Jueves 02 de Noviembre de 2023
Francois Ozon regresa sobre uno de sus temas favoritos en “Ese crimen es mío”: las mujeres. En este caso lo hace nuevamente a través de un guión policial que parece heredado de las intrincadas tramas de Agatha Christie, sólo que en este caso le suma humor, como lo hizo en “Ocho mujeres”, aunque ahora añade el elemento central del discurso feminista.
La acción transcurre en Francia, en 1935, y todo comienza con una mujer joven huyendo de una mansión. Se trata de Madeleine Verdier (Nadia Tereszkiewicz), una actriz que acaba de rechazar violentamente a un productor teatral que intentó darle trabajo a cambio de sexo.
El episodio es el puntapié para un film narrado al ritmo del cine mudo (hay que recordar que en 1927 se estrenó la primera película comercial sonora), con una producción y una puesta en escena obsesiva con los detalles de la moda de aquel momento, el art-déco; un muy buen equipo de actores y actrices, entre las que se destaca Isabelle Huppert en el rol de Odette Chaumette, una rencorosa exactriz que perdió su gloria cuando apareció el sonido pero nunca superó su divismo.
Madeleine vive en una buhardilla con su mejor amiga Pauline Mauléon (Rebecca Marder), una joven abogada desocupada. Juntas escapan como pueden de las deudas y comen lo que pueden, hasta que una idea atrevida hace que se desencadene una serie de acontecimientos que la vinculan directamente con la muerte del productor de un balazo en la cabeza.
La estrategia de Pauline en el juicio que enfrenta Madeleine, que acá no será revelada, genera una reflexión nada solmne y por momentos graciosa sobre el feminismo, el machismo y ambigüedad sobre el significado de la palabra justicia.