Soltá la Banana, un ingenioso stand up que recorre bares y centros culturales
El colectivo rosarino de ocho comediantes, hace pie con un show potable e ingenioso.

Domingo 04 de Diciembre de 2016

hasta el propio nombre suena a chiste o, seguro, a alguna cosa rara. No es una apelación a práctica sexual alguna ni una referencia a artistas muy, demasiado locuaces y su relación con el micrófono (más mentes retorcidas a la izquierda, por favor). En realidad, Soltá la banana es un colectivo rosarino de ocho comediantes que desde mayo de 2015 recorren bares y centros culturales con su espectáculo de stand up del mismo nombre. En continua rotación, imbuidos de las reglas del género, simpáticos, con un humor directo, a veces con fórmulas conocidas, otras con giros renovados, y hasta con hinchada propia, la agrupación cierra un año de gran crecimiento individual y grupal, no sin ya ir planeando lo que viene.

   Forman parte del octeto —que paseó su arte por ejemplo por bares como el hoy desaparecido Club de Fun, The Wall y La Santería, y por Santa Fe y otras localidades del sur provincial— Fernando Gulín, José Oronel, Ramiro Díaz López, Mauro Aguilar, Lucas Agostini, Germán Diviani, Diego Alonso y Chaka González Criado, quienes, alternando sus apariciones de semana en semana, le pusieron risas a la noche de Rosario.

   Y como se van turnando, a este cronista le tocó, en suerte, ver a los cuatro intérpretes mencionados en primer lugar.

    José Oronel es el encargado de hacer de maestro de ceremonias y presentar la función, e intenta acercarse a un público siempre difícil (muchas veces más preocupado por su vaso o su plato que por el show) quizás con bromas y artilugios manidos como el pedido de solidaridad para quienes se ríen o aplauden solos. De todos modos, desinhibido y gracioso, consigue su objetivo de llamar la atención sobre el escenario.

En tándem. Después, claro, los artistas se disponen en tándem para desplegar sus humoradas. El manual del stand up exige no solamente que los textos sean originales sino que además se refieran a alguna miseria propia, y sean desembuchados en una cadena temática de orden aleatorio, con o sin nexos explícitos.

   Así, Fernando Gulín juega con su aspecto frágil y su origen familiar, y arremete contra las partes del cuerpo que le faltan y otras habladurías de la colectividad judía. Luego, Ramiro Díaz López hace gala de su formación académica, se la toma con el mundillo de la medicina y se luce recitando un complejo texto donde las marcas de remedios se entremezclan con una risueña historia.

    Por su parte, a Mauro Aguilar sólo hace falta mirarlo para saber cuál es su tema preferido: la calvicie. Quizás sea de los cuatro el que mejor tiene trabajado las declinaciones orales y corporales, y su labor de periodista seguramente también le hayan otorgado una dicción clara y concisa. Finalmente, José Oronel regresa a escena para hacer su parte en la que se explaya sobre sus avatares con la balanza y con su sexualidad.

   A primera vista, Soltá la banana es un típico show de stand up. Pero su handicap está en el espíritu de equipo de estos profesionales de otros métiers dedicados, sin experiencia previa, al humor. Reuniones semanales, cursos e interminables charlas acerca de cómo enriquecer las performances o cómo deshacerse de un mal chiste dejan su marca, conformando un espectáculo potable, ingenioso y sobre todo para reír con ganas.