía la canción.
- En "Bienestar" cantas “una música que suene a hoy, pero que también me haga recordar que no hubo un tiempo mejor”. ¿Ese es un desafío en el momento de componer?
Esa frase está construida sobre esas charlas que suceden sobre la música, si ahora es peor, ahora es mejor, antes era mejor, antes era peor. Siento que siempre pasó lo mismo en todo, en todas las épocas, que siempre hubo géneros más bastardeados o géneros también menos musicales, por así decirlo, y cosas más profundas y más estéticas y más hermosas artísticamente. Obviamente que uno siempre se canta a uno. Yo siento que siempre estoy haciendo lo que sé hacer, en el sentido de mi escuela musical, del legado de mis mayores, la gente que he escuchado de chico y de quienes he aprendido. Y siento que la canción es un formato que tiene una fuerza, que se puede poner a veces más de moda o menos, pero que no se puede derribar, que todas las personas estamos indefensos a la hora de conmovernos con una canción, que no tenemos armas para frenar eso. Así que, habla un poco de eso, del poder que tiene una canción y que lo seguirá teniendo.
- Es un disco que desde la lírica tiene mucho de contenido social. ¿Por qué sentiste la necesidad de cantar sobre eso?
Nunca en ningún disco pensé sobre qué escribir. Siempre, de muy chico, tuve una mirada personal sobre el mundo y una opinión personal. Tal vez, antes me atrapaban otras cuestiones, amorosas, la coyuntura de las cosas que iba viviendo, cuando te rompen el corazón por primera vez, cuando encontrás un amor, cosas más más ligadas a eso. Todas esas situaciones ahora no las tengo en mi vida, entonces, por ahí el lápiz me va por otro lado. También siento que desde que yo arranqué en la música ha cambiado mucho, no solo la industria, sino el mundo, que es muy diferente al mundo que yo vivía cuando empecé. Calculo que todas esas cosas van trabajando en mí percepción y por supuesto, en mi escritura.
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Rosario en las canciones
- “Las luces del centro lejos” es una canción que remite directamente a Rosario. ¿Existe esa esquina donde cantas que peleaste para salir del molde?
Es una canción rosarina 100% en el sentido de la letra y seguro de la melodía, porque nací acá. Esa esquina existe, es Balcarce y Güemes. Era muy chico, tenía 10 años, 11 años. Fue la primera vez que me peleé con un amigo mío por una diferencia que me marcó a mí, que años después se traducía como bullying, algo que no me gustó que me dijo y nos agarramos a piñas. Dos nenes tirando piñas al aire muy desordenadamente y no duró ni medio minuto. Enseguida estábamos jugando al fútbol los dos en Parque Norte, riéndonos y abrazándonos por el gol.
- "Utopía Records", además de la mención a la clásica disquería, ¿habla de la música como refugio?
Recuerdo de ir solamente a pararme en la vidriera y ver los discos que llegaban. No entraba porque no tenía plata para comprarme ninguno. Nunca tenía bien claro qué era utopía, con el tiempo me fui dando cuenta que la palabra estaba muy buena para los que nos dedicamos a la música. Entonces, por eso la letra dice, “Utopía récords era mi disquería, ahora entiendo la ironía”. La canción fue también por acordarme de todo ese tiempo que uno usaba para ir hasta la disquería, ni siquiera a veces escuchar el disco, aunque yo me acuerdo te ponían los discos ahí para escuchar, pero a veces iba a la vidriera a ver qué había salido nada más. Cuando fui más grande y tenía un poquito de plata para comprarme alguno, entrar y escuchar el disco ahí adentro antes de comprártelo, ¿entendés? tenía esa magia y pasaba un tiempo que no lo contabas, esa conexión con la música de mi juventud, que sigo manteniendo ahora para escuchar música. Rosario me conecta muy a eso. Y por supuesto que siento que la música es un refugio, para nosotros, los que nos dedicamos a esto y para el que le gusta escuchar música. Si alguien elige en un momento del día hacer eso, es porque está conectado con eso. Su cabeza solo resuena con la melodía, con la letra y es un lugar protegido. Nadie escucha música para sentirse mal, y la música solo te hace bien.