Los Rolling Stones en Río: la alegría no es sólo brasilera
La banda acaba de editar un disco con el histórico show que dieron en 2006 en la playa de Copacabana. Cuatro fans rosarinos estuvieron ahí y recuerdan aquel evento único

Domingo 25 de Julio de 2021

Los Rolling Stones, que acaban de celebrar 59 años en los escenarios, publicaron oficialmente su concierto más multitudinario de la historia: “A Bigger Bang: Live On Copacabana Beach”, que ya está en las plataformas digitales y pronto llegará a las disquerías en CD, DVD y vinilo. El show gratuito que dio la banda británica el 18 de febrero de 2006 en Río de Janeiro reunió a un millón y medio de personas de todas partes del mundo. Y allí estaban cuatro fans rosarinos con una historia muy particular. Diego Gaudio, Leandro Rolón, Sergio Negreira y Esteban Alvarado charlaron con La Capital sobre aquella increíble y accidentada aventura de viajar en colectivo a la ciudad carioca para ver a la banda de rock más grande y longeva, y en el camino forjar una amistad.

El 18 de febrero de 2006, Río vibraba con más de 30 grados y un sol penetrante. “Eu fui” era el lema que se leía en banderas, gorras, vinchas y remeras por la ciudad desbordada y tomada por asalto por fans de los Stones. El Copacabana Palace Hotel, que hospedó a Mick Jagger y compañía, presentaba un puente que conducía directo al escenario instalado en la playa. Un camión del ayuntamiento refrescaba con agua a la gente, mientras DJ Marcelo y la banda Titas resistían la previa de un evento que iba a ser único.

Por ordenanza municipal, el concierto debía finalizar antes de la medianoche, pero fue una noche con dos medianoches: a las 24 había que atrasar el reloj una hora, entonces volvían a ser las 23. El día en el que los Rolling Stones ofrecieron el concierto más grande de su historia tuvo 25 horas.

Este evento extraordinario se nutrió de infinidad de historias paralelas. Desde Rosario, la mítica disquería Donington, conocida por organizar viajes a conciertos en diferentes partes del país, en esta ocasión literalmente iba mucho más allá. Oscar, el dueño, se puso como meta trasladar en colectivo a sesenta rosarinos. “No creo que nadie haga seis mil kilómetros para ir a ver a una banda. Que sean parte de la gira, que vayan a un país y los sigan por donde toquen, puede ser, pero de un lugar a otro, ida y vuelta, en bondi, seis mil kilómetros, creo que es récord mundial. Y si no es récord pega en el palo”, recuerda desafiante.

De ese tour, cuatro amigos hoy activan el grupo de Whatsapp a propósito del lanzamiento oficial del concierto que los hizo encontrarse para toda la vida. Es Diego Gaudio quién precipita la célula y avisa que el disco ya está en plataformas digitales, y lo pone al palo en su trabajo. “Hasta que se pudrió”, dice entre risas. “Me fui copando, de a poco, viste cómo es. Armé el agite y me empezaron a mirar como diciendo «flaco, en cinco minutos te ponés en cuero a revolear la remera»”, comenta y agrega: “Tiene un sonido muy bueno y resalto, lo que me parece reválido, que no omitieron ningún tema, están los 20 que tocaron esa noche. Seguramente me compraré la versión en CD y DVD”.

Sergio Negreira nació en María Teresa, pero fue en Rosario donde su prima le presentó a los Stones y lo invitó para que la acompañase al concierto de 1995 en River, ya que era muy chica y su madre no la dejaba ir sola. Sergio es el que menos importancia le da al lanzamiento, porque tiene su versión audiovisual pirata, “romántica, con calidad vhs”, según cuenta. Lo mismo Esteban Alvarado, que pasó de la versión no oficial de mala calidad a una digitalización dudosa pero fiel, aunque está esperando que llegue el Blu-Ray porque quiere “los recuerdos en full hd”, explica. Y Leandro Rolón se conforma con la versión de plataformas digitales” porque me quedo con los recuerdos. Por ejemplo, cuando fuimos a Río, estaba por nacer mi primera hija, y cuando volvieron a Latinoamérica diez años después, la segunda. O sea, cada vez que los veo soy padre”, relata.

—¿Cómo se enteraron del show en Río?

Esteban: Me entero por un amigo que me dice que había un viaje para ver a los Stones, pero no sabía bien qué era exactamente. Nos enteramos que era a Río de Janeiro, y que solamente había que pagar el viaje porque el show era gratis. En ese momento el viaje salía cuatrocientos pesos. Era todo lo que yo tenía. En esa época trabajaba de albañil. No tenía un peso. Pagué el viaje y me puse a juntar unas chirolas más. Nunca había ido a ver un show fuera de Rosario, incluso en Rosario solo veía a Los Vándalos. No tenía una moneda para nada más. Pero me vi en Río por cuatrocientos pesos escuchando a los Stones en una playa... Me imaginé que viajábamos en un tour de vacaciones, nunca pensé que íbamos a estar una semana entera arriba de un colectivo...

Sergio: A mí me comentaron unas amigas lo del show de Río, porque tenían un amigo que viajaba. Ellas me dicen “vamos” y bueno, también dije “vamos”. Estaba, como Esteban, sin trabajo. Me prestaron plata las chicas para ir a Brasil, porque me había gastado lo poco que tenía en la entrada de la segunda fecha en Buenos Aires y el pasaje a Capital.

A Gaudio le pasó que fue a la disquería que hacía el tour pensando que le iba a salir mil dólares. Pero sólo se trataba de cuatrocientos pesos en cuatro cuotas en efectivo. Convenció a su pareja, tentada por la playa y Río de Janeiro. “Lo que no sabía era que, de siete días en total, íbamos a sumar veinte horas de playa solamente en los parates entre ciudad y ciudad. Era algo histórico... Pero yo tenía la posibilidad de decidir, pensaba «¿qué hago, me voy a Río o al show de acá?», porque ya había comprado la entrada para Buenos Aires. Igual no tuve dudas, me fui a Río igual, saqué para el segundo día acá y fui a los dos shows”.

amigos.jpg

Los rosarinos al llegar a Copacabana después de un accidentado viaje.

—¿Qué recuerdan del viaje?

Leandro: Llegamos a la Plaza Sarmiento y había cuatro colectivos. Uno decía “Zavalla”, otro decía “Pérez”, otro decía “Roldán”. Y el último, que era igual a los que iban a quince kilómetros, decía “Río de Janeiro”.

Diego: Lo que estaba pautado era salir el miércoles al mediodía, y al otro día a la mañana hacer playa en el sur de Brasil, de día, para viajar de noche. El viernes 17, un día antes, a las 21, salimos para llegar a las ocho de la mañana, pero se rompió el colectivo. En resumen, salimos de Rosario un miércoles a las 12.30 y llegamos a Río el sábado a las 18, cuando el show empezaba a las 21. Teníamos un millón de personas adelante.

Sergio: Cuando se rompe el colectivo hay algo muy importante y que encierra mucho del por qué nos hicimos amigos. No llegaba el arreglo y comenzó la desesperación, porque no nos daban las horas para llegar al concierto. Donington también coordinaba un colectivo con gente de Buenos Aires, que decidió seguir camino y dejarnos a nosotros esperando una solución. Antes de irse, el chofer dijo que podía llevar a quince de nosotros. Pero preferimos quedarnos, a pesar de que hubo quince personas que se subieron al bondi de los porteños. No me acuerdo ni la cara de esas personas. Nosotros nos quedamos y hasta el día de hoy no nos separamos.

Esteban: Estaba todo mal. No íbamos a llegar al show y estábamos varados en el extranjero, a la noche, con gente que pasaba y no sabíamos qué podía suceder.

Diego: Yo empecé a llorar solo, en un rincón. Me descubre Leandro, y Esteban, reconocido por su negatividad, empezó a decir que íbamos a llegar. A alguno se le ocurrió decir: “Vamos en remis, o que Donington alquile otro colectivo”. Entonces nos metimos a las tres de la mañana al pueblo a golpear puerta por puerta sin hablar portugués y les decíamos, como podíamos, que necesitábamos un colectivo o remises para cuarenta y cinco personas. Dando muchas vueltas caímos en una remisería, y nos dijeron que podían conseguir tres traffics, pero a las siete de la mañana, prometiendo que entre las 17 y las 18 estábamos allá. Tenían que ir a 160 kilómetros por hora más o menos. No teníamos otra alternativa. Era eso o verlo por la tele y contar la anécdota de que nos quedamos varados a 800 kilómetros. Y ahí empezó la travesía. Ahí nos sentimos los Stones. Camionetas con vidrios polarizados a 150 por las autopistas de Brasil. Nos ponían los Stones al palo. Lo más lindo de todo fue que cuando estábamos llegando vemos el colectivo de los porteños parado sobre la ruta. Recién habían llegado y los paró la policía porque llevaban a los quince que nos dejaron a nosotros sentados en el piso. Les sacaron toda la plata.

postal.jpg

El escenario armado sobre la playa.

—¿Cómo vivieron el recital en medio de una multitud tan grande? ¿Cómo fue la convivencia de tanta gente junta?

Esteban: Más de un millón de personas descontroladas, pero sobre sus propios pies, sin molestar a nadie. A un vendedor de cerveza le preguntamos cuánto salía la lata, le compramos la heladera entera y le dijimos: “Pero quedate acá con nosotros a ver el show”. El tipo se quedó lo más piola con nosotros con todo vendido. Al lado nuestro había personas comiendo brochette de langostinos. Si tenías calor, caminabas unos pasos al costado y te mojabas los pies en el mar, mientras tocaban, por ejemplo, “Jumpin’ Jack Flash”. Y si hablabas con un inglés o con un francés, a todos les decías lo mismo: “Vamos los Stones”.

Leandro: El recital para mí duró una semana. Al final nos dimos cuenta, cuando terminó, que si querías ir a la vereda de enfrente, no podías avanzar. Era imposible. Más o menos una hora, una hora y media para que la gente comenzara a moverse. Veíamos enfrente al hotel Copacabana y estábamos siempre en el mismo lugar. La traffic salía a las 6.

Sergio: A la medianoche había cambio horario...

Diego: Apareció un iluminado recordando el cambio de horario. Casi llegamos tarde, ya estaban en marcha. Y cuando nosotros llegamos a Rosario, los Stones ya estaban tocando la primera fecha en el estadio de River.

The Rolling Stones - (I Can't Get No) Satsfaction (Live) - OFFICIAL