Jueves 21 de Octubre de 2010
Alberto Bono, destacado pintor y bandoneonista de la ciudad, murió ayer, a los 67 años, víctima de una prolongada enfermedad. Hasta el fin de sus días le entregó toda su pasión al arte, desde donde edificó un camino plagado de reconocimiento y placer personal.
Nacido en Rosario el 9 de enero de 1943, Bono se inclinó desde muy joven por diferentes expresiones artísticas, como la música, el teatro y la pintura. A los 14 años debutó como bandoneonista en la Confitería Cifré, punto de encuentro de importantes artistas y personalidades de la vanguardia local.
Fue en el Teatro Nacional de Buenos Aires, donde conoció al maestro Luchita, prestigioso pintor que lo introdujo en la pintura e inició una serie de exposiciones nacionales e internacionales que confirmaron la calidad de sus obras.
En 1984, se trasladó a Miami, invitado por el pintor argentino Alberto Cimolai, donde sus obras son requeridas por coleccionistas e instituciones, muchas de las cuales integran colecciones privadas de países como Francia, Inglaterra, Italia, Japón, Canadá, Estados Unido, Brasil, Chile y Uruguay.
Bono representó a la Argentina, en 1993, en el Festival Mundial de Drumonville (Canadá) como músico invitado del Grupo Folclórico El Cimarrón. Al año siguiente se afincó en La Coruña (España) y al poco tiempo el ayuntamiento de esa ciudad lo contrató como director del Grupo Argentino de Tangos para las Fiestas de María Pita 95, en los Jardines de Méndez Núñez.
Durante 2002 se presentó en Rosario la obra teatral "No sé cómo llamarte" (tangovisión de un bohemio), basada en su vida, en la que actúa de sí mismo. Allí interpretó tangos con el bandoneón y realizó una pintura en vivo, consolidándose como un artista integral y multifacético.
Su versatilidad como intérprete lo hizo lucir en los escenarios junto a la directora de music-hall Pecky Land y al mando de Alberto Bono Quinteto de Tango Argentino. El pausado caminar con su típica boina, la sonrisa cálida, sus pinturas y su amor por el bandoneón serán inolvidables.