Viernes 09 de Diciembre de 2016
Una canción puede inspirar a un pintor, una poesía a un cineasta, una escultura a un escritor. Las expresiones artísticas se amalgaman y se retroalimentan desde hace siglos y en ese continuum su cualidad mágica, mitológica y ritual no ha cesado jamás. Impulsados por ese motor inmóvil están los santafesinos de Sig Ragga, banda que en los últimos años tuvo gran repercusión a nivel nacional e internacional. Nominados a los premios Grammy latinos desde 2010, compartieron escenario con Ziggy Marley, con los Skatalites, Cultura Profética y Ky-Mani Marley, entre muchos otros artistas no sólo relacionados al reggae y en importantes festivales como el Pepsi Music y Lollapalooza. La banda despide entonces un fructífero 2016 esta noche en el Galpón de la Música (Estévez Boero 980, ex Galpón 11) a partir de las 22 y anticipa temas de su nuevo disco "La promesa de Thamar".
Sig Ragga cautivó a muchos con su reggae onírico, con la fusión que hacen de la música jamaiquina, de origen africano, con otros estilos y ritmos. "Venimos de familias musicales donde se escuchaba mucha música, folclore, jazz, los Beatles y música clásica, lo veo como algo natural que en algún momento se haya manifestado todo eso en nuestra música, una especie de reggae junto a armonías europeas y ritmos de otros lugares; así se creó esta fusión o collage musical, es lo que somos desde chicos", cuenta Nicolás González, oriundo de la ciudad de Santa Fe y guitarrista del grupo, que se completa con Gustavo Cortés en voz y teclados, Ricardo Cortés en batería y Juanjo Casals en bajo.
"El nombre de la banda es un juego que surgió en las primeras épocas del grupo", cuenta Nicolás y agrega que guarda relación con la música africana, "música que descubrimos y que nos cautivó cuando éramos chicos".
En realidad, sig ragga son sílabas que juntas suenan muy musicales, y no necesariamente corresponden a algo de esa cultura en particular, pero que en 2005 se convirtieron en el nombre de su primer disco, producido por Diego Blanco (Los Pericos). Después llegó "Aquelarre", segundo disco, que fue grabado y producido en Estados Unidos por Eduardo Bergallo (Soda Stereo, Shakira, Gustavo Cerati) y con el que reciben tres nominaciones a los Grammy latinos en 2013 y 2014, en los rubros de mejor canción alternativa y mejor álbum alternativo. Este año vio la luz su tercera producción discográfica, "La promesa de Thamar", que cuenta con sólo ocho canciones armónicamente encadenadas, en lo que la banda dice ser un álbum mucho más conceptual. En este sentido, el disco es mucho más sinfónico y transita otros caminos, más "spinettianos" que jamaiquinos. "Cada ser es / un deseo buscando / desatar la tormenta / y crecer", reza la letra de "El silencio", canción de este nuevo disco de Sig Ragga.
"«La promesa de Thamar» es un nombre ficticio, cuando surgió la idea del título del disco nuevo lo percibimos como una película, como un relato de fantasía, hay un montón de elementos visuales que se van descubriendo en esas canciones", cuenta González. Es que Sig Ragga no sólo es una propuesta musical, sino también visual y teatral. Sobre los escenarios el grupo cambia de vestuario a la par que los juegos de luces y la puesta visual completan el sentido musical de la banda. "Son ocho canciones y cada canción en es un mundo diferente, es algo que va cambiando y que inclusive contrasta pero tiene relación; no hubo ningún concepto planeado sino que en este disco el concepto lo fuimos descubriendo a medida que salían las canciones, pudimos ver cómo se relacionaba una canción con otra, pero el disco no tiene un mensaje único y se va a abriendo a medida que confluye con la propuesta visual", explica Nicolás.
Inspirados en múltiples cosas como una charla filosófica, una historia de vida, una película o una obra de arte, Sig Ragga fue definiendo su estilo musical-visual. "La música no sólo nace de la música, sino que puede ser una conversación, una experiencia de vida, una pintura, infinidad de cosas", cuenta el guitarrista. Hijos de músicos y artistas, los integrantes crecieron rodeados de discos y dibujos, fusión que los caracteriza.
El arte impregnó su historia ya que desde sus orígenes han sabido lucir su puesta en escena, a través del vestuario que es diseñado por ellos mismos, así como el maquillaje y pinturas diversas sobre sus cuerpos.
"Es difícil de explicar en palabras algo que se comunica musical y visualmente", dice Nicolás y agrega que este disco "tiene que ver con el momento que estamos viviendo y las ganas de comunicar a través de lo visual (creaciones de Ricardo, el baterista), que no va para nada separado de la música, se necesitan y uno sin el otro no es lo mismo", concluyó.
En vivo los Sig Ragga parecen ser clowns de otra época, espíritus con túnicas blancas, traspasados por juegos de luces y sombras. "Somos personajes de ficción que juegan entre dos dimensiones, entre lo real y la ficción. En el escenario se crea un atmósfera especial con las luces y los videos, por momentos somos espíritus, otras veces esculturas y en general todo parece un cuadro en movimiento", describe el guitarrista. "Pueden ser muchas cosas porque no está cerrada la idea que transmitimos de canción en canción, y a medida que pasa el recital va cambiando el sentido, el color, la forma y el movimiento, todo se completa con la música", explicó.
"La promesa de Thamar" fue grabado en Concierto de Serrucho, el estudio propio con que cuenta la banda en Santa Fe capital y algunas sesiones en Estudios Monasterio (Buenos Aires). La mezcla fue realizada en Revolver" por Eduardo Bergallo y la masterización estuvo a cargo de Diego Warrior en Puro Mastering. El disco cuenta con composiciones propias, de las cuales se desprendió el primer sencillo, la canción "Angeles y Serafines" nominada los Grammy latinos de este año.
"Este es un disco que se fue componiendo desde hace tres años, empezamos a trabajar en maquetas en la computadora, con muchas ideas que teníamos y que fuimos grabando muy de a poco porque tocábamos mucho; de esos bocetos y bosquejos ideas salieron las canciones, así que cuando sentimos que era el momento nos pusimos a componer, a arreglar y darle forma a todo esto", indica Nicolás, quien remarca que es el primer disco que pudieron hacer con tiempo y libertad en su propio estudio de grabación.
Amistad de toda la vida
"Pasamos por tantas etapas, empezamos de muy chicos, saliendo de la infancia, pasando por la energía de los veinte y ahora encontramos el concepto cerca de los treinta...fundamentalmente había sueños, soñábamos con grabar en un estudio profesional, en su momento una idea inalcanzable como tocar en teatros que nos gustaban, el motor que siempre condujo al grupo es las ganas de crear y hacer música", cuenta Nicolás. Los integrantes de Sig Ragga se conocen desde la escuela, otros dos son hermanos y allá por los años 90 descubrieron el reggae y aunque siguieron rumbos paralelos a la música como el diseño gráfico o las ciencias de la comunicación, el grupo supo sortear el paso del tiempo.
"Sigue siendo muy difícil mantenernos, todavía y después de veinte años de grupo, en 2001 nos pasó lo que le pasaba a cualquier artista que se chocaba con los mismos obstáculos económicos y la falta de apoyo, los medios más grandes estaban dispuestos a difundir más de lo mismo y a las bandas nuevas se les cerraban las puertas Son crisis pero superamos ese torbellino y ahora disfrutamos de todo este reconocimiento, este es el último show de un año que nos llevó por toda la Argentina y otros países, como Colombia", dijo finalmente el guitarrista, que anticipa para el año próximo la presentación oficial del nuevo disco.
Por lo pronto, en el show de esta nochere Sig Ragga pasará su carrera y adelantará temas nuevos, siempre poniendo en escena su experimentación visual y lumínica, además de la interpretación actoral de sus integrantes. Como es característico de sus recitales, será un show donde la comunión de la imagen, la luz y el sonido mostrarán el alma de la banda, su forma de entender la comunicación y la música a partir de un conjunto artístico de sensaciones.