Metallica brindó un electrizante show ante 50 mil personas en River
Metallica es una de las máquinas más poderosas y demoledoras  del rock mundial y esto quedó ratificado anoche con el concierto  en el Monumental, en el que dejaron atrás la amargura de la gente  por la suspensión de sus presentaciones en 2003. Video: Metallica y su paso por Argentina  

Viernes 22 de Enero de 2010

Metallica demolió los fantasmas de su faltazo de 2003 con un  electrizante show brindado anoche en River Plate ante más de 50  mil fans, que aullaron y gritaron de emoción.

Metallica es una de las máquinas más poderosas y demoledoras  del rock mundial y esto quedó ratificado anoche con el concierto  en el Monumental, en el que dejaron atrás la amargura de la gente  por la suspensión de sus presentaciones en 2003.

El público argentino respondió feliz y entusiasmado al punto  tal de sonrojar al inconmovible guitarrista y cantante James  Hetfield, que terminó señalando: “Esta noche hicimos historia  Buenos Aires”.

A pesar de estar casado con una santafesina de nombre  Francesca, Hetfield habla muy poco castellano y el bajista Rob  Trujillo, que es descendiente de mexicanos, apenas si dice “buenas  noches”.

Pero anoche el idioma fue la música, una tremenda tormenta  eléctrica que conforman las guitarras de Hetfield y de Kirk  Hammett, aposentada sobre la base demoledora de Trujillo y del  baterista Lars Ulrich, el otro líder del grupo.

Aunque ya no es ese vikingo endemoniado que arrasaba con los  escenarios en la segunda mitad de los '80 y principios de los '90,  Hetfield es hoy el general teutón de un ejército que entra al  campo de batalla sabiendo que se llevará la victoria por  demolición.

A lo largo de los años, Metallica refundo el heavy metal,  mezclando todos los estilos, y sobresaliendo por los acordes entre  sinfónicos y diabólicos que Hammett y Hetfield obtienen de sus  guitarras.

El rito se inicio a las 21.15 cuando se emitió un video del  western spaghetti en “Lo bueno, lo malo y lo feo” con imágenes de  Clint Eastwood y en especial esa escena de Elli Wallach en la que  se pierde en un cementerio, mientras suenan unos delirantes  acordes clásicos.

Mientras la gente coreaba esa canción de la película, los  cuatro jinetes del Apocalipsis emergieron y arrancaron con la  canción “Creeping Death” del disco “Ride the Lightning” del año  84.

Los fans sacudían sus brazos como si fueran mazas machacando  cabezas, mientras el riff se hacía cada vez más envolvente y  demoledor.

La misma energía se apoderó de todo River con la segunda  canción “For whom the bell tolls” del mismo álbum, y ese feedback  entre la gente y la banda llevó a Hetfield a golpearse el pecho en  señal de satisfacción.

En temporada de movimientos sísmicos, uno ocurrió en River,  cuando Metallica arrancó con los acordes de “Wherever I may roam”  del notable álbum negro de 1991.
Y es en estos puntos en que se comprueba que Metallica es una  estructura aceitada integrada por músicos talentosos como  Trujillo, que tal como dijeron sus compañeros en la conferencia de  prensa por la tarde, toca con “20 dedos”.

En muchos momentos las canciones de Metallica cabalgan sobre riff y acordes marchosos, que convierten a sus fans en un ejército  al grito de “ey, ey, ey”, guiados por ese general alto, rubio, ultratatuado y con ojos satánicos que es Hetfield.

Así fueron pasando “Harvester of sorrow” del disco “And  justice for all” de 1988 y la polémica “Fade to black”, en la que  Hetfield toco una acústica ubicado sobre la tarima que se  encontraba detrás de la batería.

A todo momento, las canciones de Metallica se sumergen en  diferentes mundos de la mano de los solos de Hammett que puede  pasar del más virulento trash a acordes clásicos y sinfónicos con  igual sapiencia.

El grupo tocó “That Was Just Your Life” y “The End Of The  Line”, ambos de “Death Magnetic”, su último disco, hasta que la  pesadísima “Sad but true” del Album Negro, volvió a poner en  marcha a los hordas metálicas que poblaban River.

La larga “One”, un clásico del grupo sorprendió a extraños,  porque los fans cantaron cada línea como si el inglés fuera su  idioma cotidiano.

Lo mismo sucedió con los increíbles cambios que tiene esa  pieza fundamental del heavy moderno que es “Master of Puppets”,  que confirma que en el rock duro pueden hacerse canciones con  difíciles entramados rítmicos.

Cuando los músicos tocaron la veloz “Blackened”, fuegos  artificiales salieron de detrás del escenario y llamaradas reales  de fuego le pusieron más calor a una noche de casi 30 grados en el  estadio.

Tras el delirio eléctrico de “Blackened”, Hetfield quedo solo  en el escenario con su guitarra entregando las primeras estrofas  de “Nothing else Matters” del álbum negro, hasta que el resto de  la banda se subió después del estribillo.

La máquina volvió a demoler las cabezas cuando sonó “Enter  Sandman”, del mismo álbum cantado hasta lo disfonía por la gente.

En las gigantescas pantallas se pudo ver como Hetfield al  final de la canción mostraba la púa con el arte de tapa de “Death  Magnetic” mientras hacía fuck you y luego los cuernitos típicos  del metal.

El primer bis fue con “Am I Evil” un cover de la banda Diamond  Head que Metallica editó en 1986 como un lado B al que le siguió  la antigua “Whiplash” de comienzos de la banda.

El cierre fue con el clásico “Seek and Destroy” en la que  Hetfield dejó la guitarra y cantó casi toda la canción, mientras  las luces del estadio se prendían sin poder amedrentar a la gente.

Con nuevos estallidos de pirotecnia y más lenguas de fuego,  los Metallica abandonaron el escenario al que se subirán esta  noche nuevamente para otra demoledora jornada. (Télam)