Como cada 26 de noviembre en Argentina, se conmemora el Día del Humorista en honor al nacimiento del escritor rosarino
Miércoles 26 de Noviembre de 2025
Este 26 de noviembre se celebra el "Día del Humorista" en Argentina. La fecha de celebración es en reconocimiento del nacimiento de Roberto "Negro" Fontanarrosa, considerado uno de los máximos exponentes en la profesión. El legado del escritor trasciende fronteras y sus obras siguen perdurando en el tiempo, ya que sus cómicas historias se transmiten de generación en generación.
Nacido en la ciudad de Rosario, el dibujante creador de emblemáticos personajes como "Inodoro Pereyra", su perro Mendieta y "Boogie el aceitoso" se caracterizaba por realizar cuentos con un sentido del humor único, en el que mezclaba la crítica social y política con el lenguaje popular de los argentinos.
El novelista se destacó por diversos cuentos como "El mundo ha vivido equivocado" (1982), "No sé si he sido claro" (1986), "El rey de la milonga" (2005), entre otros. El artista, fanático de Rosario Central, falleció el 19 de julio de 2007 en su ciudad natal debido a un paro cardiorrespiratorio, luego de atravesar varios años de lucha contra la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).
El discurso de Fontanarrosa sobre las malas palabras
La figura del humorista gráfico sobresalía del papel, sus frases inolvidables siguen vigentes hasta hoy en día. Uno de sus célebres discursos fue en noviembre de 2004 durante el Congreso de la Lengua Española llevado a cabo en Rosario, donde decidió hablar acerca de las llamadas "malas palabras" y una reconsideración de su uso cotidiano.
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El escritor rosarino planteó sobre este tópico: "La pregunta que ahora me hago es por qué son malas las malas palabras. O sea, quién las define. Por qué, qué actitud tienen las malas palabras. ¿Le pegan a las otras palabras? ¿Son malas porque son malas de calidad, o sea, ¿cuándo uno las pronuncia se deterioran y se dejan de usar? ¿Tienen actitudes reñidas con la moral? Sí, obviamente. Pero no sé quién las define como malas palabras. Tal vez sean como esos villanos de las viejas películas que nosotros veíamos que en principio eran buenos pero que la sociedad los hizo malos. Tal vez nosotros al marginarlas las hemos derivado en palabras malas". Además, agregó: "Las malas palabras reflejan una expresividad y una fuerza que difícilmente las haga intrascendentes".
Por otro lado, señaló como se utilizaban dichos términos en su hogar: "No es que haga una defensa incondicional, y yendo al tema, quijotesca de las malas palabras; algunas me gustan, otras no me gustan. Al igual que las palabras de uso natural, ¿no? Yo me acuerdo que en mi casa mi señora madre, mi vieja, no decía muchas malas palabras, era correcta. Es correcta. Mi viejo, en cambio, era en ese aspecto lo que se llama, o lo que se llamaba, un ‘mal hablado’. Que es una interesante definición, de alguien que es ‘mal hablado’, cosa que no era mi viejo, que se expresaba muy bien pero como era un tipo que venía del deporte y del básquet e iban a jugar a esos barrios terribles, entonces realmente usaba muchas malas palabras".
También, subrayó lo especial que tienen estos términos: "Hay palabras de las denominadas malas palabras, que son irremplazables. Por sonoridad, por fuerza. Algunos incluso por contextura física de la palabra. No es lo mismo decir que una persona es tonta o zonza que decir que es un pelotudo. Tonto puede incluso incluir un problema de disminución neurológica realmente agresivo. Y aparte hay una cosa, y a eso voy con lo de la contextura física: el secreto de la palabra pelotudo, ya universalizada, no sé si está en el Diccionario de dudas, me voy a fijar".
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Para finalizar su intervención en el congreso, planteó que se revise el uso de las malas palabras: "Voy cerrando después de este aporte medular que he hecho al lenguaje y al Congreso. Lo que yo pido es que atendamos a esta condición terapéutica de las malas palabras. Mi psicoanalista dice que son imprescindibles incluso para descargarse, para dejar de lado el estrés y todo ese tipo de cosas. Lo único que yo pediría -no quiero hacer, repito, una teoría ni nada- lo único que yo quería reconsiderar la situación de estas malas palabras. Pido una amnistía para la mayoría de ellas, vivamos una Navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje, que las vamos a necesitar".