Sean Connery lanza sus memorias
James Bond ya quedó en el pasado y Sean Connery se propone ahora para un nuevo papel: rey de Escocia. Con su autobiografía, que salió a la venta ayer coincidiendo con su 78 cumpleaños, decepciona a los fans del agente 007 que esperaban grandes revelaciones de su fase de actor de acción.

Martes 26 de Agosto de 2008

James Bond ya quedó en el pasado y Sean Connery se propone ahora para un nuevo papel: rey de Escocia. Con su autobiografía, que salió a la venta ayer coincidiendo con su 78 cumpleaños, decepciona a los fans del agente 007 que esperaban grandes revelaciones de su fase de actor de acción.

Por el contrario, "Being a Scot" se parece mucho más a una guía de viajes que acerca culturalmente Escocia a los extranjeros que a la biografía de una gran estrella.

Connery relata su vida en los primeros capítulos, en los que cuenta su infancia pobre en Edimburgo y su "ascenso social" como repartidor de leche con un carro tirado por un caballo: "Un caballo para mí. ¡Para mí! No me lo podía creer", escribe el hoy multimillonario Connery.

Luego el actor aún no descubierto trabajó puliendo ataúdes y como modelo de desnudos, probó suerte en el certamen de Mr. Universe ("nunca gané ningún premio"), fue marinero con tatuaje incluido y soñó con una vida de jugador de fútbol. "Quería trabajar, ganar dinero y jugar al fútbol", escribe. "No tenía ambiciones de convertirme en un actor, fueron el dinero y la diversión los que me hicieron adicto", confiesa.

Para actuar, acudió a los libros y devoró uno tras otro, algo sorprendente teniendo en cuenta que había abandonado la escuela a los 13 años. "Me acuerdo que me preguntaba cómo se podía encarnar a una persona inteligente siendo tonto", explica Connery.

Las cuestiones amorosas y su papel como James Bond aparecen muy breves en la obra. Los fans del agente tienen que esperar 150 páginas para que aparezca la palabra "Bond". Y sólo de paso, cuando Connery relata que la película "The Hill" lo rescató en 1965 de un cierto "cansancio de Bond".

Hacia el final del libro vuelve a hablar de su rol estelar, pero sólo para agradecerle el haberle hecho conocer el golf, deporte que practica con pasión desde "Goldfinger".