Miércoles 01 de Diciembre de 2021
Sin maquillaje, a cara lavada y con la satisfacción de hacer tres teatros Broadway agotados en la primera gira de su vida, que tenía que ser en su ciudad. Así llegó Nicki Nicole a la entrevista exclusiva con La Capital, ofrecida este miércoles en la sala de conferencias del Hotel Presidente. Venía de ver a sus padres y toda su familia, tenía que armar las valijas para seguir su tour por Buenos Aires, se la veía algo cansada por tanta movida. Pero serenamente feliz. Es una de las figuras del momento, ya pasó por el show de Jimmy Fallon, grabó en el ciclo Tiny Desk, donde pasaron desde Coldplay a Miley Cirus, tiene a Europa en la mira y los millones de reproducciones de sus hits le dan el mejor empujón para pegar el gran salto. Sin embargo, no se la cree. “No busco educar con el ejemplo”, dijo. Y le dejó un mensaje contundente a todas las fans que la adoran y la siguen por Instagram: “Las redes sociales no son reales, somos personas y nadie es perfecto”.
—¿Ya sos la rosarina más famosa del mundo?
—Nooooo.
—Pero ya se dice que Messi y Nicki Nicole son los más famosos del mundo, y son de Rosario...
—Noo, yo diría Messi y Fito, y capaz yo, no sé, no sé si la más conocida, pero quizás formo parte de ahí...
—¿Te sentís una referente del trap y del freestyle de este momento?
—Yo creo que sí, que la gente me ha dado un reconocimiento y lo disfruto y agradezco desde el principio. La verdad es que muchas chicas con las que estuve hablando acá de Rosario me dijeron que gracias a mi música y a mí como mujer se sienten más acompañadas, y por eso sienten que cada vez más raperas y músicas de Rosario y Argentina se están haciendo conocidas porque estamos haciendo valer el lugar. Y eso es súper importante para mí, porque en algún punto no sólo estoy en este lugar por mí sino por todas las que vienen después de mí, para que estén tranqui, para que puedan vivir su lugar y saber lo que valen.
—Tenés algo que sobresale entre las artistas de tu género. ¿Cuál es tu aporte diferente al resto?
—Es muy difícil hablar de una misma, aunque siento que estoy dando un aporte a la música y a esta generación. Pero no busco educar con el ejemplo, no es que lo que yo hago y lo que yo piense es un ejemplo de lo que la gente debe pensar y debe hacer. Yo lo que quiero transmitir es que como yo puedo pensar y opinar por mí misma, el otro también lo puede hacer, es ese el ejemplo que yo quiero dar. Y también el aporte que tengo es en parte mi música y la persona que soy y la manera en la que hago música. Yo a la hora de hacer música no pienso tanto en que una canción o un estilo tiene que responder a lo que se está haciendo, yo voy fluyendo y voy recordando cómo empecé a hacer música.
—¿A qué hecho te referís puntualmente?
—Cuando hice “Wapo...” no fue pensando en que le iba a pasar tal cosa o tal otra, no, lo hice porque me encantaba el tema, porque quería transmitirle eso a la gente, y ni siquiera pensé en números ni en nada. Y las cosas que pasaron te juro que fue de pura casualidad. Y estoy súper agradecida, pero no fue lo que yo buscaba, yo buscaba cumplir el sueño obviamente, pero no desde el ego, como diciendo “yo ahora tengo que ser una gran artista y la tengo que repegar”. No, lo buscaba desde la admiración a la música, desde la inspiración de otros artistas. Cuando me preguntan “qué es llegar”, yo digo que es esto, que la gente pueda disfrutar mi música, sentirse identificada con lo que hago, y creo que ese es mi aporte.
—Ya que hablás de “Wapo traketero”, sabés que el “traketero” está vinculado al narco, en una ciudad explotada por ese tema. Incluso, se dijo que le bajabas el precio a una grave problemática social en Rosario. ¿Pensaste que tocabas un tema sensible cuando la compusiste?
—No, nunca la hice para bajarle el precio a nada, yo la hice desde la ficción. Cuando hice la canción pensé en las películas que yo veía o la música que me inspiraba, de lo que es el rap. Porque el rap de protesta obviamente que habla de cosas reales, pero viendo más películas de ficción se me fueron pegando ese tipo de letras, pero nunca fue pensando en una problemática real.
—El común denominador de las letras en tus dos discos son el amor y el desamor. ¿Se te pasó por la cabeza hacer canciones que hablen de problemas sociales y políticos o no te interesó nunca abordarlos?
—Obvio que se me pasó por la cabeza, pero en el momento musical en el que estoy me gusta hablar más de mi persona. A mí me encanta hacer canciones de amor y desamor. Yo escucho Amy Winehouse desde siempre, la música que ella dejó, aunque lo sufrió un montón y es una pena, de verdad que me inspiró el cien por ciento para hacer la mía, ¿viste?, y por eso me encanta hablar de amor y desamor. A mí me encantaría quizás hablar de temas sociales, de lo que está pasando hoy en día, pero tengo que informarme, y lo que pasa es que no dejo de tener 21 años. Es que si una hace una canción sobre lo que pasa en el mundo me llevan para un lado político que nada que ver, por eso prefiero por el momento no meterme ahí y dedicarme al amor y al desamor, que me encanta hacer. Pero con No Te Va Gustar (con el tema “Venganza”) pude hablar sobre violencia de género y #Ni una menos, que ahí me sentí súper cómoda y tenía muchas ganas de hablar de eso, y es algo que sí sé, y que en verdad vivo. No quiero hablar de política, no es que la desconozco, pero es algo que no haría en mis temas.
—¿Sentís como una mochila pesada ser referente de tantas niñas que te admiran?
—Adoro ser referente para las chicas más chiquitas y cuido mucho cómo soy como persona, cómo hablo al público. Muchas chicas ven mis fotos en las redes sociales y me dicen “yo quiero ser como vos”, y no saben que detrás de esa foto hay un montón de luces, maquillaje, peinados, poses. Por eso digo que las redes sociales no son reales, en Instagram hay un montón de estereotipos, pero somos personas y nadie es perfecto. Hay que valorarse como uno es y quererse uno mismo. No hay que olvidarse que lo tuyo es buenísimo y es único.
—¿Por qué motivo la palabra bullshit está tatuada en tu cuello y escrita en tu gorra?
—Significa como una manera de mandar a todos a la mierda, no a todos, pero más o menos. Me lo tatué cuando cumplí los 18 años y a partir de ahí mi mamá me dejó tatuarme.Yo creo que fue una manera de dejar atrás mi etapa de querer encajar. Cuando era más chiquita, antes de cumplir 18, me pasó que no sabía quién era y todo el tiempo quería encajar en estereotipos, en grupos de amigos y estaba en lugares en los que no era feliz. Y cuando cumplí los 18 dije “quiero ser yo” y si la gente no me acepta yo voy a encontrarme. Hoy al menos soy yo y estoy cómoda conmigo.