Sábado 17 de Octubre de 2009
“Es raro lo que pasa cuando vienen al teatro. La gente me ve y quiere reírse”, asegura entre divertido y resignado Humberto Tortonese, que hoy se presenta al frente de “El beso de la mujer araña”, a las 21.30, en el auditorio Fundación Astengo, Mitre 754. El intérprete, que en sus inicios estuvo ligado al under, encaró nuevamente una pieza teatral, luego de obras como “La voz humana” o “En familia”. Según contó a Escenario, la obra de Manuel Puig lo sedujo desde la primera lectura: “Tenés que estudiar y estudiar porque es puro texto. Iba a la radio, después a la tele, y a la mañana al ensayo. Ahí pensé, si no tengo un derrame ahora ya no lo tengo, pero me gustó y acepté”, confió Tortonese.
—¿Qué te interesó de esta obra de Manuel Puig?
—El año pasado estaba cerrando la actividad para este año. Quería seguir haciendo radio porque hace como diez años que estoy con la Negra Vernaci, “RSM”,con Mariana (Fabbiani); me habían ofrecido “El joven Frankenstein”. Ahí aparece “El beso de la mujer araña”. Era diciembre y no daba más. Lo leí y acepté sin dudarlo. Lo que tiene es que tenés que estudiar y estudiar porque es puro texto. Además iba a la radio, después a la tele, a estudiar y a la mañana ensayo. Ahí pensé, si no tengo un derrame ahora ya no lo tengo(risas).
—¿Te resulta complicado someterte al rigor de un texto y una puesta en escena, algo tan diferente a lo que hacías en la época del Parakultural?
—Son cosas totalmente distintas. Uno lo disfrutaba. Con Urdapilleta, o con Batato (Barea) en la época del Parakultural, hicimos obras y textos pero cada uno hacía lo suyo y ni siquiera ensayábamos. Ibamos y estrenábamos. Era como una cosa bastante kamikaze, pero funcionaba.
—¿Por qué funcionaba?
—Porque trabajar con ellos, aunque con estilos distintos, era confiar. Sabés que del otro lado hay alguien que va a hacer algo genial. Y Urdapilleta la verdad que es un gran actor que sigue sorprendiendo cada vez que hace algo. Hasta en los sketches con Gasalla decía que no sabía qué iba a hacer y cuando salía era un monstruo.
—Fue como una especie de tortura adaptarte al director, al texto, al actor...
—Lo que pasa es que tampoco fue tan así (risas) Yo estaba mal acostumbrado a trabajar solo o hacer lo que quiero. Pero un texto es muy interesante porque encontrás a alguien que responde.
—¿Desde dónde encaraste tu personaje para “El beso de la mujer araña”?
—Primero estudio el texto y después ver de ese texto qué sale de mí para ese personaje, un homosexual que cae por corrupción de menores en una cierta época. Pero que lo ves y decís que no es un depravado. Es un tipo que se acostó con uno y la madre del otro lo denunció. Es un soñador, que cuenta películas, al que el otro personaje intenta traer a la realidad. Y me identifico con ese tema del cuento porque siento que cuando estoy hablando la gente escucha.
—¿Creés que con el texto se pierde la idea del juego?
—La frescura la vas logrando. A mi me pasa de decidir entrar en una estructura y siento que puedo liberar también esa estructura. Me acostumbré a hacer lo que se me antoja pero está bueno probar otra cosa. No quiere decir que disfrute más o menos o que no vuelva a hacer lo otro. Lo bueno de cada año es poder cambiar y hacer cosas distintas.
—¿En televisión tenés algún tipo de limitación?
—Cuando me llamaron para lo de Susana, por ejemplo, que eran cinco minutos, yo propuse la diputada Gasconcha. Nadie me dijo nunca que no diga esto o aquello. Yo hacía lo que quería, sabiendo que era un programa de Susana a las 8 de la noche. Igual en la radio, con la Negra Vernaci, podemos decir lo que sea. En la tele también, con Mariana, en “RSM”. En realidad creo que cambió todo. La puteadas o lo que digas si es un poco fuerte, es según como lo digas.
—¿El público te pide que hagas lo que ya conoce?
—Eso pasa. Por eso también es raro lo que pasa cuando vienen a verme al teatro. La gente me ve y quiere reírse. Y en “El beso de la mujer araña” de podés reír un poco, pero no es para reírse. Y me pasó que se ríen igual. Y bueno, que se rían. Dar algo distinto a mi me gusta. Me pasó en “La voz humana”. De golpe te metés en un texto más grotesco, o totalmente distinto a lo que pensabas. Está bueno cambiarles los códigos, que puedan sorprenderse y que puedan ver otra cosa.