Domingo 03 de Mayo de 2020
Fiona Apple es la estrella pop más impredecible y esquiva de los últimos 25 años. Y la afirmación no es exagerada. Todo el mundo la conoce por (o ha escuchado alguna vez) su megahit "Criminal", de 1996, pero en el siglo XXI no fue fácil seguirle el rastro. Apenas un año después de "Tidal", su exitoso disco debut del 96, la cantante y compositora neoyorquina que era vista como la nueva gran promesa se subió al escenario de los premios MTV y dijo sin anestesia: "Este mundo es una mierda. No deberían modelar sus vidas de acuerdo a nosotros". Así nomás, ante un auditorio lleno y millones de televidentes. La industria lo tomó como una ofensa, sus colegas la miraron de reojo, y a partir de ahí Fiona Apple empezó a construir su figura, su talento y su singularidad a contramano de los mandatos del universo del pop.
En 23 años sólo editó cuatro discos ("Tidal"; "When The Pawn...", en 1999; "Extraordinary Machine", en 2005; y "The Idler Wheel...", en 2012). Y mientras tanto se iba revelando su compleja y dura historia de vida, tanto en sus canciones como en sus contadas entrevistas: víctima de una violación a los 12 años, relaciones fallidas, pozos depresivos y desórdenes alimenticios. En 2012 canceló una gira que la iba a traer a Sudamérica para quedarse cuidando a su perra enferma, lo que demostró que sus prioridades estaban lejos de las giras y los vedetismos de estrella.
Ahora, en plena cuarentena global, y como si se tratara de una paradoja, la mujer que siempre se llevó mal con los focos está en la mirada de muchos. Después de ocho años de ausencia, Fiona Apple salió de las sombras y editó su quinto disco, "Fetch The Bolt Cutters", un álbum que bate récords de buenas críticas.
Medios de Inglaterra y EEUU como la (exigente y decididamente odiosa) revista Pitchfork, The New York Times, The Guardian o The Independent calificaron al nuevo disco de Apple con un diez o cinco estrellas, el máximo puntaje. Hay que aclarar que la crítica de discos no está pasando por su mejor momento y es bastante condescendiente, pero que un álbum se lleve tantos dieces se da muy de vez en cuando.
¿Está sobrevalorado? La pregunta que flota en el aire (y en el ambiente enrarecido de las redes sociales) es si "Fetch The Bolt Cutters" está sobrevalorado. O, como decimos en estas pampas, si está inflado. Y una respuesta justa sería que no, aunque la valoración máxima podría bajar a un brillante 9. "Fetch..." es un disco intenso que tiene mucho para decir, algo inusual en estos tiempos tan pasteurizados. Es original desde su estructura rítmica y también desde el enfoque de las letras, tan crudas y precisas que a veces uno siente que debería escucharlas a escondidas.
Fiona Apple lo grabó en su casa de Venice Beach (California), con la compañía de tres músicos (Amy Aileen Wood, David Garza y Sebastian Steinberg) y utilizando para las percusiones todo tipo de elementos caseros, hasta utensilios de cocina. El título (que suena extraño) se refiere a una escena de la serie "The Fall", en la que Gillian Anderson es una detective que investiga crímenes sexuales. La frase significa "traé las tenazas", y la detective la pronuncia antes de abrir una habitación en la que una víctima había sido torturada.
Ahora parece que Apple se da esa orden a sí misma, la de cortar las cadenas y salir de esa suerte de cárcel mental en la que todos alguna vez nos recluimos. Según ella misma contó, el hilo conductor del álbum es sobre "no tener miedo a hablar". Y realmente da en el blanco porque "Fetch The Bolt Cutters" es liberador y catártico.
Ritmo, dolor y sarcasmo. El disco arranca con "I Want You To Love Me", un clásico instantáneo. Este temazo de amor deseado sienta las bases musicales del álbum: pianos discordantes, la voz como instrumento (transmitiendo las emociones más disímiles) y por sobre todo el ritmo como una constante, como la variable que hace que algunas canciones suenen pegadizas y definitivamente pop ("Shameika", "Under The Table", "Ladies") y otras tengan matices más experimentales ("Relay", "For Her", "On I Go").
El universo sonoro del disco no es completamente extraño para los fans de la cantante. Hay desde pop de cámara hasta jazz, soul y algo de blues, pero todo está pasado por esa malla de percusiones —con timbales, campanas y baterías digitales— que por momentos, junto al spoken word, la acercan incluso al hip hop.
La fuerza expresiva del ritmo, sin embargo, no sería tan relevante en este caso si no se complementara con las letras. A los 42 años, Apple se permite hablar abiertamente sobre la depresión, el abuso sexual, el machismo asfixiante y el bullying. Pero no lo hace desde la angustia o la melancolía. En "Fetch The Bolt Cutters" hay rabia y dolor, pero también aparece el sarcasmo y cierta sabiduría zen que llega con los años.
En la perturbadora "For Her", Fiona vocifera: "Buen día/ me violaste en la misma cama en que nació tu hija". Y a uno se le hace un nudo en la garganta. Pero en "Relay" consigue reírse de los influencers y dispara: "Me molesta que presentes tu vida/ como un maldito folleto de propaganda". "Cosmonauts" empieza con un gran retrato del fracaso de la monogamia: "Tu cara ya me incendia la paciencia/ Lo que sea que hagas va a estar mal/ No hay tiempo para interrumpir la detonación". Pero en "Ladies" les da la bienvenida a las actuales mujeres de sus ex: "Sé mi invitada", les dice, y hasta les ofrece usar un vestido suyo que quedó olvidado en la casa de su ex pareja.
Mucho antes del #MeToo, antes de que se hablase de empoderamiento femenino, Fiona Apple se animó a romper esquemas en una industria machista, controladora y previsible. Ahora volvió para expresar —con una potencia envidiable— que se puede salir de esa jaula y vivir para cantarlo. Como dice el tema del título: "Traé las tenazas/ estuve aquí por demasiado tiempo".