Juan José Campanella: "Mafalda es sin dudas el personaje más icónico de la Argentina"

El distinguido director habló con La Capital antes del regreso a la ciudad de su más reciente obra de teatro, “Empieza con D, siete letras”

08:00 hs - Domingo 27 de Septiembre de 2026

Es difícil hablar de Juan José Campanella sin referirlo enseguida como ganador del Oscar. Pero el camino del artista no comenzó ni mucho menos terminó con aquel lauro. Además del reconocimiento histórico obtenido por “El secreto de sus ojos”, el director tiene una extensa filmografía muy abrazada por el público argentino, una prolífica carrera en televisión (nacional e internacional) y una más reciente exploración en el universo teatral. A raíz de esta última faceta, y en ocasión del inminente regreso de su obra “Empieza con D, siete letras” a Rosario, Campanella dialogó con La Capital.

Desde su casa en Nueva York, donde vive la mitad del año para ponerse detrás de la cámara en el set de “La ley y el orden”, el director habla con candidez y humildad genuina. El haberse codeado con los grandes nombres de la industria o el hecho de ser uno de los dos directores argentinos (junto a Luis Puenzo) en haber levantado un premio de la Academia, no parecen haber sembrado en él ni un ápice de megalomanía.

En 2013, Campanella estrenó “Parque Lezama”, su primera obra teatral, adaptada por él mismo de la original de Herb Gardner, y protagonizada Luis Brandoni y Eduardo Blanco. La propuesta se convirtió en un éxito total que tuvo múltiples iteraciones a lo largo de los años y hasta su propia adaptación cinematográfica (lanzada en Netflix en marzo de 2026, poco antes del fallecimiento de Brandoni).

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En la trayectoria teatral del artista, después llegó “¿Qué hacemos con Walter?” (también de autoría del director, esta vez en colaboración con Emanuel Diez), y a comienzos de 2025 fue el turno de “Empieza con D, siete letras”. Coescrita por Campanella junto a Cecilia Monti, su compañera de vida desde hace 27 años, la obra está protagonizada por Eduardo Blanco, Victoria Almeida, Gastón Cocchiarale y Maru Zapata.

En los casi dos años de recorrido, superó las 300 funciones en Buenos Aires, acumuló más de 100.000 espectadores y ganó un premio Martín Fierro a Mejor Dramaturgia. Tras su éxito en el teatro Politeama (la sala de calle Corrientes que el propio director restauró y reabrió en 2022 después de cincuenta años sin funcionamiento), se embarcó en una gira que empezó en Rosario en mayo pasado. El 3 y 4 de octubre próximos se podrá ver nuevamente en la ciudad en el Teatro Astengo (Mitre 754).

“Empieza con D, siete letras” se desarrolla en la sala de espera de un consultorio dental, donde dos personajes chocan de la manera más inesperada. Miranda Delgado, una profesora de yoga en sus 30, y Luis Cavalli, un médico retirado en sus 60, se conocen por casualidad. Entre risas, ironías y momentos profundamente humanos, su relación se convertirá en una montaña rusa emocional, donde el amor y el humor son los protagonistas principales.

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Antes del regreso de la obra a la ciudad, Campanella compartió con La Capital cómo es la construcción constante de la propuesta y adelantó detalles de la serie de “Mafalda”, que también dirige.

¿Cómo sentís el presente de la obra y cómo vivís el seguimiento a la distancia?

Justo me agarró en dos años en los que estoy trabajando mucho en “La ley y el orden”, entonces tengo que viajar bastante. No es la primera vez que hago esto porque con “Parque Lezama”, cuando ya estaba muy encaminada, yo me vine y ellos siguieron. En el teatro no es poco común. En este caso, yo estuve mucho con “Empieza con D” en la primera parte, con Fernanda Metilli. Pero también ensayamos mucho con Vicky. Todo el verano se hizo en el Politeama, y yo ahí tengo una cámara que cuelga del pullman, con la que veo y escucho la obra perfecto. Así que lo fui siguiendo así y fuimos puliendo todo, especialmente el proceso en el que Vicky se hace cargo del personaje, con su propia energía. La verdad que fue buenísimo, fue una etapa fundamental para la gira y yo creo que la obra está en su mejor momento. Lo que hace Vicky es lo que yo siempre quise. Es una actriz muy fuerte, que pasa de la comedia a la emoción en una baldosa. Realmente es una genia y estoy muy contento.

La obra es una comedia romántica, un género que se ve cada vez menos, tanto en cine como en otros lenguajes. ¿Ves que hay una potencia de “Empieza con D” en ese sentido?

Es algo que yo no me explico. O sí me explico en realidad las causas por las cuales el cine abandonó la comedia romántica. En el cine desaparecieron las audiencias en sala, y una comedia necesita una audiencia para las risas, para la emoción. Toda esa energía que se crea en una sala ya sea de teatro o de cine, cuando hay 500 personas, es fundamental. Y el cine ha perdido eso lamentablemente. Esa es la realidad, y queda el teatro. Y es verdad que el teatro ofrece mucha comedia, pero la gran mayoría son comedias farsescas, que a mí me gustan mucho cuando están bien hechas, pero que no son comedias dramáticas o románticas, no hablan de emociones verdaderas sino que hay mucho despliegue corporal, humor físico, enredos. Las comedias que tienen que ver con las emociones o el amor es verdad que han desaparecido. Es un bien escaso y gracias a Dios lo estamos ofreciendo.


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Además, la mayoría de las comedias del teatro comercial suelen ser adaptadas de otros países. En este caso, es una obra muy argentina, que también es un sello en todas tus propuestas.

La verdad que la única cosa que hice adaptada de otro país fue “Parque Lezama”, pero hice un proceso de adaptación que no fue una traducción simple. Me llevó décadas, porque la vi en 1985 y la estrené en 2013. Hice muchísimos cambios, a tal punto fue la versión que más éxito tuvo en todo el mundo. De hecho, después se hizo la película. Es verdad que se va formando un ecosistema que premia y prepondera las propuestas que son más alternativas, que buscan renovación en el lenguaje. En general ha sido así, los premios van a los que renuevan el lenguaje, se preponderan cuestiones de puesta y del aspecto más teatral, y no tanto el aspecto humano o los elementos clásicos de la dramaturgia que son la emoción, el conflicto, etcétera.

Escribiste la obra junto a Cecilia. ¿Se inauguró una nueva instancia de creación compartida en la pareja?

(risas) Vos sabés que esto empezó en 2011, cuando Cecilia escribió un capítulo de “El hombre de tu vida”, justamente el que protagonizó Vicky Almeida. A lo largo de los años, Ceci escribió algunas cosas que estaban muy buenas pero que por algún motivo u otro ella misma abandonaba, y pasaba a otra ida. Esta obra la empezamos a escribir en 2018, así que se estuvo trabajando durante varios años. La empezó ella, fue cambiando de forma muchas veces, yo iba leyendo y comentando, hasta que en un momento decidimos escribir juntos y así llegó a esta forma final. Pero sí, ahora estamos escribiendo otra obra y ella ha escrito varios capítulos de “Mafalda” también. Así que estamos muy bien con esta nueva sociedad.

Los cambios en la industria cinematográfica hicieron que desaparezcan las películas de presupuesto medio, y en muchos casos las comedias o las que apuntan a contar historias más chiquitas. ¿Te parece que el teatro sostiene entonces la posibilidad de contar ese tipo de historias?

En realidad si uno ve las propuestas de cine argentino, siempre hemos recaído más en las relaciones humanas. Un poco por afinidad latina a esos temas, y otro poco porque los grandes despliegues no nos eran permitidos por una cuestión presupuestaria. Hoy mismo creo que la mayoría de las películas tienen que ver con lo humano, aunque no tanto con la comedia, eso es verdad. Sí desapareció por completo la comedia disparatada, las de Porcel y Olmedo o el primer Francella. Adrián (Suar) sigue cultivando una comedia más a la americana. Pero no creo que no hagamos historias chicas, creo que es lo que más hacemos en cine. Propuestas como “El Eternauta”, o como “Vientos de agua” para decir algo que hice yo, son totalmente extraordinarias, excepcionales.

El adelanto de la serie de "Mafalda"

Estás trabajando en la serie de “Mafalda”, lo cual marca tu regreso a dirigir animación desde “Metegol”, pero en este caso con un de los personajes más icónicos de la cultura argentina.

El más icónico. Incluso en cuanto a la trascendencia internacional, Mafalda es sin dudas el más icónico por lejos. Diría que más que ningún otro personaje latinoamericano. Además, soy fanático desde la primera hora. Cuando salió el segundo librito yo tenía ocho años y desde entonces soy fanático. Así que la conozco muy bien, sé la responsabilidad que implica y lo que los fanáticos podríamos protestar. Espero cumplir las expectativas. Pero el trabajo de animación es mucho más lento, y hay que combinar mucho más lo humano con lo tecnológico. En esencia, es la historia de una nena con su familia y sus amigos. No hay fantasía en Mafalda, más allá de las que vive Felipe en su cabeza. Pero más allá de eso, es una historia muy asentada en la realidad cotidiana. Entonces, es como contar la sitcom de una familia con una tecnología de “La guerra de las galaxias”. Desde el punto de vista del director, la animación implica dirigir cada capítulo cinco veces: primero a los actores, después al animatic, después al layout, después a la animación. Es un proceso largo, pero estamos muy, muy contentos. Incluso la familia de Quino.

Siempre en tu trabajo es muy importante la dirección de actores, pero en este caso entiendo que aún más para poder transmitir lo humano y cercano de los personajes.

Sí, muchísimo. Una de las expectativas más grandes es saber quiénes van a ser las voces de los personajes. Nosotros no estamos haciendo la grabación de voces como se hace en la animación convencionalmente, que es que viene Tom Hanks y graba todas sus partes, después viene Tim Allen y graba todos los suyos, y después el montajista los mezcla. Nosotros estamos grabando las escenas con todos los actores y actrices juntos, con un boom como si fuese un rodaje. Eso permite interacción real, permite improvisación. Fue lo mismo que hicimos en “Metegol”. Eso se graba también en video para que los gestos, las caras, la interpretación de los actores se pueda trasladar después a la animación. Siempre manteniendo el estilo de Quino, por supuesto. Pero esto le da un realismo que hace que lo estés viendo y te olvides que son dibujos.

Después de tantos años de recorrido, ¿qué te sorprende todavía?

La verdad que hay dos cosas que, no diría que me sorprenden, pero que me siguen llenando de entusiasmo como cuando era chico. Una es una gran actuación, cuando veo a un actor agarrar por primera vez un texto que yo leí mil veces y le da vida. Y otra es cuando entro a un set, un decorado y no puedo creer lo bien que está. Es muy mágico. Yo cada vez que entro al set de “La ley y el orden” no puedo creer que sea un decorado, que del otro lado la pared es madera balsa. Esas dos cosas me siguen dando mucha alegría.