Miércoles 20 de Abril de 2022
Rosario tuvo un privilegio impensado la noche del martes 19 de abril al entrar en la historia de José Luis Perales. Es que el cantante español de 77 años eligió esta ciudad para hacer su último show en la Argentina. Y no pudo ser una despedida mejor. En un show imperdible, para fans y para los que no lo son, Perales se despachó con 25 canciones a lo largo de casi dos horas de recital ante más de 3600 espectadores en un salón Metropolitano con localidades agotadas.
Con pantalón de vestir, camisa azul abierta y remera oscura, el hombre nacido en Castejón salió al escenario entre tenso y emocionado. Parecía un pibe que iba dar su primer show. Es lo que se llama la humildad de los grandes, y esta grandeza se puede comprobar en principio con sus 45 años de carrera, en los que compuso 510 canciones y vendió más de 55 millones de discos en todo el mundo, y en una catarata de hits románticos.
Pero al público que colmó Metropolitano, esos datos estadísticos le importaron poco y nada. Se notaba en la vendedora cocacolera que cantaba “Y tú te vas, que seas feliz” quitando la mirada de algún potencial cliente; en la señora de 70 y pico que le pegaba con su campera a otra algo más joven ubicada dos filas adelante para que se sentara y lo dejase ver a su ídolo; o en quienes le gritaban “¡te quiero!” y “¡no te vayas nunca!”, como si fuese un nuevo fenómeno juvenil.
Perales iba desgranando su historia, mechaba sus canciones y en ese viaje parecía que estaban pasando diapositivas en blanco y negro de la vida de la gente. Se sintió al cantar “Sí”, o cuando recordó el éxito que fue en 1973 “Herida el alma”; o en el momento en que el saxo trepó a un rescate emotivo en “El amor”; o bien en el coro de cientos en “Quisiera decir tu nombre”.
Recordó al icónico grupo vocal Mocedades al cantar “Le llamaban loca”; y a Carlos Saura, cuando le pidió un tema para su película “Cría cuervos”, y admitió que mucho del éxito de esa canción se debió a la excelente interpretación de Jeanette. Se refería a “Por qué te vas”, otro hitazo de aquellos.
Perales y la sutil banda que lo acompañó se movieron cómodos en el terreno de la balada, pero no dudaron en aportar un arreglo country en “Creo en tí”, o algún guiño de big band en otro clásico.
El amor y sus circunstancias es el terreno fértil en donde el cantautor edificó su carrera, con historias simples, directas y altamente románticas. Sin embargo, también hubo un momento dedicado a las infancias en “Que canten los niños”, y otro destinado a los solos y solas que buscan romances por medio de avisos clasificados en “Gente maravillosa”.
Cuando ya había pasado el furor de “Y cómo es él” y todos los hits, José Luis Perales se sentó con su guitarra y cantó a solas “Me iré calladamente”. Después sonrió, hizo el gesto de un abrazo masivo, se puso las manos en los bolsillos y se fue silbando bajito. Parecía que en el sildido sonaba la melodía de “Un velero llamado Libertad”, justo en la parte en la que dice “y se marchó”.