Sábado 06 de Agosto de 2022
“Retratos mudos sobre fondo sonoro” vuelve a escena los domingos de agosto, a las 19.30, en Espacio
“Retratos mudos sobre fondo sonoro” vuelve a escena los domingos de agosto, a las 19.30, en Espacio Bravo (Catamarca 3624). Dirigida por Ricardo Arias, se anuncia como “una obra poética de instantes que comparten un sonido del mundo construida con cuerpos, vestuario y movimientos que escapan a los géneros, al tiempo y al espacio”. “Intentamos ofrecer una memoria colectiva femenina”, dijo Luciana Evangelista, quien integra el elenco junto a cuatro actrices: Ofelia Castillo, María Ester Lenci, Mari Sojo y Agostina Prato (reservas al 3462366852).
En diálogo con La Capital, Evangelista habló de que en esta puesta se plantea “una arquitectura teatral que refleja vivencias, recuerdos y eventos de la propia vida de las actrices”. Por tal motivo aseguró que “es una obra donde nos retratamos, y en la que muchas y muchos quizás se vean retratados también”.
—”Retratos mudos sobre fondo sonoro” no narra una historia lineal pero, como reza la gacetilla, aborda “todas las variantes evocativas de la vida”. ¿Se puede contar tanto sin una historia lineal?
—Creemos que sí porque el cuerpo, con su historia como impronta, dice más que las palabras. Un gesto, una acción, una imagen pueden disparar en quien observa múltiples asociaciones. Sentirse identificado, conmovido, confrontado. Más que “evocativas” podríamos hablar de momentos sugestivos, en los cuales se alcanza a visualizar una vivencia, una porción de vida transcurrida o una historia colectiva. Construimos esta obra como relato fractal conformado por muchos micro relatos que se entrecruzan, se escapan o se superponen a veces lentamente, a veces de forma vertiginosa.
—¿Por qué decidieron reestrenar esta puesta? ¿Qué nuevos retratos encontraron en esta versión 2022?
—Nos llevó más de dos años de proceso y se estrenó en noviembre de 2019. Luego pudimos realizar pocas funciones por la pandemia. Si bien siempre existen modificaciones, gran parte del trabajo queda intacto ya que se sostiene en una partitura sonora que le da un tiempo exacto, marcando como en una coreografía, movimiento, acción, espacio, el tono de los cuerpos.
—¿Cómo trabajaron lo expresivo para llegarle al público sin un soporte textual ni literario?
—La actuación, como nosotros la entendemos, no se sustenta necesariamente en un texto predeterminado. Partimos planteando núcleos de sentido generales, algunos muy ligados a lo femenino como el parto, la red, entre otros. Desde ahí, fuimos armando secuencias individuales que se entrecruzan, contraponen o superponen según la ocasión. Una arquitectura teatral que refleja vivencias, recuerdos y eventos de la propia vida de las actrices. Es en ese entramado de individualidades en que intentamos ofrecer también una memoria femenina colectiva.
—La obra plantea la celebración del cuerpo de la mujer, que es un tema recurrente, más allá de necesario, tanto en el teatro, la literatura y el cine en estos tiempos. ¿Qué reflexiones atravesaron para abordar una obra con perspectiva de género que se corra de los subrayados y los lugares comunes?
—En nuestra construcción hay muy pocos signos literales. Fuimos rigurosos en esto. Y los que aparecen, funcionan como un mínimo anclaje de sentido, breve diría. En un momento creés comprender, y enseguida se está proponiendo algo diferente, arribando un nuevo camino. Intentamos honrar la teatralidad, implicarnos de tal modo de no acomodarnos a esos clichés. Seguramente los espectadores encuentren lugares que les son comunes, pero lugares comunes, no. Es una propuesta estética en la cual lo visual o sonoro tienen protagonismo. Una obra que cuenta de una forma diferente. Una obra donde nos retratamos, y en la que muchas y muchos quizás se vean retratados también.